Anuncio visto en Marca, 16 de Noviembre de 2011, página 33.
Esto parecería adecuado para una encuesta de tipo Richard Wiseman: ¿Intentional or unintentional?
miércoles, noviembre 16, 2011
martes, noviembre 15, 2011
Un poema de John Romney
El que yo era
Soberbia de no enfrentarse
De amurallar el pequeño mundo,
El ridículo y soberbio rincón
De tan afamada e ignorada soberbia.
De no publicar estas dos líneas
que aquí incluyo como espejo.
Soberbia al despreciar el juicio ajeno
O al temerlo tanto que se evita.
Soberbia de dejar pasar los días
En la más arruinada de las torres.
Soberbia como otra cualquiera soberbia,
Lo cual es ciertamente paradójico.Del original "Who I used to be", en Poems Found in a Bottle, 1968. Traducción ciertamente aproximativa que nos hemos permitido.
miércoles, octubre 26, 2011
Autopoema
Deshacernos de nuestra fase haploide
De nuestros semiclones
Cabeza y cola
Tan parecidos a nosotros
Pero puede decirse que la mitad del otro sexo
Lanzarlos al mundo
Ponerse manos a la obra
Deshacernos de nuestra fase diploide
martes, octubre 25, 2011
Flying planes can be dangerous
Ángel Expósito (ABC, 23 de octubre de 2011) se escandaliza y, como no nos importa que al final vaya a lo que vaya y apunte a lo que apunte, entresacamos una de sus frases a propósito de Libia, que los libios son unos salvajes que linchan de muy malos modos a sus no tan antiguos líderes. Escribe Expósito:
Que parece que somos muy majetes y resulta que en verdad apoyamos a unos salvajes con F-18, fragatas, submarinos...
Pues bien, dado que la oración:
I saw the man with the telescope
ya está muy vista, propongo que la sustituyamos como flor de la ambigüedad sintáctica para uso de maestrescuelas y otros intermediarios de apuntes por el citado fragmento -o más brevemente y con ventaja por el subrayado- del periodista de ABC, Vocento y otras hipóstasis e idiotetes, que decía San Gregorio Nacianceno.
Ahora bien, si concedemos en nuestra lectura malintencionada que puede haber salvajes con F-18, esto es, que los salvajes somos nosotros, estaremos infringiendo un teorema fundamental de la antropología comme-il-faut, a saber que si se usan bien los F-18, entonces no se es salvaje (en esta antropología, nadie es salvaje si llama salvaje a otro; en la otra sólo es salvaje el que llama salvaje a otro).
De lo que se sigue que, para evitar tal infringimiento, hay que advertir que “salvaje” es un predicado si no ética y moralmentemente neutro, sí al menos de difícil estimación y peor catadura.
Y, además, lo cierto es que hay salvajadas de una gran funcionalidad y que evitan engorros, cantatas y relaciones impertinentes. Por otro lado, qué más civilizado que las trabajosas narraciones sobre la muerte de Gadafi que han venido sosteniendo las nuevas autoridades libias, inasequibles al enmendalla y a otros desfallecimientos propios de sociedades francamente preestatales.
jueves, octubre 13, 2011
Soy español. ¿A qué quieres que te gane?
Soy español. ¿A qué quieres que te gane? -Acaba el mes de octubre, el de las noticias de Estocolmo. Además de los que se puede esperar y que son unos cuantos, nos ganan en términos absolutos (no nos molestamos en consideraciones demográficas ni en extricar premios científicos, etc.): Australia, Austria, Bélica, Canadá, Dinamarca, Holanda, Hungría, India, Irlanda, Israel, Noruega, Polonia, Sudáfrica, Suecia y Suiza, salvo error o más probable omisión.
domingo, septiembre 18, 2011
Qué tiempo tan feliz!
