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miércoles, septiembre 02, 2009

Pausa

Nos tomamos un descanso.

martes, septiembre 01, 2009

Fósiles (para una antología de lecturas de verano)

Mira al suelo y sigue mirando al suelo. Mira las piedras del camino, ya tan remiradas por caminantes y paseantes que han ido esquilmando las terebrátulas y los belemnites.
Cuando se va en coche por el camino, se deben remover algo las piedrecillas y eso supondrá una esperanza para el caminante, que camina poco y despacio porque va mirando el suelo y se para lo que se dice cada dos por tres, pero sin haber encontrado -lo comprueba cuando se agacha- la piedra que fue animalejo del fondo marino.
Sin haber encontrado nada, piensa entonces en si la piedra fue animalejo o qué era lo que es ahora la piedra cuando el animalejo era sensitivo, a medias duro y a medias blando, y piensa que de esto no ha quedado nada, y menos en ese camino que se interna en el pinar, que espera al caminante como un bosque petrificado.

Tomado de Anton Geesink González, No podemos caminar, Murcia, Como del rayo, 2001.

lunes, agosto 31, 2009

Nulla dies (para una antología de lecturas de verano)

Hoy he leído páginas de dos libros, descuidadamente, y he mirado los periódicos. Por eso no voy a citar a ningún autor de los que suelo citar. Los libros son de Rikki Ducornet (en la traducción que leo pone "ostia" repetidas veces con el consabido significado: nada lamelibranquio ni portuario, aunque lo primero sí por contagio) y de Littell, sobre ese amante de la Costa del Sol llamado Degrelle.

domingo, agosto 30, 2009

Competición (para una antología de lecturas de verano)

Encontró algunas ocupaciones singulares, únicas, inconmensurables, que propendían, por tanto, al sueño. Así se convirtió en un rey al que nadie se comparaba. No podía perder. Ni ganar. Y fue dejando de existir.

Tomado de Gustavo Grandmontagne, Las verdades del barbero, Madrid, La biblioteca del Gólgota, 1976.

sábado, agosto 29, 2009

Viudo (para una antología de lecturas de verano)

El niño no deja de jugar a la pelota, pero le gusta que aquel hombre le pregunte si es buen futbolista o si prefiere el frontón. El niño piensa que el hombre no le había visto nunca porque él, el niño, no sabe quién es.
Quizá el hombre intenta una pregunta sobre si el niño va a seguir jugando o si va a dejar de jugar. No suele subir al pueblo y ha dado la vuelta a la iglesia porque no puede esperar en la puerta al otro coche, que por alguna razón se retrasa. El niño, animado por el interés del adulto, un interés que ha interpretado mal, vuelve a dar patadas a la pelota. La pelota rebota en el frontis, que es el muro norte del templo, una vez y otra. El hombre pudiera querer decirle otra cosa, pero se da la vuelta. Se vuelve con sus pantalones, sus zapatos negros, su americana y su camisa blanca. Resignado, desairado por los últimos días o los últimos meses más que por el niño. Quizá eso es lo que siente, haber sido víctima de un desprecio íntimo y al tiempo público. Su único traje y no lleva cinturón. Ahora su casa en la carretera no abrirá la puerta pese al cartel de Coca Cola. Como tampoco en los últimos meses. Sigue nublado, se adivina alguna gota sobre el cemento. Ahora apresura el paso y deja la plaza. El coche negro está por fin a la puerta de la iglesia.

Tomado de José Antonio Pérez Gómez, Mis cosas del pueblo, Valladolid, Castilla Plena, 1968.

Reglas (para una antología de lecturas de verano)

Al principio pensó que aquellos jugadores desconocían las reglas o que, conociéndolas, habían optado por una variante heterodoxa. Pero pronto se dio cuenta de que todos, en aquel lugar y en otros, obraban del mismo modo. Buscó referencias y todas les daban la razón a los demás. Se la quitaban, no a su memoria, sino a él mismo, quien –por cierto- había sido un jugador de alguna relevancia.
En su casa no encontró sus antiguos libros sobre la materia. Nada en una primera visita a la biblioteca; acudió a la hemeroteca, pero ningún documento le devolvía a lo que aún creía la realidad, o por lo menos no lo hacía de manera explícita, contundente. No podía salir de allí con documento alguno que mostrar a todos sus tan lejanso congéneres, tras haber convencido al archivero en primer lugar.
Lo que es peor, se tropezó con alguna literatura confabulatoria que casi le hizo construir una barroca conspiración y casi le asegura su correlativa importancia personal. Estuvo, en fin, a punto de abandonar y dar por buenas las reglas nuevas: al fin y al cabo...
Sin embargo, en el último momento supo que la verdadera lección de todo el asunto no era una que alimentase alguna paranoia venial o mortal, que apuntase a la improbabilidad como único criterio de auténtica certeza, que arguyese el contrato como fundamento tácito o explícito de las reglas y las normas. La verdadera lección era que ahora él podía dar a conocer las antiguas reglas y convertirse en un innovador para siempre recordado de un juego tan popular y, hasta entonces, de tan rígido y tradicional reglamento.

