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lunes, julio 30, 2007

Some lines written in tuition

Unplugged for a time longer than expected,
Lost all connection to the outer world,
He, as nobody seemed to be affected,
Began to whirl what was already whirled.

From “ Poem to me, poet to you”, included in P. Ménard Valderrama, If an unknown drunkard, the other night, Glasgow upon Leaf, White Fart Editions, 1986.

(Tardaremos en volver. No antes de San Bartolomé. Tal vez para San Rocky, tal vez para Santa Rosa de Lima)

domingo, julio 22, 2007

Descanso

Volvemos el día 28. O el 29.

sábado, julio 21, 2007

El futuro de nuestra estirpe

La extinción del linaje de un individuo no es la de una especie, ni la de una familia. Ni es necesariamente una mala noticia para el genoma de tal individuo. Tomo una familia por el azar de la contigüidad y de ella un segmento generacional que es, grosso modo, el de los que ya han sido ampliamente abuelos. Cuento un total de 12 individuos; de ellos, hay 3 sin descendencia. Uno con un descendiente sin descendencia. De esos doce individuos, una tercera parte ya no tendrán sucesores directos tras dos generaciones.
El cálculo lleva a una probabilidad meláncolica o a otra probabilidad paradójicamente melancólica. Al parecer, con el paso de unos cuantos siglos, de mil años, o la estirpe del individuo se ha extinguido –lo que ha de suceder más bien pronto- o abarca a millones.
Un sociobiólogo se siente apoyado por este resultado pues sostiene que el individuo maximiza idealmente la transmisión de sus genes, que no los lleva sólo él. Es mala estrategia la de poner todos los huevos en la cesta de los sucesores directos, al menos cuando éstos son más bien pocos.
En cuanto a los animales domésticos, su estirpe queda signada por la voluntad del mamporrero. O por la del hijo del mamporrero.

viernes, julio 20, 2007

Kitsch incongruencia

La redención del kistch que pretenden algunos tiene como recurso principal el guiño de alguna incongruencia patente e indubitable, al menos para quienes están en el bobo y fácil secreto. Así, en este tipo de contextos, o no se trata de una cita o la cita es siempre irónica.
Incongruencias como la referida proveen a su sujeto de lo que cree un salvoconducto estético que le permitirá disfrutar de todo mal gusto sin mayor cuidado. Hasta que se olvide de que pretendía una fatua ironía, una distancia, una galería ajena entre cuyos corales y litografías submarinas ha muerto ahogado.

jueves, julio 19, 2007

Metablógicas

El blog, en una variación del lema que indica que el medio es el mensaje, tiñe cualquier comunicación de la sudorosa prosodia de lo confesional. Así, incurrimos en la paradoja de la confesión: Confesarse es purgarse y deshacerse, hacerse ajenos a los deméritos que fueron propios en una ceremonia pautada y que no peque (¡faltaría más!) ni por exceso ni por defecto. Pero para ello, debemos justamente reconocerlos y hacerlos propios.
Otra paradoja, menor, de la confesión es que la confesión pública y a distancia convierte al confeso en anónimo. A otra escala, lo privado en literatura se disuelve o quizá lo que sucede es que se muestra su inconsistencia. Decir mucho es decir poco. Decirlo todo es no decir nada. Hacer que la información desaparezca en la enorme dimensión o en la enorme publicidad del mensaje.

miércoles, julio 18, 2007

Meditación del corte

El corte crea la unidad, lo que es una constatación estética: así percibimos y concebimos. Como no estamos para filosofías, nos referimos a una experiencia que nadie tiene: la muerte concluye y une la vida de cada cuál. Un ejemplo extremo y ya habrá advertido el lector que una experiencia que nadie tiene no es una experiencia. No obstante, sí que lo apuntado es algo que apreciamos al valorar la vida ya "enmarcada" de quienes ya han fallecido. No cuesta mucho (o sí cuesta) pensar que el cuento se nos aplicará.
En la vida, en el eje temporal, el corte son dos rayas sobre una recta. Cuando se trata de una imagen, tenemos los cuatro segmentos unidos por sus extremos de dos en dos o la curva cerrada del marco. Ya dijo un filósofo que al cuadro lo hace el marco. Cabe añadir que el marco también hace a la pared, porque lo que falta a casi todas las meditaciones sobre el corte es la que atiende a lo que el corte deja fuera. Fuera lo que fuera.

