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lunes, febrero 12, 2007

Charade by Northwest

Incluso en notables películas, los trampantojos para los ojos del entendimiento del guión no pasan de perdonables. Son una arquitectura pintada que es imposible y además no se puede erigir. Son verosímiles sólo por la suspension of disbelief que es producto de la mera acumulación de inverosimilitudes.
Inverosimilitudes, las hay también globales. En Charada, de 1963, unos militares ful esperan pongamos que dieciocho años tras el suicido en el famoso búnker para ajustar cuentas por unos misérrimos 250000 dolares, los que no han necesitado para vivir mal que bien entre tanto. En Con la muerte en los talones, no sabemos si denunciar la estrategia de los unos o la de los otros. Es notable que las dos compartan un motivo con El golpe, a saber, la suplantación de personalidad, domicilio o despacho mediante. En los tres casos, parece que la circunstancia es el elemento fundamental para que el yo sea el que se busca.
En la realidad, la inverosimilitud es una suerte de error categorial. Si lo verdadero es inverosímil es que nos hemos equivocado, lo que vale para las anécdotas o los irrelevantes sucedidos. Si en la realidad se da también un trampantojo global, éste debe de incluir muchos espejos y a saber por dónde nos andamos.

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