Tomado de Juan Mari Arespacochaga Quesada, Mira tú por dónde, Santander, Ediciones del Séptimo Pereda, 2002.

jueves, agosto 27, 2009

A contratiempo (para una antología de lecturas de verano)

Durante algún tiempo celebramos nuestra habilidad para no coincidir en días y horas, posiblemente tampoco en diversiones, con la mayoría inmensa de viajeros, turistas y veraneantes. En ocasiones, celebrábamos lo que sólo considerábamos suerte, la de poder escoger o ser escogidos por días de carreteras más tranquilas y mesones menos frecuentados.
Después las cosas cambiaron. Y no sabemos si empeoró nuestra suerte o si mejoró la de la inmensa mayoría, quiero decir, si ésta empeoró un poco más. A veces discutimos qué es peor: la gran pérdida de unos pocos o la pequeña de lo muchos. Nos ponemos de acuerdo en que no podemos sumar a los unos y a los otros para hacer un todo y comparar. Por precaución, hemos mantenido esta conclusión secreta, para nosotros sólo.

Tomado de Joan Martínez Oliver, Carreteras del Secundario, Lleida, Los libros de los que se van, 2001.

miércoles, agosto 26, 2009

Extraordinario (para una antología de lecturas de verano)

Resuelto a protagonizar un acontecimiento extraordinario, y más cuando ya concedía que él era un personaje ordinario, tanto que “personaje” era término que sonaba incongruente si le era aplicado, resuelto a que el relato de sus hechos se singularizase entre otros relatos, recorre el camino de todos los días y no hace nada distinto de tantos otros hombres y mujeres ordinarios. Porque sólo de ahí puede salir algo extraordinario, descartada la vulgaridad del acto heroico, psicopático, escandaloso, descartada la performance y el toreo de salón a los autobuses urbanos

Tomado de Antonio Urruti Uría, ¿Por qué nadie ha escrito su historia?, Bilbao, Gil Bert Editor, 2005.

martes, agosto 25, 2009

Balneario (para una antología de lecturas de verano)

Extraídos del catálogo los maniluvios -sólamente tachados de un ejemplar- , el gerente se muestra satisfecho. Sin embargo, no sabemos si el gerente sabe qué es un maniluvio o no lo sabe. Alguien le ha de recordar que la propuesta ha de pasar por el Consejo y que nada puede enviarse a la imprenta sin la aprobación de éste. La letra de los estatutos, si vamos a ello, no dice nada en cuanto a la página web. Por ahí, quizás...
Además, si se acaba el material impreso, hay que solicitar una nueva y buena remesa. Un pequeño error material, tipográfico, baladí, no convertiría en inútiles las decenas de miles de folletos, tinta fresca y hermosa. Las explicaciones hablarían de inevitables azares, nada de decisiones, apenas responsabilidades definidas. Está hallada una manera de lavarse las manos.

Tomado de Gustavo González Gili, Albornoz blanco en pabellón escarlata, Valladolid, Ediciones Simples,2001.

lunes, agosto 24, 2009

La corte de los gintonics (para una antología de lecturas de verano)

De abuelos y bisabuelos heredaron, a través del servicio –fiel guardián de tradiciones y naftalinas– o de algunos frailes docentes, con mayor probabilidad e intensidad –y eran usos que habían adquirido la espontaneidad de aquella distinción de mayor eficacia etológica– de coetáneos a los que a su vez, siga usted aquí que yo sigo con otra cosa; de todos ellos, digo, el saber esperar en los veranos eternales al rey o a la reina y a una colección de figuras más que menos afectadas de carcoma, que eso es el suave quiliasmo de las clases se dice que pudientes y tan cercanas a la podredumbre de las provincias de templada costa.
Se fueron, se fueron todas las estantiguas y no volvieron. Quedaron los usos que dijimos y muchos años después asistiremos a la misma reunión que hoy nos acoge, aunque hayamos entrado como si fuéramos la sota de bastos y heraldos de una Visita que llegará, nadie lo duda.

Tomado de Ambrosio Cautelar, Del Eo al Urumea y tiro porque me toca, Zaragoza, La Canaleta del Bul, 2005.

domingo, agosto 23, 2009

Perspicacia (para una antología de lecturas de verano)

No dediqué esos años a una obra para la que algunos pudieron considerarme capacitado. Concedamos que fuera así, añadamos todos los argumentos posibles y, aún más, añadamos algunos traídos del extranjero e incluso del extrarradio. Subrayemos que yo era hasta tal punto el más capacitado que era como si fuera el único que lo estaba: que es lo mismo que advertir que la palabra "capacitado" tendría dos distintas significaciones. ya fuera predicada de mi o del resto del mundo.
¿Cómo ser libre entonces si no negándome a elaborar la obra a la que estaba llamado? Un acto gratuito que, sin duda, me salió caro.

Tomado de Antonio Urruti Uría, ¿Por qué no he escrito ninguno de los libros que no he escrito?, Bilbao, Gil Bert Editor, 2009.

sábado, agosto 22, 2009

Tiro tenso (para una antología de lecturas de verano)

Hablar en tiro tenso, auqnue no tengamos muy claro el asunto. Abstenerse de parábolas, hemos de suponer. Sin embargo, al escribir esto, no sé si se trata de tiro tenso o al contrario, sublimado de algún modo extraño e inescapable.