De R.van Nistelrooijj, Memorias de un retórico calórico, Leiden, 1999.

martes, julio 17, 2007

ADN en verso y ADN en prosa

Que casi cualquier cosa es un lenguaje es uno de los tópicos pandémicos de los últimos digamos que cincuenta años. Ahora bien, como buen lenguaje con su forma y su sustancia debería desplegarse en verso y, si no en verso, en prosa.
Lo curioso del asunto es que una definición abstracta de verso nos lleva a la repetición cíclica y constante de clases de fenómenos que pueden registrar una razonable variación. Ahora bien, que algo se reconozca como un lenguaje depende de un razonable número de regularidades que, a la escala adecuada, no se alejarían demasiado de la definición formal y abstracta de verso. La aprte abstracta se nos iguala con el todo abstracto.
Deducimos, en buena consecuencia, que una definición formal de verso propende hacia el vacío y que el verso nunca puede desligarse del verso concreto y material, lo que es bastante intuitivo, al menos si se considera que el verso se basa en lo más corpóreo o en lo más físico del lenguaje.
Si estamos ante una realidad ante la que la abstracción formal conduce a resultados inadmisibles, deberemos tener cuidado con cualquier analogía, pues éstas abstraen y es posible que una definición de lenguaje (la que un estructuralista de los tiempos del heroic couplet nos podía dar) que fuera borrando rasgos materiales se encontrase con que el definiendum se le había ido por el desagüe. Porque la abstracción es como una bañera, o como un colador.


De R.van Nistelrooijj, Memorias de un retórico calórico, Leiden, 1999.

lunes, julio 16, 2007

Lunes de nadie

Un lunes como una rara espera o como todo lo contrario. Un día que no es de vacaciones, pero sí de poco trabajo, lo que no quiere decir cuidados.
Además, va y llueve. La Virgen del Carmen con todas sus procesiones y alguna galerna: Calor en el Cantábrico. Uno de los pivotes del verano, el día 16. La melancolía crece vigorosa y alcanza a estaciones hasta ahora libres de toda duda.
Mejor no detenerse a pensar. Sobre todo, vista la incompetencia de los auténticos amos del mundo, personajes que descubro en un libro de la sección de historia de una librería como la estación, libre de toda duda. Sobre todo, digo, vista la incompetencia de estos gobernantes secretos y tan publicitados, que nos quitan el fútbol (o lo llevan al Hemisferio Occidental) cuando más falta nos hace.
Una cerveza nos sienta medio mal, esto es, nos deja sin ganas de tomar otra. Las calles son ajenas y se diría que descoloridas. El césped se ha secado. Salen eccemas y unas manchitas. Nada tememos más que los veranos, como decía Góngora en un soneto sobre las consecuencias del cambio climático.
En vista de todo lo cual, aprovechamos para meter en la lavadora los bañadores y las toallas, que ya casi andaban solas, comme il faut.

domingo, julio 15, 2007

Hombreras

Con una puntualidad que envidia el meridiano menos cuarto, cada vez que vemos en televisión unas imagenes de los años ochenta del siglo pasado (¿de cuál si no?), alguien llama la atención sobre las hombreras que convertían a las mujeres de esos años en remedos vestimentarios y paradójicamente inabordables de jugadores de fútbol americano.
El torso de las mujeres era un trapecio en equilibrio inestable que, hemos de suponer, cifraba alguna clave erótica que hemos perdido hasta nueva orden. Yo, por más que intento hacer memoria, no consigo diré que actualizar los qués y los porqués de la atracción eficaz de aquellos años. Debía de ser algo que no conseguimos separar del todo femenino, puesto que las hombreras sí las separamos y "no es esto, no es esto," evidentemente.
Probablemente, la atracción erótica goza de alguna suerte de supersumatividad, lo que corroboraría la existencia de objetos de deseo metonímicos (¡hay que ver cómo vamos hoy!) y fetiços varios. O que el erotismo es cosa de totalidades que no pueden analizarse ni diseccionarse. Just in other words, que "sección femenina" es una contradicción en los términos.

