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miércoles, febrero 14, 2007

Satélite

Los artificiales y su casuística zoológica. Sus antiguas dinastías, de cuando el I, el II, el III eran fundamentales en su épica bip-bip. La Luna es otra cosa. Y además nos proporciona una curiosa demostración de cátedra campestre o suburbana cuando, sobre el horizonte, nos parece tan grande como una tierra de promisión hecha de algún queso dubitable.
La Luna, que nos concede la primera demostración de cómo caer puede darse sin caerse, es grave y. al decir de algunos, grávida. O ligera, como el que danza bajo la luna. O qué sé yo, como el que llora bajo la Luna, la cual siempre está ahí cuando de se trata de iluminar cementerios pálidos o trochas que no llegan a senderos.
Aunque nunca bailaremos en los marciales bailes de Marte, alunizaremos algún día en un sereno mar de la Luna. Cuando se pueda ir en hidroavión.

1 comentario:

León dijo...

los sate-lites pululan, miran de reojo, atraidos pero no tanto, como botellas de Morandi sobre la mesa cósmica de la sopa
bodegón I, bodegón II