Tomado de Antonio Urruti Uría, ¿Por qué no he escrito ninguno de los libros que no he escrito?, Bilbao, Gil Bert Editor, 2009.

viernes, agosto 21, 2009

C'est la fin de l'été (para una antología de lecturas de verano)

Las tardes se enmustiecen y no va uno a salir de casa para ver qué está floreciendo heraldo del otoño. La actividad física, las empresas de escritorio y los buenos propósitos del pequeño año de agosto quedaron atrás y las tardes y las mañanas disminuidas por la pereza no nos dejan ni salir de casa.
Mi abulia espera aún de un 24 de agosto yo te conocí un nuevo milagro del invierno del mes de agosto, voluntad e impulso, pero aun el frigorífico está muy lejos... la luz es horizontal y da densidad al monte de allá enfrente, quita ligereza a todo, excepto a aquellos buenos y portentosos propósitos de los que hablamos. Cuando llegue septiembre, las hojas sean llamas, caigan luego en su noviembre funerario que decía el otro poeta, cuando al año de agosto, que es the second cruellest, no le queden otros melocotones -Calanda valga, blándulo idus- que aguardar a otro año de junio con sus cerezas o lo que sea menester.

Tomado de Alonso Yáñez, Las cuatro estaciones de la vía 12, Madrid, Libros del Saúco, 2008.

jueves, agosto 20, 2009

Fundamentos (para una antología de lecturas de verano)

Se sentó en el sofá y se colocó el portátil sobre el regazo, la espalda muy hacia atrás. Para hacer el encaje de bolillos se pone entre las piernas el mundillo del modo que usted ve. Escribía o rellenaba un formulario, como se dice. Su posición invitaba a la melancolía en que desemboca todo, y contradictorio, ejercicio de la pereza. Descubrimos así la esencia de ese incrementadamente melancólico, y así también contradictorio, ejercicio. Rellena otro formulario. Multiplica las actividades irrelevantes y que están hechas para no distraer al ejecutante de su propia falta de concentración, que es un oxímoron en ejercicio.
Se va reclinando cada vez, sus fémures son un voladizo y lo es su trasero. La cabeza parece nacer del pecho. Se entrega a jurisprudencias vagas, que decía el poeta. A jurispendecias, que no sé si es un oxímoron en ejercicio o una redundancia.

Tomado de Antonia Franco Maisonave, El club de los solitarios busca sedes, Zaragoza, Libros del pájaro chogüí, 2009.

miércoles, agosto 19, 2009

Siesta de un fauno (para una antología de lecturas de verano)

El bochorno, el bochornazo. Y lo vencemos poniéndonos mitológicos , variedad escalas intermedias. Pero la impedimenta no está hecha de los consabidos elementos botánicos y sí de la llamada sobremesa televisiva y de un ordenador que abunda en ventanas y pestañas múltiples. Y ésta que llamamos impedimenta ve sus partes, que son las dichas, conectadas del mismo modo que los sueños y su lógica, que –como se sabe, como se sabe, que es decirlo todo– es apolínea y no dionisíaca. Con lo que se nos jode la siesta y el tocar la flauta, por no decir la lira.

Tomado de Federiquito Noche, Apósitos y aforismos, Turin IA, Books of the Whispered Horse, 2001.

martes, agosto 18, 2009

Pesado (para una antología de lecturas de verano)

Alguien, por creerse pesado, por hacer ley de aquella ocasión en que le llamaron pesado, se convierte en una persona que rehúye hablar, que pasa al extremo opuesto de este eje conductual: el que jalona la coincidencia de las propias intervenciones verbales con los intereses de los circunstantes, definidos, claro está localmente y en dirección nornoroeste.
Este eje, que anhela y propone la mediocridad dorada de su baricentro, es un artefacto que oscila y se desbarata cuando los demás evitan dirigirle la palabra al personaje taciturno, dirán algunos ,que apenas habla, que casi ni contesta y que nunca dice nada que nos interese a todos, o a los que estamos por allí.

Tomado de Alicia Milicia, Espejo de los ceros en conducta, Sevilla, Libros XX, 2004.

lunes, agosto 17, 2009

Severos gatos (para una antología de lecturas de verano)

Los gatos están tranquilos o quizá perezosos. Los gatos y sus correlatos en madera o pintados esperan la conclusión de la tarde, que traerá lluvia y la rara abulia de la última hora. Después de la lluvia será el tiempo de las expediciones y los caminos secretos que comunican patios traseros y la misteriosa frontera entre el poblado y el bosque, que nunca detiene al zorro y no siempre al jabalí, que transmite el ladrido del corzo o el cencerro equívoco de la vaca o del solípedo.
También están las yeguas hermosas, como la que hemos visto desde la carretera, la cabeza de su potrillo, detrás de ella, la convertía por un momento en una suerte de, digamos, machorra que distrae al conductor un segundo. El conductor frena al llegar y sorprende a un gato que recorre los territorios que conoce y que gusta de calentarse bajo los vehículos. Se calienta peligrosamente, incluso en este verano en que los gatos miran al cielo.