sábado, julio 14, 2007

La libertad del reino de la necesidad

Un hombre bebe más de la cuenta. Llega más tarde de la cuenta a su casa y se acuesta. Sueña y se desvela. Se duerme. Sueña que le duele la cabeza o le duele la cabeza.
Sueña que los sueños son un mecanismo preciso donde contigüidades y analogías constituyen leyes férreas. Sueña que recuerda que eso es un lugar común.
Sueña luego que las severas contigüidades diurnas, la causa y el efecto, los silogismos, son sólo la apariencia de las verdaderas leyes, las que entreve en un sueño alcohólico y migrañoso. Sueña que debe abandonar la contigüidad supersticiosa de su conciencia. Se despierta y ha olvidado todas sus conclusiones. Tiene las manos vacías.

viernes, julio 13, 2007

Aspirina adultos

Un estómago fuerte y el amor por la aspirina. Algo así como suaves resacas y riesgo de padecer alcoholismo. La misma paralógica nos espera por otros rincones, mas con resultados cómicos. Capacidad psicológica para resistir las situaciones a que se ve expuesto una nuevo rico y, entonces, ganar mucho dinero. O no perderlo si ganado.
Otra máquina de Atwood lógica se la debemos famosamente al estadístico Fischer: la correlación entre tabaco fumado y cáncer de pulmón se debe a que los propensos a semejante enfermedad encuentran de siempre especial alivio a sus irritaciones traqueales en el humo del tabaco. En este caso, cambiar el sentido de la causalidad supone introducir un tercer término: la irritabilidad diferencial.
En los ejemplos de arriba, en cambio, el tercer término permanecía en la sombra, nos las habíamos con un suerte de entimema. El ingenio de Fischer es el de aportarnos el tercer término, que no es evidente, para cerrar su historia. El del entimema es el encontrar una situación donde lo callado es evidente para todos. ¿O no?

jueves, julio 12, 2007

La vida (o más bien esto) sigue igual

El Correo publica un suplemento hoy, a los diez años del asesinato de Miguel Ángel Blanco. En él, se contrapone lo declarado allá por 1997 por destacadas personalidades de la sociedad vasca (que es tanto como decir que son muy conocidos y celebrados en su casa) con unas expresiones se supone que recién solicitadas a esas mismas personalidades. La masa es la lista aquí también: Lo que dice cada cuál es más menos feliz o infeliz, tópico o peor. Sin embargo, el conjunto es un buen informe de lo que se ofrece en el mercado, si exceptuamos las posiciones más abyectas, las cuales ciertamente se filtran en las palabras de los autodenominados demócratas y no violentos. Un síntoma más de la enfermedad, nada imaginaria, que habita en la mayoría de las conciencias.

miércoles, julio 11, 2007

Fuegos fatuos

La química de los pantanos y de los asesinatos ocultos, la química de los rumores y de los paseos a la luna de verano o a la luna azul de alguna prórroga extraña. La vegetación con su atracción suave y deletérea. La fauna, que es palabra para designar las posibilidades más variadas de encuentros en la tercera fase.
Yo recuerdo también las noches de verano río arriba y río abajo, inspeccionando los reteles y las piedras. Años de cangrejos y de nutrias que podían ofrecer su numerito si uno era paciente. Al menos, mientras el numerito no se hiciera obsesivo y el cuerpo de la nutria una banda de Moebius en su teatro de variedades.
Esas noches y la teoría de la más favorable luna para el cangrejo y su gusto por el tocino rancio. El impenetrable río, sus arbustos trabados y el secarral a uno y otro lado, porque el verano no tiene memoria. Nosotros somos los que poblamos el secarral de higueras, de amenas sombras, de amenazas sombrías. Tal vez cumplidas.

