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lunes, agosto 10, 2009

Aprisco (para una antología de lecturas de verano)

Establecimiento tras establecimiento, armonía preestablecida, niegan que el producto siquiera exista. Concede alguno que quizá sí, en el futuro, pero sólo en otro país hasta al menos otro futuro aún más indefinible.
La firmeza, la gran virtud del mentiroso, reluce constante como el bronce que va del brazo al puño y a la espada. También es la virtud de quien cierra el mercado y se queda contento, apenas rozado por la leve inquietud de tener que mentir al cliente aún no reducido.

Tomado de Ricardo Paradoja, El comercio en los burgos viejos, Madrid, Pignatelli, 1965.

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