¿Dónde están más locos? ¿En el geriátrico del manicomio? ¿O en el manicomio del geriátrico? ¿Y dónde son más viejos?
jueves, septiembre 08, 2011
Curl your hair as you can – ¿Cuál es la conducta racional?
Imaginemos que volamos pasajeros a bordo de una gran aeronave junto con otros pongamos que cien sujetos mutuamente desconocidos más la acostumbrada tripulación si no siempre atendida, siempre atenta.
Y que, émulos del difunto capitán de El Poseidón, escuchamos con la incredulidad hipócrita que procura el verse introduits dans une histoire al sobrecargo preguntar si hay algún piloto entre el pasaje. No hará falta imaginar que no lo somos, así que pilotos lectores, absténganse. Tampoco que alguna gravísima contingencia, y no necesariamente una intoxicación alimentaria, ha dejado fuera de juego a los pilotos.
¿Qué debemos hacer? Si, como es probable, no hay ningún piloto a bordo aparte de los uniformados y nadie levanta la mano y se ofrece para lo que sea menester pilotazale, nada se habrá ganado –y puede que perdido todo hasta pascalianamente hablando.
En cambio, si aseguramos –quiebro en la voz ahogado– estar en posesión de la envidiable acreditación de piloto, existe alguna probabilidad de que, una vez encomendada la tarea heroica que nos aguarda, la llevemos a cabo a satisfacción de todos los finales felices.
No se olvide que no podemos retrasarnos en presentarnos ante todo el pasaje asambleario más del lo debido, pues la duda puede crear sospecha acerca de nuestra impostura y de aquélla resultar un motín con todo su atavío y mito populachero y negatifo, lo que no dejara de dejar de parecer reprensible a los monopolistas ángeles de las alas.
Téngase en cuenta por último, si pareciera racional presentarse como piloto, que el triunfo –pobre triunfo pasajero– ecológico del argumento podría llevar a un overbooking de comandantes, entre los que incluso podría contarse algún piloto verdadero y experimentado, el cual habría de someterse al correspondiente concurso oposición antes de hacerse con los mandos, y esto sólo si finalmente él es el agraciado para enhorabuena –hipotética– de todos.
lunes, mayo 23, 2011
Soneto en -ix
No en galo reducto dudoso jefe
Escudo lo porta en griega noche
Que son canta mezclado sotto voce
En Jalisco nunca en México D.F.
Sin encontrarse meque nunca trefe
Retratado adusto del Maler Otto
En aquel viaje vago hacia Ascó en moto
O en aquel otro que arrobado de fe
Licidad y galvana y whiskies dycs
Le llevó raudo al oeste de Java
Galopando mudo como Tom Mix,
Allá donde el azufre bulle y lava
En su pendrive apenas floppy dicks
Que vela al viento el agua y la sal lava.
domingo, enero 09, 2011
Ciclos y retorno hay cuando algo cambia o ha cambiado
Lo periódico se entiende como sujeto a una ley que sobrepasa a los individuos en su indivualidad; pero esa ley puede pertenecer al reino del azar. Climatéricos lustros son así la imagen de las múltiples causas que concurren en la carrera (que para imagen ésta) de nuestra vida, y que sin ningún propósito ni certeza vienen. Y de aquí sigo yo que grande es la reconciliación que nos exige todo retorno eterno, porque si todo cambia no hay dos sino uno y sujeto a tales condiciones que es más bien nada.
Federiquito Noche, L'Année dernière à Moenchengladbach, Netzer Verlag, Coesfeld, 1901.
Lo periódico se entiende como sujeto a una ley que sobrepasa a los individuos en su indivualidad; pero esa ley puede pertenecer al reino del azar. Climatéricos lustros son así la imagen de las múltiples causas que concurren en la carrera (que para imagen está) de nuestra vida, y que sin ningún propósito ni certeza vienen. Y de aquí sigo yo que grande es la reconciliación que nos exige todo retorno eterno, porque si todo cambia no hay dos sino uno y sujeto a tales condiciones que es más bien nada.
