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jueves, junio 14, 2007

Fantasía

Vivir en un mundo propio, en un mundo fantástico, que se dice, es algo así como una aristotélica vida teorética, pero de baja estofa. Es una renuncia a la acción y una evitación perpetua (y fallida, pues sólo lo suple con la derrota igualmente perpetua) del conflicto.
El niño que opta por la inacción y que, años más tarde, se descubre en un arrebato faustino por la acción, es un niño pavloviano que ha reaccionado con demasiada premura e intensidad a algún revés irrelevante.
Ahora bien, es evidente que una formulación que incluya esa rara noción de "un mundo propio", si empleada es este sentido que no en otros que a veces se coligen, no significa nada y menos lo que puede designar (estoy tentado de proponer al lector que sustituya respectivamente "sentido", "significado" y "designación" por los fregeanos Sinn, Vorstellung y Bedeutung). Pues lo que designa es una posición lateral, subsidiaria, tolerada.
Una vida que se basa en la repulsión del conflicto está sujeta a múltiples melancolías, a sucedáneos y a escapatorias. Está sujeta también a una falible sobrevaloración de la vida política y activa. Por no hablar del agotamiento de quien tras algo leer y haber comprado muchos libros, deja de leerlos para, al cabo de algún tiempo -también y con lucidez innegable-, dejar de comprarlos.

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