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martes, febrero 12, 2008

Las costuras de los expedientes

De las guerras y de los genocidios queda huella administrativa que, de algún modo, se redime porque pasa a ser significativa a los ojos del lector. La banalidad del expediente se contrae y el documento mecanografiado pasa a ser hipóstasis precisa de actos irremediables.
A la inversa, la administración parecería procurar apariencias aceptables a cualquier página del catálogo de lo inhumano, lo que posee un valor psicológico notable para la tranquilidad o paripé de las conciencias.
En tiempos de paz o de tibieza, en los que no hay grandes resoluciones que tomar ni se nos pone a prueba, en que la obediencia debida nunca es de asesinos a asesinos declarados, y puesto que conviene ser aristótelicos en lo que se refiere a la teoría de la potencia y el acto, a la pulcritud administrativa debe acompañarle el recordatorio de que nunca será sustancia, y que puede afinarse hasta el virtuosismo incluso ante las más atroces empresas.

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