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martes, octubre 03, 2006

Administración

La burocracia, suele admitirse mientras paseamos por la antesala de algún pequeño infierno, se concede con gran competencia razones para crecer más que exponencialmente. Se justifica a sí misma, esto es, parasita el pensamiento y, lo que es peor, nuestras capacidades y nuestros hechos. Digamos "nuestras actuaciones". Ya nos ha absorbido. La administración pública y su lógica transilvana. Behemoth disfrazado de garantías que nos achican como a los increíbles hombres menguantes que ya somos y que se enfrentan a procesos inextricables como nudos en Asia.
Y es que los nudos en Asia son de los peores símbolos que hay porque se nos hace ver un medio como un fin, porque basta con hacer de un medio un medio suficiente para que lo definamos como un fin: los objetivos se ven desplazados por nuevos objetivos absurdos e hipertrofiados, que se encadenan como una maldición pausada y terrible. El poder del papel. Apuntemos que la razón informacional y todos sus cachivaches contribuye con sus candilejas de racionalización, lamparillas que parecen iluminar todo el castillo de arena movediza, pero el paradigma informático es un fantasma que se acaba evaporando y nos deja el agobio. Scripta imperant, algorithmi volant.

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