Tomado de Juan González Moreno, Meditaciones casi metafísicas, Logroño, Libros Peleones, 2009.

domingo, agosto 16, 2009

Siesta (para una antología de lecturas de verano)

Las siestas se clasifican según procedimientos que abusan generalmente de la sinestesia favorecida por la somnolencia y las exigencias sutiles o no tanto de la digestión. Hay siestas breves y efectivas (comentan algunos tratadistas), hay siestas que se prolongan y de las que cuesta salir; hay también siestas a tramos en las que los amodorramientos intensos y los despertares a medias se suceden a un ritmo tan lento que recuerdan a los llamados cánticos de las ballenas azules, o de algunas de sus primas hermanas.
Hay muchos otros tipos de siesta, desde la del pastor a la del escribiente, la que no se nota apenas y la que acumula la consistencia del pijama y el orinal, mejor o por lo menos más tradicional si éste es de barro.
Hay siestas interrumpidas por una guerra o por la noticia de un parto, las hay acompañadas de la incongruente música con que nos obsequia algún vecino y hay siestas en que soñamos que la motosierra del mismo vecino es alguna obra de Satie interpretada por un gaitero con un regusto extraño y espeso en la boca.

Tomado de Régulo Gómez Güemes, El derecho a la cereza, Madrid, Libros de los tres amantes, 2009.

sábado, agosto 15, 2009

Líquenes (para una antología de lecturas de verano)

Los líquenes parecen una contradicción en este verano más bien reseco, como un alimento crístico de Zurbarán, que dijo Valverde. Y lo parecen hasta recogidos del suelo, estantiguas ya en su arborificación geométrica y decorativa.
Hay más contradicciones en este verano nada singular, o tan singular como todos. En cuanto a la simbiosis, de la cual el líquen es prototipo preciado, las nuestras son seguramente más precarias. Así, éste es el verano en que hemos abandonado definitivamente el tomate raf y hemos vuelto al tomate de nuestros padres, mientras nos interrogamos por esa otra cuestión de nuestro tiempo, tomato's fault en su rama dorada de manzana de oro.

Tomado de Ricardo Guisasola, Los días y las ollas, Donosti, Ur eta Lur, 2009.

jueves, agosto 13, 2009

The stuff we are made of (para una antología de lecturas de verano)

El escritor Rudy Rucker relata en su blog los bienintencionados consejos que da a los que llama "emerging writers". Destacamos el siguiente párrafo:

Write what you love. Let the market follow you instead of the other way around. Use your whole self. Don’t hold back, don’t be embarrassed to write wild. Push for publication. If you can’t sell, enjoy it anyway…and consider starting a webzine with some friends. Writing is self discovery. Believe in the Muse.

Muy poético, letánico y más tetánico que letárgico. Nos atrevemos a recordar que lo que uno hace no es eso de "use your whole self". Lo que uno hace según los estudios neurománticos más recientes es "to use your whole shelf".

Nobleza oblea (para una antología de lecturas de verano)

¿Qué fue del helado de corte, tan venido a menos? Hoy nos preparamos unos en casa con barquillo algo revenido. Pero cada año es más difícil ver a la gente por la calle con esa alternativa al cono con sección esférica adosada. El corte es incomodo y chorrea por más lados que el cucurucho, pero posee una elegancia arquitectónica que nos recuerda a un Scarpa y, tambien, a los nichos prefabricados. O a banderas en el polvo, en antiguos veranos, tan imaginarios como muchachas que se disolvieron en la brisa, saliencia y pregnancia.

Tomado de Roberto Sicilia, Prosas sólo levemente pornográficas, Valladolid, Ediciones del cuento, 1992.

miércoles, agosto 12, 2009

Ajedrez frontón (para una antología de lecturas de verano)

Destino de todos los juegos y de todos los jugadores: convertirse en un juego solitario o en un juego contra el mundo, que es nada y te deja solo. Confabulación en la que cooperan los periódicos, Internet y sus jugadores anónimos, los ordenadores y el tipo que tenemos enfrente en el café.
Y así es que bien puede afirmarse que lo que nos une es lo que nos separa y para siempre, un arcano que a decir verdad no sé cómo lo he descubierto.

Tomado de Jorge Valls, Contra el reloj, Valencia, Ediciones de la Torre Solitaria, 2009.

martes, agosto 11, 2009

Guionistas sin son (para una antología de lecturas de verano)

Situaciones que un mínimo conocimiento del mundo - el que aporta la lectura habitual del Marca, no más- revela como absolutamente inverosímiles, claves absurdas que no resisten la prueba de la materia de que están hechas, sobrecarga de tramas secundarias a la espera del cometa que acabe con ellas.
Y aun quitando todo eso, inverosimilitud intrínseca que se desenvuelve como una sintaxis incoherente, que danza al son de tres gramáticas contradictorias y una caja de ritmos.
Cosas que uno dice después de ver alguna serie española en televisión, con grave riesgo de recaída en el bruxismo agudo. Esto pasa por no estar leyendo, ya fueran las lecturas incontrastables de este verano.

lunes, agosto 10, 2009

Aprisco (para una antología de lecturas de verano)

Establecimiento tras establecimiento, armonía preestablecida, niegan que el producto siquiera exista. Concede alguno que quizá sí, en el futuro, pero sólo en otro país hasta al menos otro futuro aún más indefinible.
La firmeza, la gran virtud del mentiroso, reluce constante como el bronce que va del brazo al puño y a la espada. También es la virtud de quien cierra el mercado y se queda contento, apenas rozado por la leve inquietud de tener que mentir al cliente aún no reducido.

