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sábado, abril 28, 2007

Primavera

Las lluvias de abril y el verde de las lomas, o la arena de los caminos se diría que crujiente bajo nuestros pasos, crujiente y húmeda, lógicamente en un contradictorio prestigio de repostería y regadío.
La primavera es breve como lo son las lluvias de abril, que nos visitan hasta que se aburren de sus incursiones sobre el caminante y sus rápidos repliegues, aunque nosotros no nos aburramos de los cielos cambiantes, claros y oscuros a la vez, que nos parecen cielos en tres dimensiones como un multimedia de alguna secta evangélica.
Apreciamos, decíamos o queríamos decir, la lluvia sobre la arena, la sílice y el agua, esa tabla para nuestras pisadas, las de los perros, para las rodadas de los todoterrenos y para las irregularidades de la escorrentía a pequeña escala. Esplendor en la hierba a la espera de la gloria en la flor. Breve como la lluvia que apenas había comenzado.

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