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lunes, enero 29, 2007

Solitario

Cuando me visitan memorias agradables del pasado, siempre estoy solo. No creo que yo -yo ahora- haga lo más mínimo para que éstas sean las imágenes que me provocan el extraño sosiego que transfiero a algún momento tal vez indeterminado de mi vida, de cuando tená treinta años, o cinco, o diecisiete. De hecho, llegan a menudo recuerdos desagradables. Y si no trágicos o dolorosos, al menos sí indeseados, creo yo, o indeseables.
Así, concluyo que anhelo un estado de soledad o de anonimato. Pero ser desconocido no calma lo suficiente. Desconocido, serlo a uno mismo, que no es lo mismo quizá que desconocerse. Me temo que cualquier cosa que diga al respecto sonará estúpida o mística, si hay diferencia, pero la insatisfacción con mis palabras, que pese a todo escribo para que otros lean, me hace pensar en una memoria vacía, sin imágenes: la idea abstracta de una circunstancia en el pasado en que estoy solo y tranquilo. En que tampoco yo me molesto.

De Jorge Luis Pérez Montón, Memorias de un solitario frustrado, Vitoria-Gasteiz, Beri Beri Ediciones, 2003.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Su cita nos recuerda que en el anonimato puede darse un cumplimiento muy cercano a la entereza.
Usted ha sentido que este fragmento explica algo que usted siente y que ahí está mejor explicado de lo que usted lo hubiera hecho; no opino lo mismo.
Desde mi anonimato, un abrazo.

pdro dijo...

Sí, se notaba raro al comienzo.

Anónimo dijo...

Absurda pero necesaria pregunta...: ¿es usted, es usted pdro, o pdro siempre es "otro?

marideliwes dijo...

Este pdro es otro, es el inusual; y más cosas. Si pinchas sobre él, podrás ver todos sus blogs.

Y usted anónimo, ¿es el mismo que hace un rato? Porque eso si que es un jaleo.

pdro dijo...

Mi héroa.

Anónimo, dime por qué, en qué te basas, o qué te ocurre. Que yo no lo sé.

Que me responda primero el segundo.

Sí, me pinto el bigote, qué pasa.

pdro dijo...

Ah, creo caer. El maestro y yo somos tocayos.

Aunque él, y yo, qué coño, es inimitable.

Pero mírame.