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lunes, enero 28, 2008

A lo lejos

El anticiclón, desde esta altura, nos concede horizontes que abarcan a varias provincias. Y, por tanto, este invierno nos visita cada mañana como una amenaza sorda y soleada. A esta altura, el termómetro marca más de diez grados centígrados y nos hacen sudar jersey y anorak, lo que incluye la latitud latitudinal de ambas denominaciones.
Más arriba, a los mil ochocientos metros sí que notamos un poco de fresco, pero nada especial. Aquí mismo y más abajo hemos visto de todo: cámaras de video que no funcionan por el frío y amarillos carámbanos de narices, esto es, de las narices. Y ya no lo vemos.
A las cuatro, el Sol nos dice que se está ocultando detrás de una peña y que se acaba el recreo. Nos miran los piornos como les miramos a ellos nosotros, con la extrañeza del anticiclón. Con algo de sol sobre la lana, nos ignoran las ovejas, que desde su olimpo mordisquean los hierbajos de la cuneta.

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