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domingo, diciembre 03, 2006

Der Untergang

Vuelvo a ver El hundimiento. Historia revelada como teatro del absurdo y su preferencia por los espacios cerrados como escenarios vacíos y propensos a la poética del hormigón, de las sillas en alguna sala de espera y de los animales del zoológico. El Tercer Reich cerrado en los años de sus horizontes más abiertos y eurasianos y cerrado en su contracción final y paranoica.
Esta película (más que el libro de Fest y sus otras fuentes literarias) es una obra, como al final lo son todas sobre el régimen nazi, sobre la normalidad. Por ella fluye pesado y ostinato el tema de la inercia de las naciones y de las gentes y de los individuos. Nos comportamos, parece, como si nada, como si no apoyásemos a un régimen asesino o como si la vida continuase tal y como la veíamos conociendo. Después de Auschwitz se pueden organizar todas las fiestas de debutantes que se quieran. Y se pueden organizar primeras comuniones. Se puede hasta escribir buenísimos poemas. Esa es la realidad y es de suponer que es una realidad no demasiado alejada de ese lado un tanto oscuro de la resiliencia ciudadana. No somos unos asesinos -es un suponer-, no hemos podido acabar con el gran asesino, tampoco le hemos negado la colaboración, pero él no nos ha arrebatado la capacidad, no tanto de volver a empezar, sino de seguir.
Se trata, en fin, de una película sobre continuidades profundas, telúricas diríamos , o como lo dijeran Stefan George, Ratzel o Haushofer. Vaya uno a saber. Tierra y destino. O no.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En ese film Bruno Ganz también está poseso por una clase de terrible, pero también indiscernible revelación. Gran Ganz, dueño de la miseria más excelsa, hierático en su patetismo magnicida...