Federiquito Noche, L'Année dernière à Mönchengladbach, Netzer Verlag, Coesfeld, 1901.
lunes, diciembre 27, 2010
Ciclos
Nos percatamos del frío al que el Sol y otras transparencias acompañan en este diciembre con un retardo que no sabemos si atribuir a las neuronas, a las particularidades térmicas de la polipiel o al reino de la sinestesia y su eterna batalla pírrica con la entropía.
Compro el diario y entro en una caja de ahorros. Entro en un bar y con el café con leche tomo una porción en caja de plata de roscón de reyes, pero un trozo de roscón no es un roscón: con los camareros la topología decae como decayeron los otros candidatos.
Todo se parece tanto a lo anterior que sólo puede descubrirnos que nunca conocimos lo anterior, que al nosotros se incorporan capas de desmemoria disfrazada de sabiduría desesperanzada, como si esta vida más bien alicorta nos enseñase que sabemos algo en lugar de nada, como si esta brevedad fuera un curioso volatín del infinito y sus scherzi tos.
lunes, mayo 31, 2010
Camellos
Al parecer, a quienes sólo son adictos potenciales las sustancias estupefacientes les son proporcionadas a precios bajísimos o regaladas, al tiempo que el vendedor canta las maravillas de su producto y lo extraordinaria que es la vida de sus consumidores.
Más tarde –dice el relato sobre este mercado–, una vez cautivos los clientes en su adicción, se suben los precios, se aparenta o se subraya la escasez de la mercancía, y se ponen en marcha todos los mecanismos oportunos para incrementar el beneficio o para compensar las dificultades que el camello detallista pueda tener con sus proveedores o con los que ponen trabas a su libre comercio.
La ventaja de relatos como éste es que su verdad es independiente de la mercancía: sucede también con esa droga que se llama tiempo, que ésa es la mercancía que venden los banqueros.
Más tarde –dice el relato sobre este mercado–, una vez cautivos los clientes en su adicción, se suben los precios, se aparenta o se subraya la escasez de la mercancía, y se ponen en marcha todos los mecanismos oportunos para incrementar el beneficio o para compensar las dificultades que el camello detallista pueda tener con sus proveedores o con los que ponen trabas a su libre comercio.
La ventaja de relatos como éste es que su verdad es independiente de la mercancía: sucede también con esa droga que se llama tiempo, que ésa es la mercancía que venden los banqueros.
lunes, febrero 08, 2010
Coucher avec mon moi
Tenuemente avergonzado por su incompleta formación, afirma llevar ya bastantes días yéndose temprano a la cama para allí aux lueurs des lampes que decía algún otro, leer los fértiles tomos que exige su ideal.
Sin embargo, el sueño le llega, le está llegando todos esos mismos días, sin darle tiempo tan siquiera a apagar las lámparas eléctricas con su número de watios y de bujías, el libro que rueda sobre la colcha, rodillas o muslos, caderas abajo, los párpados vencidos. Sin haberlo casi abierto, sin haber llegado a la página en que su materia propia se haya coagulado en la sabia disposición tipográfica, sin haber llegado a las palabras, palabras, palabras. Y sin saber si es de él de quien habla, de te fabula narratur. Sin separarse o volver, sin apresurarse tampoco hacia una mujer que tal vez le espere en algún sueño, poco serio o de trascendencia diurna. Desmiente alguna interrupción breve, una luz bajo la puerta, unos pasos arriba, despertares apolíneos de un sueño dulce, la mañana por llegar, tal vez para responder a la pregunta de Marcelo sobre las cosas que suelen aparecerse por la noche.