Tomado de Ricardo Paradoja, El comercio en los burgos viejos, Madrid, Pignatelli, 1965.

domingo, agosto 09, 2009

Basura (para una antología de lecturas de verano)

Indiana Jones, En busca del arca perdida, en un canal de televisión. Basura cinematográfica de gran éxito, basura barrida de algunas películas de hace tiempo y de bien conocida literatura barata, componentes que no garantizan que el resultado sea basura, pero aquí la consecuencia funcionó, como es habitual en el cine de Steven Spielberg, quien es un maestro en el tratamiento dizque artístico del lugar común.
Creo recordar que en esta cinta había soldados alemanes en Egipto en los años treinta y se rapiñaba las riquezas de más o menos fingidos pueblos primitivos y se hacía exhibición de racismo iconográfico y narrativo de primera división. Sobre esto no parece que hayan protestado demasiado los que suelen protestar por estas cosas. No sé si será sólo por el alibi que aportan el pastiche, la parodia y la chorrada metanarrativa. Tampoco han abundado los comentarios críticos acerca de que, y puesto que los norteamericanos a cuyas peritaciones y peripecias asiste el espectador boquiabierto andan preocupados por ridículas conjeturas esotéricas, cabalísticas y camelísticas, la película viene a reproducir la paradoka borgiana de “Deutsches Requiem”, sólo que antes de que la guerra concluyera y también comenzará. A saber: que la memez y la maldad nazis se habían adueñado ya de sus futuros, o ya presentes, antagonistas.:

Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima. ¿Qué importa que Inglaterra sea el martillo y nosotros el yunque? Lo importante es que rija la violencia, no las serviles timideces cristianas. Si la victoria y la injusticia y la felicidad no son para Alemania, que sean para otras naciones. Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.

Borges hablaba de la maldad. A Jones le conviene más esa forma ulterior de la maldad que es la memez.


sábado, agosto 08, 2009

Tanqueta (para una antología de lecturas de verano)

La tanqueta (la avioneta, la camioneta, la bicicleta) y su aroma mussoliniano y de capitalismo de baja estofa, como una genialidad condenada no antes de que el interesado haya huido con el dinero. La tanqueta como el hombre de flores de la infantería mecanizada y de la caballería de caballitos de madera. La tanqueta y los motores gripados y que no suben la cuesta si van municionadas, las tanquetas se entiende. O una guerra de juguete en un país en el que se muere con igual eficacia y afición.

Giovanni Sordo, Animo sordo, Ancona, Edizioni monarchice, ma non troppo, 2009.

viernes, agosto 07, 2009

Autobiografía de los demás (para una antología de lecturas de verano)

Tenemos ese tipo de autobiografía en que el narrador narrado se muestra firme como una roca y explica su historia sobre el paisaje de las debilidades y las faltas de sus prójimos. En el mejor de los casos, las propias son sólo y nada menos que graciosas ocurrencias o acertados hábitos que engrandecen al personaje.
Otros autobiógrafos nos parecerán más ecuánimes pues no poblarán el mundo de las torpezas de todos sus habitantes menos de uno. Sin embargo, puede haber más sinceridad en las autobiografías del primer tipo, una franqueza que no sólo ahorre hipocresías convencionales, sino que igualmente muestra y pone en práctica lo que es el género autobiográfico: una reconciliación con nosotros mismos como si existieran motivos para ello, es decir, una epifanía del olvido, una apología con fuegos artificiales suspendidos y la orquesta a salvo de la lluvia.

Joan Saladrigas, Apuntes previos para una autobiografía con picatostes, Barcelona, Tomahawk, 1987.

jueves, agosto 06, 2009

Las claras birras (para una antología de lecturas de verano)

Una fiesta amiga y blancaherreriana. ¿Sabe usted lo que le digo? ¿Sabe usted a qué confusiones da lugar, y por definición, una fiesta blanca y herrera? Bien, a lo que íbamos. Hacía frío y la cerveza nos daba más frío. Es lo que tiene agosto. Y no necesariamente en Somorrostro, que añadiría Luis Manuel si Luis Manuel fuese otro.
Es posible que sobre la niebla que lame las lomas, que sobre las nubes, las silenciosas lágrimas de San Lorenzo interpreten en la sinestesia de la memoria el primer single, cree Luis Manuel o creería si Luis Manuel fuera otro, de Radio Futura, pura grima. Pero los años se han deslizado en su cuesta abajo como la niebla que decíamos que lame los pinares. Renublado de verbena. Y, si despejado, sin Régulo y sin Spica. Al menos, a estas horas, cuando sobre la gravilla otra lágrima tuya.

Tomado de Senén Severo Senosiáin Guardiola, Mis verbenas sin pasodoble, Pamplona, Miralasaméscoas libros, 2007.

miércoles, agosto 05, 2009

El turista inglés (para una antología de lecturas de verano)

Se ha instalado en la casa de más abajo, con otras personas y con sus perros. Hoy ha salido con uno de ellos, un chucho corpulento que recuerda a la reina de las termitas, al monte. Eran las doce menos cuarto. Le he visto de vuelta a las doce y media. Yo estaba recogiendo hojas secas y me ha decepcionado. Ni madruga ni aguanta el calor. Pero sí que lleva medias casi más blancas que sus piernas y parece mantener un coloquio, un interesante coloquio, con su perro favorito.
-Oiga, señor, yo he subido a su Ben Nevis. Haga el favor de ascender a una de las cimas de los alrededores.
No confío en este británico septuagenario y que probablemente no es británico: no me hará caso. Cada mañana se asomará a este camino o a otros para regresar tras la primera revuelta. Este individuo mantiene relaciones paradójicas con su arquetipo. Se acerca y se aleja del mismo, hace la goma. Por eso, en justa simetría, no sube nada.

