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domingo, febrero 18, 2007

Objetos perdidos

Es una contradicción. Si es objeto es que está ahí, delante, tridimensional, tangible. Y es que los objetos perdidos han sido encontrados por alguien que no sabe quién los perdió o a quién pertenecen. Nosotros podemos perder las llaves o un candado. El mechero, la agenda o el paraguas. Pero no podemos perder objetos.
En su sabiduría burocrática, el lenguaje reserva el negociado de objetos perdidos a los que ya han sido encontrados. Quien recupera allí su posesión hace que el objeto vuelva a ser las llaves o el maletín y pierda esa genericidad callada y obsecuente del objeto mudo que, en ese lugar rapsódico, admite ser clasificado junto a otro objeto igualmente mudo.
Los objetos encontrados son el destino por analogía de una aventura tan desprestigiada como es la del llamado arte moderno. El arte clasifica por origen; el artista les ha contaminado de arte. Cuando la época del artista se evapora, nos fijamos en la contundencia de la llamada obra. Está ahí delante, soberbia pero anhelando que continuen las preces de los adoradores postrados. Tan capaz de establecerse en los anaqueles polvorientos del negociado del arte, tan genérica, tan vacía de todo lo demás.

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