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domingo, mayo 06, 2007

Al fin, el Sol

Se abren las nubes y comienza a brillar el agua que, milesia, está por todas partes. El Sol habrá de despertar a las setas que estallarán en su urbanismo exponencial y apto para metáforas de nimio fuste. Que promoverán conversaciones que no son las de los pescadores, sino las de los buscadores de tesoros minerales.
Pisotearemos la hierba para que haya barro. Pero donde la hierba es más alta andaremos despacio por si se encuentra allí alguna sorpresa gastronómica o, como decimos, urbanística: zafiros para la sartén con ajo.
Por el monte nos dicen que se esconden los lobos, esos señoritos. A los papeles se asoman pastores airados de subvención y contrasubvención. Se ofrecen mastines en las páginas de anuncios por palabras. Se busca un mastín con sus buenos piercings y otros complementos. Nos retiramos monte abajo con la prisa continua del domingo por la tarde. (En estos domingos por la tarde en que suena no tan quedo el piano secular de los noticieros deportivos). Spleen de los domingos campestres; para comer nos han ofrecido asadurilla. Llevamos unos días cerrando círculos como navegantes entre circunloquios.

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