Jonás Jalisco, Cada uno con su arquetipo, Viana, Ediciones Barrer los Huesos, 2009.

martes, agosto 04, 2009

Reloj de príncipes (para una antología de lecturas de verano)

Causa de la muerte. Redacción convencional. Tras días de excesos, aunque quizá no tanto. Desnudo sobre la mesa, desgreñado y barbado, aunque no hirsuto. Algo no encajaba. Dio una vuelta. Volvió al escritorio y rompió la primera hoja. Pero no encontró los impresos en el lugar de los impresos.
Empezó a escribir. El aire le pareció desordenado. Quizá debía revisar todo y poner cada cosa donde debía estar, pero su turno acababa en cuestión de minutos.
Salió a la calle. Tenía la sensación de haber olvidado algo, allí junto al muerto.

Tomado de Luis Agustín Martínez Mínguez, Solamente siempre y otros volatines, Las Rozas, Los libros de Kiko, 2009.

lunes, agosto 03, 2009

Reloj despertador (para una antología de lecturas de verano)

Al otro día espera la resaca. Y la resaca conlleva, según es sabido, sus propios desordenes ambientales y una hipersensibilidad impotente ante los mismos. La casa está revuelta y el despertador cumple las mismas órdenes que ayer. Nuestro hombre acaba por levantarse y la ducha es un leve intermedio en su arrepentimiento.
El frigorífico no consuela y no hay café. O no hay tazas ni vasos limpios. Se ha vestido, pero no encuentra el reloj. Sale sin él y esta vez no vuelve a casa. Los dos primeros bares están cerrados. La calle está desierta.. La siguiente noche desactivará el despertador, se promete. El camarero sirve un café. No hay periódico. Podía no haber café y sería peor.
Observa el desorden del bar. Nada está en su sitio y él debe marcharse. Hay botellas rotas en la acera. Nada está en sitio. Coge una botella rota y se corta. Después se mancha la camisa. Tiene la mano bajo el grifo. Suena el teléfono.
Suena el despertador. Olvidó sus buenos propósitos. Tiene la mano vendada y hay demasiada luz para volver a dormir. La ducha y no hay café. No hay nada y además no está en su sitio. Tampoco las aspirinas. Y luego dicen que la vida no es sueño.


Tomado de Luis Agustín Martínez Mínguez, Solamente siempre y otros volatines, Las Rozas, Los libros de Kiko, 2009.

domingo, agosto 02, 2009

Reloj de pulsera (para una antología de lecturas de verano)

Al poco de haber salido, notó que se había olvidado el reloj y volvió a su casa. Además del reloj, que le costó encontrar, cambió de sitio alguna cosa y rehizo el periódico: actividades fuera de programa que a él le solían resultar enojosas, en particular en las mujeres. Aún se llegó al cuarto de baño y repuso algo en su sitio.
Salió a la calle y miró el reloj. Afortunadamente, sólo le dijo la hora. No le habló de la sutil mudanza en sus costumbres. Tampoco de la inconveniencia, e incluso imposibilidad física y moral, de salir de casa cuando se sabe que se ha dejado algo sin hacer.
Miró la hora y decidió que bien valía la pena tomar una copa más. Entró en el local, desordenado y sucio, pero eso él ya no lo notó. El camarero quería cerrar, pero no podía. No sabía a dónde tenía que mandar a cada uno de los parroquianos que hacía tanto tiempo, un tiempo que nadie pudo contar, que habían perdido su reloj.

Tomado de Luis Agustín Martínez Mínguez, Solamente siempre y otros volatines, Las Rozas, Los libros de Kiko, 2009.

sábado, agosto 01, 2009

Press de banca (para una antología de lecturas de verano)

Con el esfuerzo que se distribuye en una periodicidad que amaga con autodisolverse, mi amigo J paga la cuota del gimnasio. J duda acerca de su contrato con el gimnasio y acerca de qué fórmula es la más favorable para él y sus absentismos. Es consciente, además de que es una máquina que calienta el gimnasio con su trabajo ineficaz y por otro lado absurdo, lo que -al menos en invierno- añade cierta dosis homeopática de injusticia a las mensualidades.
Con otra periodicidad que también se va disolviendo, de vez en cuando –fórmula que nos dice que ya se ha difuminado el período- va a cenar con sus compañeros de gimnasio.
En el gimnasio, el tiempo y los años avanzan y a veces retroceden, pero en las cenas uno siempre retrocede. A sus años, recuperarse de una resaca es para J cuestión de una semana laboral con su viernes incluído.
J no sé si es del todo buena persona. Ahora se ha especializado en simular que bebe los gintonics que vierte con hábil descuido en las macetas; deja las resacas para los otros. Pagan todos a escote, pero tal vez, en su caso, debiera negociar alguna compensación con los taberneros.