Sin embargo, el sueño le llega, le está llegando todos esos mismos días, sin darle tiempo tan siquiera a apagar las lámparas eléctricas con su número de watios y de bujías, el libro que rueda sobre la colcha, rodillas o muslos, caderas abajo, los párpados vencidos. Sin haberlo casi abierto, sin haber llegado a la página en que su materia propia se haya coagulado en la sabia disposición tipográfica, sin haber llegado a las palabras, palabras, palabras. Y sin saber si es de él de quien habla, de te fabula narratur. Sin separarse o volver, sin apresurarse tampoco hacia una mujer que tal vez le espere en algún sueño, poco serio o de trascendencia diurna. Desmiente alguna interrupción breve, una luz bajo la puerta, unos pasos arriba, despertares apolíneos de un sueño dulce, la mañana por llegar, tal vez para responder a la pregunta de Marcelo sobre las cosas que suelen aparecerse por la noche.
miércoles, septiembre 02, 2009
martes, septiembre 01, 2009
Fósiles (para una antología de lecturas de verano)
Mira al suelo y sigue mirando al suelo. Mira las piedras del camino, ya tan remiradas por caminantes y paseantes que han ido esquilmando las terebrátulas y los belemnites.
Cuando se va en coche por el camino, se deben remover algo las piedrecillas y eso supondrá una esperanza para el caminante, que camina poco y despacio porque va mirando el suelo y se para lo que se dice cada dos por tres, pero sin haber encontrado -lo comprueba cuando se agacha- la piedra que fue animalejo del fondo marino.
Sin haber encontrado nada, piensa entonces en si la piedra fue animalejo o qué era lo que es ahora la piedra cuando el animalejo era sensitivo, a medias duro y a medias blando, y piensa que de esto no ha quedado nada, y menos en ese camino que se interna en el pinar, que espera al caminante como un bosque petrificado.
Tomado de Anton Geesink González, No podemos caminar, Murcia, Como del rayo, 2001.
Cuando se va en coche por el camino, se deben remover algo las piedrecillas y eso supondrá una esperanza para el caminante, que camina poco y despacio porque va mirando el suelo y se para lo que se dice cada dos por tres, pero sin haber encontrado -lo comprueba cuando se agacha- la piedra que fue animalejo del fondo marino.
Sin haber encontrado nada, piensa entonces en si la piedra fue animalejo o qué era lo que es ahora la piedra cuando el animalejo era sensitivo, a medias duro y a medias blando, y piensa que de esto no ha quedado nada, y menos en ese camino que se interna en el pinar, que espera al caminante como un bosque petrificado.
Tomado de Anton Geesink González, No podemos caminar, Murcia, Como del rayo, 2001.
lunes, agosto 31, 2009
Nulla dies (para una antología de lecturas de verano)
Hoy he leído páginas de dos libros, descuidadamente, y he mirado los periódicos. Por eso no voy a citar a ningún autor de los que suelo citar. Los libros son de Rikki Ducornet (en la traducción que leo pone "ostia" repetidas veces con el consabido significado: nada lamelibranquio ni portuario, aunque lo primero sí por contagio) y de Littell, sobre ese amante de la Costa del Sol llamado Degrelle.
domingo, agosto 30, 2009
Competición (para una antología de lecturas de verano)
Encontró algunas ocupaciones singulares, únicas, inconmensurables, que propendían, por tanto, al sueño. Así se convirtió en un rey al que nadie se comparaba. No podía perder. Ni ganar. Y fue dejando de existir.
Tomado de Gustavo Grandmontagne, Las verdades del barbero, Madrid, La biblioteca del Gólgota, 1976.
Tomado de Gustavo Grandmontagne, Las verdades del barbero, Madrid, La biblioteca del Gólgota, 1976.
sábado, agosto 29, 2009
Viudo (para una antología de lecturas de verano)
El niño no deja de jugar a la pelota, pero le gusta que aquel hombre le pregunte si es buen futbolista o si prefiere el frontón. El niño piensa que el hombre no le había visto nunca porque él, el niño, no sabe quién es.
