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viernes, diciembre 29, 2006

Por el río Iregua subía un submarino

Apocalypse Now. Tras ejecutar su tarea, Willard (que comprende Gavagai de los Degar) arranca con el joven la pibber y se va. Se vuelve. Se vuelve en su Bucentauro de redux. Sin problemas suyos porque suyo no es el problema de la interpretación de los planos y créditos finales. Se vuelve, geográficamente al menos. Viajes iniciátricos o de peregrinos, cuyo retorno en la mirada es irrelevante. Justo al contrario que el inaugural (nos parece) Ulises. El regreso se descuenta o es ya imposible y así la trayectoria seguida es irrelevante.
Por otro lado, Willard y Marlowe son narradores y ya no hay barcos borrachos (que suelen descender ríos impasibles y amarrados a los postes pintados nos jalan [a black toad with two wings] desnudos bailando bajo el signo de Marte).
Hay que decir que la experiencia de descender ríos en su tramo final aporta experiencias canceladoras: la capa de agua dulce sobre el agua salada, la barra de arena. En el Nung el helicóptero haciendo volar la lancha, porque el agua son tantos reinos distintos qui nous ont pris pour cibles.

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