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domingo, mayo 20, 2007

El confiado

Hay dos clases de confiados: los que creen que ocupan un lugar privilegiado en el universo y los que no lo creen así. Es difícil saber cuál de los dos es más confiado, más ingenuo, más culpablemente inocente. Aquél cree que los bienes escasos están siempre misteriosamente cerca de su persona sin que lo estén igualmente de los demás. Cree, por ejemplo, que el saber existe y que alguien que está a su lado lo posee -utilicemos esta expresión- y se lo va a comunicar graciosamente.
El confiado de segunda especie habita en un mundo de abundancias que sólo debido a nuestra siempre excesiva suspicacia no reconocemos. De ahí que lo común sea no sólo que a cualquiera que se cruce con otro en su espléndido camino se le comunicará una verdad paradójicamente inaudita o se le ofrecerá una ocasión de riquezas inabarcables. Es que, por pura simetría, a cada cuál le corresponderá tan generoso papel en buena parte de los intercambios, en la mitad de ellos, fluctuaciones arriba, fluctuaciones abajo.
Como digo, no sé qué confiado debe preferirse. El confiado egoísta es precopernicano pero ilusionado. Al final concluye que una confabulación se aprovechó de su magnética posición de privilegio. El confiado simétrico ha de acabar por igualar demasiado todo lo que el mundo nos ofrece, ha de acabar por decir algo así como: "si hubiera sabido que la verdad era esto".

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