Tomado de Ferrán Pérez Corazón, Manual de autoayuda a dos manos, Valencia, Ediciones Agropecuarias, 2007.

viernes, julio 31, 2009

ONG (para una antología de lecturas de verano)

El terrorista lee a Borges, ejecuta unas cuantas piruetas dialécticas y sueña que su ejército es todo el mundo, que, por paradoja, militan en él sus enemigos declarados y las anónimas y torpes gentes que simulan no estar en el secreto, que simulan negar un promisorio y comprometido reclutamiento que llegó a todo hijo de vecino, que se inmolarían, por completar el razonamiento, ante su monumento de huesos y calaveras, como víctimas conscientes y tan meritorias.
Pero ese sueño glorioso se torna en pesadilla y ahogo porque no encuentra modo de afirmar su primacía entre los ahora infinitos pares que le privan de su condición de elegido. Despierta y en rápido tránsito pasa del sobresalto a la tranquilidad diurna. Algo no le queda claro, no obstante, y no sabe en esa mañana precisa si es más urgente alguna batalla por el poder en los círculos concéntricos, que se difuminan a lo lejos pero no tanto, de su organización; o si lo es cumplir con la indiferente obligación del asesinato.
Recuerda entonces su sueño, sueña con futuros liderazgos para los que estos presentes trabajos, subrayados también en rojo en su hoja de servicios, serán inmejorable referencia. Y, como está recordando su sueño y perdonen ustedes por repetir sus palabras, resume macabro el día diciéndose que ha matado dos pájaros de un tiro.

jueves, julio 30, 2009

Tocado (para una antología de lecturas de verano)

Recuerdo de las excursiones de verano que los niños propendíamos a atajar de manera equivocada: pues los caminos de los adultos eran claramente una pérdida de tiempo, trazábamos nuestra curva irresoluta como la más inmaculada de las geodésicas de secano.
Y recuerdo que, a la vuelta, solíamos llevar el bañador en la cabeza, tocado que nos hacía correr más deprisa y conseguir cierto ímpetu extra en nuestras cargas contra un enemigo que raramente comparecía.
Hace unos días, a la vuelta del pantano, me puse el bañador mojado en la cabeza. Los razonamientos físicos y fisiológicos, si solicitados, sonaron a abierta excusa, pues era otra la fisiología y la termodinámica que contaba allí. Diagnostiquemos una actualización de la memoria, que sólo es negación, que sólo es un rechazo de los años que van pasando y que, si se produce, es por eso mismo, porque los años van pasando y nuestros caminos rectos no llevan a ninguna parte.

miércoles, julio 29, 2009

Junio de 1981 y otros sucedidos (para una antología de lecturas de verano)

Juan Luis Rata, Los mejores años, Zaragoza, Ediciones Pelo de Conejo, 2009

Rata (Zaragoza, 1961) en este Los mejores años nos habla sin rubor (literario, se entiende) de su juventud y de la de algunos de sus coetáneos. Dos fragmentos de distinto carácter:

Ese mes de junio íbamos buscando la fresca de las viejas tabernas, mirábamos los toros en el televisor como si fuéramos viejos aficionados y también fue ese preciso mes cuando nos reencontramos con las piscinas y los lugares de nuestra infancia, pero en un tiempo recobrado en que las niñas eran ahora mujeres (no diría, desde luego, que eran muchachas en flor) y nosotros, supongo que unos patanes. Pero todo aquello pasó como pasa casi todo y seguimos con los paseos en verano a las cinco de la tarde, por huir de casa, en una adolescencia prolongada y cada vez más revenida.

Rosales vivía como si la vida fuera un inconveniente o una espera enojosa tal vez en una estación de ferrocarril, y no digo con esto que esperase una mejor tras la muerte, ni que en la estación enlazase como creerá y esperará enlazar un creyente en la metempsicosis que se esté aburriendo en una encarnación poco favorable. No, simplemente Rosales agigantaba las pequeños y aun las grandes pejigueras de que está bien pertrechada cualquier vida, y ésta no acababa siendo otra cosa que aquéllas.

Y es que Rata oscila entre la petulancia literaria y la petulancia filosófica. Y sin embargo… Y sin embargo, mecanografíemos otro pasaje:

Solíamos cruzar la Ciudad Universitaria, desierta, las luces de la noche humedecidas por la niebla porque, de acudir a nuestra cita por diferente camino, nos encontraríamos sin duda con alguno de los muchos bares que nos estaban esperando, como si un bar cualquiera fuera, en su miseria y en la de sus parroquianos, un epítome del mundo y sus delicias, una enciclopedia y una promesa de venturas innumerables.

Esperamos impacientes el título de Rata que el editor anuncia en la solapa: Lecheros por el barranco y otras andanzas verosímiles.

martes, julio 28, 2009

Aquellas lluvias radiactivas de antaño (para una antología de lecturas de verano)

El futuro no es, desde luego, lo que iba a ser. Y no sé si encontraré buena formulación, o copiaré la que dibuje más certera paradoja, o la más engañosa. Algo así como "el futuro ya no es lo que era", "future is not anymore what it used to be"; pero creo que sería incapaz de discernir lo que verdaderamente podría estar diciendo.
Y es que el futuro era de una calidad más centrada en los remaches, la chapa, algunos cromados y velocidades que no conocían límite. Yo creo recordar también que el futuro se recreaba en chaparrales y paisajes más bien resecos, como corresponde al verano, estación en que teníamos más tiempo para el futuro, lo que entendido de otro modo que el probablemente primero también podría llegar a traérselas.
No quiero hacer pensar al lector que ne refiero en especial a la llamada ciencia ficción,; creo que aquel futuro que vivía sobre todo en algunas series de televisión procedía y luego, en su regreso, lo había permeado, del mundo en que vivíamos, quiero decir, el barrio, el campo de basket y el de hockey, la piscina y el club de los claretianos.