Quizá el hombre intenta una pregunta sobre si el niño va a seguir jugando o si va a dejar de jugar. No suele subir al pueblo y ha dado la vuelta a la iglesia porque no puede esperar en la puerta al otro coche, que por alguna razón se retrasa. El niño, animado por el interés del adulto, un interés que ha interpretado mal, vuelve a dar patadas a la pelota. La pelota rebota en el frontis, que es el muro norte del templo, una vez y otra. El hombre pudiera querer decirle otra cosa, pero se da la vuelta. Se vuelve con sus pantalones, sus zapatos negros, su americana y su camisa blanca. Resignado, desairado por los últimos días o los últimos meses más que por el niño. Quizá eso es lo que siente, haber sido víctima de un desprecio íntimo y al tiempo público. Su único traje y no lleva cinturón. Ahora su casa en la carretera no abrirá la puerta pese al cartel de Coca Cola. Como tampoco en los últimos meses. Sigue nublado, se adivina alguna gota sobre el cemento. Ahora apresura el paso y deja la plaza. El coche negro está por fin a la puerta de la iglesia.
Tomado de José Antonio Pérez Gómez, Mis cosas del pueblo, Valladolid, Castilla Plena, 1968.
Quizá el hombre intenta una pregunta sobre si el niño va a seguir jugando o si va a dejar de jugar. No suele subir al pueblo y ha dado la vuelta a la iglesia porque no puede esperar en la puerta al otro coche, que por alguna razón se retrasa. El niño, animado por el interés del adulto, un interés que ha interpretado mal, vuelve a dar patadas a la pelota. La pelota rebota en el frontis, que es el muro norte del templo, una vez y otra. El hombre pudiera querer decirle otra cosa, pero se da la vuelta. Se vuelve con sus pantalones, sus zapatos negros, su americana y su camisa blanca. Resignado, desairado por los últimos días o los últimos meses más que por el niño. Quizá eso es lo que siente, haber sido víctima de un desprecio íntimo y al tiempo público. Su único traje y no lleva cinturón. Ahora su casa en la carretera no abrirá la puerta pese al cartel de Coca Cola. Como tampoco en los últimos meses. Sigue nublado, se adivina alguna gota sobre el cemento. Ahora apresura el paso y deja la plaza. El coche negro está por fin a la puerta de la iglesia.
Tomado de José Antonio Pérez Gómez, Mis cosas del pueblo, Valladolid, Castilla Plena, 1968.
Reglas (para una antología de lecturas de verano)
Al principio pensó que aquellos jugadores desconocían las reglas o que, conociéndolas, habían optado por una variante heterodoxa. Pero pronto se dio cuenta de que todos, en aquel lugar y en otros, obraban del mismo modo. Buscó referencias y todas les daban la razón a los demás. Se la quitaban, no a su memoria, sino a él mismo, quien –por cierto- había sido un jugador de alguna relevancia.
En su casa no encontró sus antiguos libros sobre la materia. Nada en una primera visita a la biblioteca; acudió a la hemeroteca, pero ningún documento le devolvía a lo que aún creía la realidad, o por lo menos no lo hacía de manera explícita, contundente. No podía salir de allí con documento alguno que mostrar a todos sus tan lejanso congéneres, tras haber convencido al archivero en primer lugar.
Lo que es peor, se tropezó con alguna literatura confabulatoria que casi le hizo construir una barroca conspiración y casi le asegura su correlativa importancia personal. Estuvo, en fin, a punto de abandonar y dar por buenas las reglas nuevas: al fin y al cabo...
Sin embargo, en el último momento supo que la verdadera lección de todo el asunto no era una que alimentase alguna paranoia venial o mortal, que apuntase a la improbabilidad como único criterio de auténtica certeza, que arguyese el contrato como fundamento tácito o explícito de las reglas y las normas. La verdadera lección era que ahora él podía dar a conocer las antiguas reglas y convertirse en un innovador para siempre recordado de un juego tan popular y, hasta entonces, de tan rígido y tradicional reglamento.
