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jueves, febrero 21, 2008

Zen y cero

La acción es un espejismo peculiar cuando se habla de ella. Y lo es en el espejismo del futuro o en los laberintos del pasado. Si el cobarde muere mil veces es porque suma a su acción (o a su pasión) las otras mil de temerosos resultados y todas son muerte, probablemente más que la milésima.
Del mismo modo, es sabido que las historias de aventuras o de acción son otro teatro en el viento. Que en ellas no abunda la acción ni se da apenas eso que se llama aventura. Que el tiempo se va en el caminar animoso con que se sale de casa mientras se pregona la propia disposición o la ingenua esperanza.
Con lo que se deduce que la acción equivale a su falta, que no la percibimos, que la contabilizamos cuando no debemos, que la contamos como si hubiera sido y así deja de serlo. El séptimo, pereza.

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