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lunes, diciembre 27, 2010

Ciclos

Nos percatamos del frío al que el Sol y otras transparencias acompañan en este diciembre con un retardo que no sabemos si atribuir a las neuronas, a las particularidades térmicas de la polipiel o al reino de la sinestesia y su eterna batalla pírrica con la entropía.
Compro el diario y entro en una caja de ahorros. Entro en un bar y con el café con leche tomo una porción en caja de plata de roscón de reyes, pero un trozo de roscón no es un roscón: con los camareros la topología decae como decayeron los otros candidatos.
Todo se parece tanto a lo anterior que sólo puede descubrirnos que nunca conocimos lo anterior, que al nosotros se incorporan capas de desmemoria disfrazada de sabiduría desesperanzada, como si esta vida más bien alicorta nos enseñase que sabemos algo en lugar de nada, como si esta brevedad fuera un curioso volatín del infinito y sus scherzi tos.

lunes, mayo 31, 2010

Camellos

Al parecer, a quienes sólo son adictos potenciales las sustancias estupefacientes les son proporcionadas a precios bajísimos o regaladas, al tiempo que el vendedor canta las maravillas de su producto y lo extraordinaria que es la vida de sus consumidores.
Más tarde –dice el relato sobre este mercado–, una vez cautivos los clientes en su adicción, se suben los precios, se aparenta o se subraya la escasez de la mercancía, y se ponen en marcha todos los mecanismos oportunos para incrementar el beneficio o para compensar las dificultades que el camello detallista pueda tener con sus proveedores o con los que ponen trabas a su libre comercio.
La ventaja de relatos como éste es que su verdad es independiente de la mercancía: sucede también con esa droga que se llama tiempo, que ésa es la mercancía que venden los banqueros.

lunes, febrero 08, 2010

Coucher avec mon moi

Tenuemente avergonzado por su incompleta formación, afirma llevar ya bastantes días yéndose temprano a la cama para allí aux lueurs des lampes que decía algún otro, leer los fértiles tomos que exige su ideal.
Sin embargo, el sueño le llega, le está llegando todos esos mismos días, sin darle tiempo tan siquiera a apagar las lámparas eléctricas con su número de watios y de bujías, el libro que rueda sobre la colcha, rodillas o muslos, caderas abajo, los párpados vencidos. Sin haberlo casi abierto, sin haber llegado a la página en que su materia propia se haya coagulado en la sabia disposición tipográfica, sin haber llegado a las palabras, palabras, palabras. Y sin saber si es de él de quien habla, de te fabula narratur. Sin separarse o volver, sin apresurarse tampoco hacia una mujer que tal vez le espere en algún sueño, poco serio o de trascendencia diurna. Desmiente alguna interrupción breve, una luz bajo la puerta, unos pasos arriba, despertares apolíneos de un sueño dulce, la mañana por llegar, tal vez para responder a la pregunta de Marcelo sobre las cosas que suelen aparecerse por la noche.