Tomado de F. Miravitlles, Ones fora de fase, Terrassa, Gresol, 2009.

lunes, julio 27, 2009

Manco (para una antología de lecturas de verano)

Debía de ser un domingo de cuando el invierno se hacía benigno, tal vez de cuando la primavera sólo era barro y yerbajos del ciclo recién pasado. Para mí, que con suerte despabilaría un metro con cuarenta, o para mí, que recordaría todo con una cierta propensión a la economía, el mundo era esa mañana una llanura jalonada de una hilera de chopos y de acequias donde acechaban sanguijuelas y ratas.
Recuerdo a la pareja de novios, recuerdo a los que quizá eran ya un matrimonio joven. A él le faltaba una mano -su antebrazo se afilaba y enrojecía: como en la broma de "éste es el que te pilló el carro"- y lleva en mi memoria camisa de manga corta. ¿Deduciré que la primavera era tal vez la primavera de junio y el barro es el de otra comida de domingo en casa del hombre cuyo rostro me acaba de volver a la memoria tan evidente y detallado como en el más falso y espléndido de los recuerdos?
A él le faltaba una mano y ella era hermosa y convencional. Era discreta, hacendosa y limpia con la belleza tímida de una joven recatada en un país en vías de desarrollo. No sé qué pensaba ella de que al paseo de la mañana del domingo acudiese también la carabina de aire comprimido, que la mano derecha y única portaba tan lista como un pelotón de reconocimiento. Cerca del río -quiero decir de la acequia- , él le comentaba algo a ella sobre hipotéticos nidos o sobre la consiguiente hazaña deportiva o escasamente proteínica. Siempre tras la detención con gesto sabio que quería denotar la intercepción de algún secreto o alguna astucia de la fauna o la flora náufraga de las huertas.
Tantos años después, adivino en ella un escepticismo paciente y resignado; aunque tal vez fuera ella la que cargase los perdigones en la carabina. ¿O acaso pudimos asistir a una precisa ceremonia en que el manco abría hasta el ángulo conveniente su arma -ésa de la que no podía prescindir, la que recogía tras la salida de misa o tras la excusa que retrasaba la misa hasta las ocho de la tarde-, que apoyaba tal vez en el codo izquierdo, puede que en la rodilla, para liberar su única mano, la del pluriempleo, que así podía extraer el perdigón de su boca (displicente ante cualquier advertencia de saturnismo) e introducirlo brillante, en una inesperada metonimia del sargento York, en su posición, capaz para el cono, para la copa y para las mil formas del plomo?
Mucho tiempo después, tal vez tentó la pesca, cerrar los alicates sobre el sedal, enhebrar moscas barrocas. Cuando la novia escéptica prefería también una invitación en el mediodía del domingo, no tan lejos de los lugares habitados, en un establecimiento donde ella pudieran pronunciar una fórmula de prestigio: "Para mí, un marianito rojo."

Tomado de Pedro Santana, Para una antología de lecturas de verano, Logroño, Ediciones Ostienses, 2009.

domingo, julio 26, 2009

El librillo de arena (para una antología de lecturas de verano)

Los números de la página no podían ser los números de las páginas innumerables en el sentido borgiano que no en el propio. Si lo eran en éste y emblematizaban su imposible orden, nos las veíamos entonces y nos las seguimos viendo con el improbable campo complejo, improbable en el uso borgiano. A aquél le convienen las hojas, espirales, como de dibujo de Leonardo, como de despalilladora mal percibida.El librillo de arena se escurre entre los dedos, como el libro de harina, que es la versión en pdf, o en Fiction Book 2.

Tomado de Landelino Vande Velde, Le cru et le mi-cuit, Bruges, Éditions Stronglink, 2009.

jueves, junio 04, 2009

We see it in the history of Andalusia and Cordoba during the Inquisition

La Inquisicíón. La inquisición española. Búsquese en google "Obama" e "Inquisición" y vemos que el sentido de lo que se encuentra parece diferente al que Obama da en su discurso a expresión tan incompetente, la que funde la Inquisición de 1478, nunca antes vista en tierras de Castilla, mas qué importa, con la Córdoba dudosa de antes de 1236.
Y lo que vemos es que "Islam has a proud tradition of tolerance". Y tal vez haya incurrido el redactor en la hipálage empalagosa y la orgullosa sea la tolerancia, una tolerancia de mirar por encima del hombro. Y tal vez haya pretendido la hipálage que moviese al musulman a sentirse orgulloso de esa tradición, una a la que se le aporta un contexto que escenografiaron voluminosos, por inflados, historiadores americanos del XIX. Con sus pozos, sus péndulos y América del Sur aún más abajo.