Tomado de Juan Mari Arespacochaga Quesada, Mira tú por dónde, Santander, Ediciones del Séptimo Pereda, 2002.
En su casa no encontró sus antiguos libros sobre la materia. Nada en una primera visita a la biblioteca; acudió a la hemeroteca, pero ningún documento le devolvía a lo que aún creía la realidad, o por lo menos no lo hacía de manera explícita, contundente. No podía salir de allí con documento alguno que mostrar a todos sus tan lejanso congéneres, tras haber convencido al archivero en primer lugar.
Lo que es peor, se tropezó con alguna literatura confabulatoria que casi le hizo construir una barroca conspiración y casi le asegura su correlativa importancia personal. Estuvo, en fin, a punto de abandonar y dar por buenas las reglas nuevas: al fin y al cabo...
Sin embargo, en el último momento supo que la verdadera lección de todo el asunto no era una que alimentase alguna paranoia venial o mortal, que apuntase a la improbabilidad como único criterio de auténtica certeza, que arguyese el contrato como fundamento tácito o explícito de las reglas y las normas. La verdadera lección era que ahora él podía dar a conocer las antiguas reglas y convertirse en un innovador para siempre recordado de un juego tan popular y, hasta entonces, de tan rígido y tradicional reglamento.
Tomado de Juan Mari Arespacochaga Quesada, Mira tú por dónde, Santander, Ediciones del Séptimo Pereda, 2002.
jueves, agosto 27, 2009
A contratiempo (para una antología de lecturas de verano)
Durante algún tiempo celebramos nuestra habilidad para no coincidir en días y horas, posiblemente tampoco en diversiones, con la mayoría inmensa de viajeros, turistas y veraneantes. En ocasiones, celebrábamos lo que sólo considerábamos suerte, la de poder escoger o ser escogidos por días de carreteras más tranquilas y mesones menos frecuentados.
Después las cosas cambiaron. Y no sabemos si empeoró nuestra suerte o si mejoró la de la inmensa mayoría, quiero decir, si ésta empeoró un poco más. A veces discutimos qué es peor: la gran pérdida de unos pocos o la pequeña de lo muchos. Nos ponemos de acuerdo en que no podemos sumar a los unos y a los otros para hacer un todo y comparar. Por precaución, hemos mantenido esta conclusión secreta, para nosotros sólo.
Tomado de Joan Martínez Oliver, Carreteras del Secundario, Lleida, Los libros de los que se van, 2001.
Después las cosas cambiaron. Y no sabemos si empeoró nuestra suerte o si mejoró la de la inmensa mayoría, quiero decir, si ésta empeoró un poco más. A veces discutimos qué es peor: la gran pérdida de unos pocos o la pequeña de lo muchos. Nos ponemos de acuerdo en que no podemos sumar a los unos y a los otros para hacer un todo y comparar. Por precaución, hemos mantenido esta conclusión secreta, para nosotros sólo.
Tomado de Joan Martínez Oliver, Carreteras del Secundario, Lleida, Los libros de los que se van, 2001.
miércoles, agosto 26, 2009
Extraordinario (para una antología de lecturas de verano)
Resuelto a protagonizar un acontecimiento extraordinario, y más cuando ya concedía que él era un personaje ordinario, tanto que “personaje” era término que sonaba incongruente si le era aplicado, resuelto a que el relato de sus hechos se singularizase entre otros relatos, recorre el camino de todos los días y no hace nada distinto de tantos otros hombres y mujeres ordinarios. Porque sólo de ahí puede salir algo extraordinario, descartada la vulgaridad del acto heroico, psicopático, escandaloso, descartada la performance y el toreo de salón a los autobuses urbanos
Tomado de Antonio Urruti Uría, ¿Por qué nadie ha escrito su historia?, Bilbao, Gil Bert Editor, 2005.
Tomado de Antonio Urruti Uría, ¿Por qué nadie ha escrito su historia?, Bilbao, Gil Bert Editor, 2005.
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