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jueves, enero 25, 2007

Profecías autoincumplidas

Entre ellas –porque incurren tantas veces en la calificación y la valoración hiperbólicas- las amenazas meteorológicas. Es decir, la realidad no puede ponerse a su altura. La historia de Pedro y el lobo ha de entenderse a esta luz. No es que Pedro mienta hasta incluida la penúltima ocasión. Es que Pedro expresa una sobrevalorada probabilidad de la visita inminente del lobo.
O el lobo de la fábula, por descomunal, hará que el triste, famélico lobo, omega o más bien omicrón de los lobos, deje apesadumbrado al pastor de épica vocación que le aguarda. Puede también darse el caso de que la profecía quede tan corta que la realidad, cuando llegue, no se reconozca, dejando en falsa o, más bien, en el olvido la prudente profecía del azaroso prospector.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Prospecciones, amenazas, el lobo de la fábula se autocumple ¿como la tortuga de Aquiles, pero en plan Speedy ritardato? El prospector se equivoca casi siempre, le es imposible reconocerse en su monólogo autocumplido, un monólogo amartillado, enfático. Todo es juicio y, por lo tanto, a punto de equívoco. Ya lo dice usted, es que se sobrevalora el husmeo lejano - o no, depende-, eso es, hemos de admitir que depende de qué clase sea el lobo. Pero, husmeando al otro prospector, igual de enfático mas monótono, hay que atender a su casi final: "Puede también darse el caso de que la profecía quede tan corta que la realidad, cuando llegue, no se reconozca." Casi un consuelo para los que de verdad sean curiosos.