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viernes, febrero 16, 2007

Parque

Esta tarde de febrero es una tarde de otoño. El tenue invierno retrocede a luminosidades y actitudes que nos parecen del último octubre o propias de alguna tregua de noviembre. Tal cosa se debe con seguridad a nuestra inexperiencia del frío riguroso y a algún desasosiego consiguiente que no escapa a la ensoñación vagamente apocalíptica de los noticiarios.
Las conversaciones en el parque ya no son sobre el tiempo. Son sobre el clima. Sobre los pavorosos destinos globales o sobre una nueva primavera (como es de sobra conocido, algunos esperan su venida multimodal, cabalgando sobre los elementos). Los nietos de los abuelos que conversan tanto vuelven como siempre al tobogán y a los columpios. Thanks God it's Friday, la película de pronto hará treinta años y que encierra casi tanta sabiduría semanal como el "C'était un très-au vent d'octobre paysage,/ que découpe, aujourd'hui dimanche, la fenêtre..." de Jules Laforgue.
Yo me temo que estos ciclos semanales pronto se verán afectados del spleen planetario que convierte el milenio en un torbellino. Este parque se llenará de ancianos en inverosímiles madrugadas, desorientados como ancianos o como brújulas en tiempos de desolación. Tal vez mueran los castaños de indias o vuelvan los cisnes de su exilio epidemiológico, pero como si los hubiera pintado Frank Miller y otras mutaciones. Los lunes serán una fabulosa semana inglesa, la de los mitológicos años en que nuestros padres trabajaban a sabiendas de que el ocio dolía como el hambre.
Los miércoles seguiré con la monodia tontamente profética de estos futuros y sus futuros desperfectos. O, por fin, me levantaré del banco despintado, dejaré el parque y las canciones de Nino Bravo y me iré con la música a otra parte.

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