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martes, noviembre 27, 2007

Mon souci, mon besoin

Con esta entrega estoy dispuesto a enemistarme con algunos conocidos que no me leen, víctimas de la debilidad del peluquín desde años juveniles y bisoños, como mi amigo P. cuyo bisoñé sobrevuela su cabeza de tal modo que al verlo hoy tan afanado, si besogneux, me ha parecido que llevaba boina: el pelo parietal es temporal, pero el bisoñé permanece.
Aunque éstas son cadenas de las que es difícil librarse. Y bien peculiares porque a ningún prójimo se le oculta la comedia durable de tantos años: se trata de confesar un secreto a voces y ésa parece ser la confesión más dura. Los sesos andan desnudos.

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