martes, julio 10, 2007

Los días del perro

De la ciudad de 1976, puesto que ayer nos referíamos a ella, de las distancias que existen entre ella y la de este 2007 observaremos que se trazan en un espacio definido por fantasmas, presencias vagas o inquietantes, según el caso, o por fantasmas que lo habrán de ser según el sentencioso tiempo.
La ciudad del verano de 1976 se refrescaba en otros lugares que ésta del 2007, en baños y en bebidas; en historias y sucedidos extraños, en los lugares que marcaban en el monte huidas detenidas entre algunos zumbidos de insectos, de ésos que algunos cuentistas utilizan para detener la acción, para pautar una ceremonia tan formal como lo pueda ser un fusilamiento.
Aquel verano, por cierto, pudo hablarse de las mismas batallas, pero quizá fue testigo de algún nuevo narrador. No fue ya el verano –bien es cierto que no en la ciudad, que lo fue en el pueblo, en el chamizo que llamábamos bar– donde se hablaba, por ejemplo, del transporte de tropas más rápido de la guerra, algo evidentemente relacionado con las metáforas del taponamiento o de la sutura, metáforas globales y ciertamente distributivas, cuerpo a cuerpo:
-Aquél fue el transporte de tropas más rápido de la guerra.
No fue ese verano porque a las alturas de 1976, aquel teniente se había aburrido ya de su historia carente de detalles, de una historia en que descender a la ejecutoria o a los simples estadillos de su sección habría tal vez dado a conocer una notable incompetencia o una falta de diligencia dolosa.
Quizá a algún narrador le dio por hablar de inseguros avances o contraataques por donde no había frente. O quizá ese verano todavía no habló de ese otro agosto donde su juventud dio un vuelco extraño.
Era la ciudad de 1976. Recordamos los relatos, la cerveza con gaseosa, las reuniones al fresco de la noche. Los jóvenes escuchábamos a los viejos, habitábamos entre las ruinas de una melancolía inconsecuente, entre los fuegos de una juventud que, fingidos, habían regresado a las médulas de nuestros mayores, acostumbradas –se diría– a los paréntesis prolongados.

lunes, julio 09, 2007

El hombre sin cantidades

Aquel verano, su precaria situación le miró con su rostro más desnudo, aunque no del todo terrible. Estaba sin blanca, pero no tenía otra obligación que la de comer y dejar pasar un verano en la ciudad que olía a asfalto y a cubos de basura depositados a deshoras.
Era el memorable año de 1976 y él tenía treinta y siete. Durante buena parte de ellos, cada una de sus jornadas había concluido con un consuelo probablemente flaco: "Ya ha pasado lo peor," se decía al quitarse los calcetines o al dejárselos puestos si era el caso.
Él era consciente de que aquella fórmula la había oído en algún sitio y de que, por más que la hubiera hecho suya, se la debía a alguien y que ese alguien o su representante le acabaría pasando factura.
Pero aquel mes de julio de 1976, tan alcohólico como todos los otros, de vino barato sobre el cinc, de arenques secos y de guindillas, de vinagre y zotal, se veía obligado -por la razón antes dicha- a peculiares maniobras evasivas, a "disimulos a conciencia", que era otra expresión que también reconocía deber a algún desconocido, quizá más lírico y menos épico. Gorrón profesional, aprendió a diversificar a sus clientes y socios, a no repetirse demasiado y a no desaparecer tampoco demasiado. Mezclaba deudas con dispendios ostentosos que le reclasificasen públicamente como fiabilísimo pagador. Se hizo maestro en forzar amigos comunes con el desconocido de al lado de la barra. Fue agotando la ciudad y se fue agotando el buen tiempo.
Parece ser que al final un pariente facilitó un muy deseado alivio a una situación monetaria ya absolutamente agujereada, pero que tal cosa significase un final feliz para la historia de nuestro hombre está por ver. Sobre todo porque -y esta vez las comillas designan unas palabras que son propiedad únicamente suya: "Nunca me supo tan bien el vino, nunca disfruté tanto de las anchoas y las olivas como ese verano que me iba sin pagar o endosaba el pago a un medio desconocido que, más bebido aún que yo, pensaba que no invitaba a un parroquiano cualquiera, sino a su arquetipo eterno e inevitable, a un funcionario público, al borracho de servicio".

domingo, julio 08, 2007

Mareo

- Voy a vomitar.
El automóvil descubre la verdad de nuestro cuerpo: el cerebro y el estómago siempre trabajan juntos. Otra cosa es que el trabajo sea provechoso.
Como la bolsa de plástico está preparada, su posesión tranquiliza a quien teme no poder resistir más. Curioso efecto benéfico que actúa en los lugares donde habita la angustia. Lo cierto es que hemos pasado ya casi todas las curvas. Quedan dos o tres y cuesta arriba, que no es lo mismo.
El conductor no sabe qué ha pasado en el asiento de atrás:
-¿Has vomitado?
- No.
Se ofrecen algunas felicitaciones a la espera de que la edad cure este mal que tantas preocupaciones causa al afectado y que tan duraderas consecuencias tiene para la tapicería. El conductor por un momento imagina que todos los coches son de nuevo Simcas 1000 o Seats 850 y que el calor ha revenido el skay o lo que fuera aquello. A continuación, el conductor piensa en otras intervenciones de su padre y en los misteriosos bocadillos de antes de la guerra.

