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viernes, agosto 21, 2009

C'est la fin de l'été (para una antología de lecturas de verano)

Las tardes se enmustiecen y no va uno a salir de casa para ver qué está floreciendo heraldo del otoño. La actividad física, las empresas de escritorio y los buenos propósitos del pequeño año de agosto quedaron atrás y las tardes y las mañanas disminuidas por la pereza no nos dejan ni salir de casa.
Mi abulia espera aún de un 24 de agosto yo te conocí un nuevo milagro del invierno del mes de agosto, voluntad e impulso, pero aun el frigorífico está muy lejos... la luz es horizontal y da densidad al monte de allá enfrente, quita ligereza a todo, excepto a aquellos buenos y portentosos propósitos de los que hablamos. Cuando llegue septiembre, las hojas sean llamas, caigan luego en su noviembre funerario que decía el otro poeta, cuando al año de agosto, que es the second cruellest, no le queden otros melocotones -Calanda valga, blándulo idus- que aguardar a otro año de junio con sus cerezas o lo que sea menester.

Tomado de Alonso Yáñez, Las cuatro estaciones de la vía 12, Madrid, Libros del Saúco, 2008.

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