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miércoles, diciembre 20, 2006

El sueño de los traidores

No hay traidores. O hay muy pocos. El penoso traidor que no se ha convencido a sí mismo de la bondad de su traición y anda exhibiendo una retórica ineficaz por los mercados más bajos. El cadáver del inocente expuesto en una cuenta y muerto a manos de un traidor que se borrará.
No hay traidores porque los traidores son leales a su trayectoria. Todo fluye y también ha de perseverarse en el más adecuado fluir. Añadamos que no hay héroes. Sólo equivocaciones, perspectivas engañosas o necesidades inferiores. Si los hubiera, sintamos piedad por los pobres héroes que pudieron llegar a traidores y penan en la esfera inferior de la clase de tropa.
Y no habiendo héroes y no habiendo traidores, sólo nos queda pensar en la lluvia y en la goma de borrar. Se disuelve la piedra y se borra la inscripción. Las historias son borraduras que resumen torcidamente la realidad (que es la historia imposible). Surge un héroe o asoma un traidor entre las virutas. Las virutas de su memoria conservan el rescoldo del azar que les ha dejado allí, sobre el pedestal o bajo la escoria.

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