sábado, julio 07, 2007

Patinir




Nos informan de que el pintor Patinir inventó el paisaje. Famosamente entre otras, con la excusa de San Cristóbal, XLL y santo más vadeator que viator. Este sábado los camioneros lo celebran por adelantado y contribuyen al paisaje urbano con su acústica de mastodontes liberados, bucinatores y rebucinatores. Para que luego digan que el paisaje no es cuestión de ruido, de furia, de tabarras in the night.




To be happy I want a truck
(Nótese que el punting del amigo Cristóbal no está tan alejado del de Caronte)

Un'intera nottata buttato

Noche ante dos grandes películas en un canal de televisión. A Snake Eyes y a Brian de Palma se le regatean los elogios. Pero Snake Eyes es una gran película y una película de notable virtuosismo, de la que quizá cabría discutir la facilidad del desenlace. Un reptiliano Gary Sinise incorpora a un personaje del que no sabemos cómo pudo un día ser amigo del hortera policía Santoro. También nos cuesta trabajo imaginar el mundo fuera del pabellón y del hotel casino a salvo de la lluvia torrencial en que se desarrolla la película, pero eso es otra cinta...
Tenderíamos a pensar que muchos críticos temen que aprobar la película sea algo así como secundar la estética (por llamarla de algún modo) abochornante y la moral de Atlantic City y del paradójico héroe de la historia.
Después, Paths of Glory, a la que tendemos a recordar más conspiratoria que lo que acaba siendo. Hay que apuntar el intercambio Darth Vader- Luke Skywalker entre Broulard y Dax al final, o casi al final, justo antes de eso tan bonito de Es war einmal ein treuer Husar, Der liebt' sein Mädchen ein ganzes Jahr, Ein ganzes Jahr und noch viel mehr, Die Liebe nahm kein Ende mehr.
El amor, como la guerra, es que no acaba nunca (!), pero tonterías aparte, Douglas compone una figura sin fisuras y Menjou otra que, a su modo, tampoco las tiene. Y después, sin más dilación, nos fuimos a la cama.

viernes, julio 06, 2007

Hoy poema, por mudanza

EL CELENTÉREO MARINO (FRAGMENTO)

El brazo, ese brazo recomenzado
No es el segmento irrefutable del gusano
Cratones, clámides y clamidias,
Cráteras, pateras y peteneras
Gasolina imperceptible en la espuma y la sal
Como un eufemismo intolerable

Ensenada, oh, Ensenada, Zenón digo
Qué abismos te aguardan cerca de inmóviles ribafrechas.
Aquiles, tortugas, plesiosaurios de una era antecedente
Como las aventuras de Cuellilargo en Cellorigo.

Esta cosa piensa, menea la cabeza
Asomada a los eones tan jóvenes todos tan recientes
Un solo fotón que recorre lo que tenemos
Como las piedras que el viento levantado por milenios descubre
Tras incendios pavorosos en el tópico que no encuentra espectador
Otra vez en las eras que han creado capas de la cebolla.

De la cebolla eterna de los cosmogénetas cebollos
La redundancia valga sostenga la elipsis
Testicular señor, unamunianas vacas by the sea.
(…)

jueves, julio 05, 2007

San Fermín

Gracias a la pluma de Hemingway, como es muy bien sabido, y gracias a otras contribuciones que merecerían digna recordación, estas fiestas de Pamplona son conocidas mundialmente y a ellas acuden -bota y calcetín no siempre- personas interesadas desde las que un día parecieron increíbles procedencias.
A mi con Hemingway me ha apetecido, a veces, viajar a Italia; nunca a África. A París, si me levanto un poco hijo puta con los que se creen mis amigos. A Pamplona, a donde tanto me ha apetecido ir en pasadísimos julios nunca me invitó Ernesto Hemingway, más bien al contrario.
Y me temo que en esta aclaración puede ocultarse el tonto celo del que pudiendo fungir de nativo teme que se le confunda con antropólogo guiristino. Del que, borracho como todas las cubas, anuncia en la ganga de su voz que él ha bebido porque es lo que toca, que no está borracho por supuesta -y muy supuesta- falta foránea de costumbre.
Una tontería, como no hará falta subrayar (una tontería, sí), que acaba -de no mediar algún acontecimiento violento- en una vida perdida por delicadeza, por pretender que se está donde se debe como si allá donde ponemos el pie estuviera el centro mismo del mundo. Lo que no es el caso, aunque éste sea redondo y los toros tengan cuernos.

miércoles, julio 04, 2007

Cognitivas

Lo que no comprendemos y lo que no comprendemos durante mucho tiempo es lo más sencillo. Puede que se trate de un mecanismo compensatorio: "¡Cómo es posible que no entendiera esto!", que figura una facilidad que más que evidenciar nuestras capacidades sería una venganza contra lo tan largo tiempo incompresible e inextricable.
Es posible también que se diga que no comprendemos lo más fácil en un sentido vicario: cuando se trata de algo que compromete nuestra posición, lo que corresponde a una casuística bien conocida. Pero es posible también que verdaderamente no entendamos nunca lo más sencillo, que los pasos difíciles sean los pasos fáciles, que la dificultad sea sólo repetición mecánica de las mismas disposiciones y que la facilidad sea tan simple como para no estar al alcance de mecanicismo, organicismo o cacumen alguno.

martes, julio 03, 2007

4 x 100m estilos


ceci n'est pas une pipe


Con alegría magiar nos solazamos entre corcheras postmodernas. Arriba y abajo, en la variedad está el gusto y otras puerilidades. Cada verano nadamos peor y con el ansia de llegar. Oiga, es que usted no disfruta. Somos unos frígidos de la natación. ¿Hemos acabado ya? Por otro lado, hemos elegido la hora de los torpes y los tranquilos: les estamos dando un baño clorado, en cada largo les sacamos cuatro. A otra hora, naturalmente, la situación no sería tan satisfactoria moralmente.
Que la piscina esté cubierta facilita la navegación al estilo espalda. Nunca nadaremos tan bien como lo hacía Red Skelton en aquella película en la que dicen que salía Fidel Castro. Un pensamiento en busca de una socorrista, pero no funciona. Repetiremos los cuatrocientos metritos. Más que nada por hacer el chorra, descalzos de piscina en piscina, pero con un meyba a la Palomares, ionizados.

N.B.: De aquí hemos tomado el virginal mapplethorpedo.

lunes, julio 02, 2007

Algo habrá hecho

La insistencia en la aleatoriedad del terrorismo, en que no elige a sus víctimas individuales, supone una falsedad frecuente (pues es un hecho que hay terrorismo indiscriminado y lo es también que lo hay discriminador). Además, esa opinión acepta los mismos postulados que subyacen a la ominosa declaración del "algo habrá hecho".
En efecto, quienes sostienen que todo terrorismo es aleatorio en cuanto a la acepción de sus víctimas parecerían temer que el terrorista tuviera sus motivos para elegirlas, motivos distintos a los de la cobarde facilidad o probable impunidad. Pues el asunto es más bien que todos hemos hecho algo, pero que los valores del terrorista no son los nuestros. Esto es, al terrorista no ha de negársele el raciocinio mecánico que va de las responsabilidades de las víctimas potenciales a su acción criminal. Lo que ha de negársele con la contundencia debida es la racionalidad misma de los presupuestos de los que parte y de los contextos en que envuelve su discurso, sobre todo en su relación con los nuestros. Y no hay mucho más que decir al respecto.

domingo, julio 01, 2007

Libro de reclamaciones

El libro de reclamaciones es un depósito final e inaudible. A veces contiene también nuestro gesto supremo en alguna contienda menor y deleznable. O deleitable, pues de tales contiendas se construye la memoria de los afortunados, de los que viven su vida y otras historias en una tercera vía, con perdón, que no es la de la tragedia ni la de la comedia, que es más bien la del relato que oíste a tu padre, quien -como su nombre indica- es un superviviente. El relato que no importa pero que puede ser relatado y que dice: "esta minucia ha expulsado de la conversación otros asuntos más graves o más prestigiosos en apariencia. Se sigue que algo tendrá esta historia para sobrevivir y para alentar una leve sonrisa en los descosidos de la memoria".
En otras palabras, que de vez en cuando hay que montar la bronca a los camareros.