lunes, septiembre 05, 2022
Dietario laboral: los de mantenimiento
domingo, septiembre 04, 2022
Dietario laboral: Qué lugares
En el bar, más de un estante acaba dedicado a todo. Quiero decir, a la omnitudo realitatis en versión rapsódica. Frente a las botellas rigurosamente ordenadas, quiizá iluminadas desde atrás, frente a las vitrinas que pugnan por mantener las ortogonalidad de sus contenidos, allí, no siempre en el último rincón, como restos de un desastre antiguo, las llaves, algún mando a distancia, un sobre, una cuerda con un lazo, un destornillador incongruente y dos bolígrafos componen una vanitas que haríamos mal en entender en pura clave termodinámica. De hecho, si los llaveros, los lazos, los sobres, las monedas descabaladas y los mandos a distancia se apilasen por su respectiva especie y las acumulaciones se remontasen progresivamente hacia los géneros (material electrónico, instrumentos de abrir y cerrar,..., ¿qué hacemos con el mando del garaje?), el número de microestados descendería, pero tal cosa nos haría pensar en ciertos cementerios que remedan a las ciudades de los vivos en su seguimiento de la ley de hierro aquella que nos recuerda que todo va por barrios.
Naturalezas muertas que se quieren nuestra auténtica naturaleza. Mementote mori, chavalotes. A quien lo ignora, igual le va a dar.
En fin, vanitas que adquiere una incomparable sobriedad en las desnudas y más bien resecas aulas de nuestras escuelas. Tal vez el minimalismo ministerial que nos ha acompañado sea la causa de nuestra propensión a las repetidas visitas al bar, donde el género pictórico en que tanto destacó nuestro país alcanza su entelequia barroca y duerme un caballero.
Cuando ya no haya puertas, ni vanos, ni muros y el caballero despierte, las llaves y el reloj de arena, las sombras y algún lema que no desdiría de un gnomon*, seguirán allí.
* El lector puede elegir. Proponemos hoy: Una ex his erit tibi ultima.
sábado, septiembre 03, 2022
Dietario laboral: ciclos
viernes, septiembre 02, 2022
Dietario laboral: las bajas
Se va llenando la vida de estadísticas y lo hace de acuerdo con una distribución fatídica, como es sabido. El hombre es ser para la muerte y se va entrenando con las bajas por enfermedad.
Desde el punto de vista del trabajo, están las muertes de antes de la jubilación y de un poco después; y están las muertes de muchos años después, más brumosas para quienes son de la familia.
Antes de todo eso, aquí estamos y nuestra experiencia de la enfermedad se adorna con la contumaz burocracia de los partes de baja y de alta. Nuestra sociedad sigue siendo un circuito de papeles ahora doblado por la red de cañerías de los avisos electrónicos y sus botones para “confirmar”.
Imaginemos un apocalipsis burocrático. No me refiero a un colapso de las oficinas, que todo se andará. Pensemos en un juicio final en que los arcángeles se afanen y discutan por el papel timbrado que le falta a un cuerpo glorioso para los correspondientes trienios de goces varios, o a algún contingente de almas pongamos que pelasgas, rechazadas desde el sector bizantino, que resulta que se ha puesto muy suyo. Atroces soñemos con unos rechazados del averno por falta de un albarán o a una comisión mixta de garantías que debe decidir si el baremo aplicado fue hecho público con la oportuna antelación.
En algún rincón del valle de Josafat, Arnaldo Amalric aullará aquello de “¡Matadlos a todos. Dios reconocerá a los suyos!”.
P.S.: O “Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius” si considera la lengua latina más apta para gestiones de este tipo. El lector sabe que, de todas maneras, no parece probable que el amigo Arnaldo dijera esto.
jueves, septiembre 01, 2022
Dietario laboral: actividades
Con setiembre, y luego más con octubre, incluso personas de edades presumiblemente climatéricas regresan a sus cursillos y aprendizajes imposibles. Es un canto prolongado, de cisne apenas ya discente y que induce a algún espejismo fáustico, faustino o faute de mieux.
Sin embargo la alternativa suele ser la diatriba absurda del jubilado ante el mundo y las iniciativas de las administraciones públicas y de las empresas discográficas o como se llamen ahora. Es posible, no obstante, que alguien conozca la curiosa evolución semántica del término desde el griego original (por ejemplo) y concluya que "diatriba" sea voz que en algún momento convenga a cualquiera de las dos opciones hábiles para esta edad que se quiere esforzada, pero solo en régimen amateur.
O que, aún mejor, concluya sus disputaciones con un resignado acuse de recibo: que no tiene escapatoria atque habilis membris non venit vigor.
miércoles, agosto 31, 2022
Dietario laboral: las reuniones
También son las reuniones heraldos de setiembre, decimos en verso al concluir una de las que abren, ahora lo diremos como si hablásemos de otra cosa, la temporada.
Salimos de la reunión y me cruzo con alguien al que
recordamos hace unos días. Entonces, conjeturamos que hubiese muerto. Así, el
encuentro o tropiezo es una verdadera reunión, pero no sabemos si de dos vivos
o de si otras dos especies en su combinatoria fácilmente tabulable.
O no tan fácilmente. Paul Celan se reunió con Martin Heidegger
un lunes y un martes de verano y quizá no sea tan fácil deducir cómo se distribuyeron
los papeles, o siquiera si tal cosa era posible.
La cosa, una reunión, hay qué ver y hay que ver. Este
verano, en una reunión alguien llevó la etimología del inglés “thing” hacia la versión
de este Martin que parece hablar más del arrejuntamiento de trastos que del de
individuos, y hablaba de “thing”, pero podría haberlo hecho de “Ding”. El
argumento le funcionaba igual. A Martin es muy cierto que no se refería, que es
otro alejandrino si acentuamos o no a la española.
En esa reunión tal vez nos reunimos cuatro cosas, The Fantastic
Four monotónicos, acogidos a nuestra propia ley de Grimm y a nuestra
cuaternidad, a nuestra cuadratura. Yo no me llamo Geviert. Y el poeta, que
decía que no podía evitar reunirse donde se reúne la reunión. Qué más quisiéramos
todos y que todos estos absurdos consten en acta.
martes, agosto 30, 2022
Dietario laboral: ni subir, ni bajar
Nuestra amiga Estrella se
apresura a darnos explicaciones cuando advierte nuestro disgusto, sobrepasada
ya la altura (así se dice en el movimiento horizontal por calles y
calzadas) donde se encuentra parada, cuando ha visto los gestos de saludo tornados
en los que anuncian desasosiego, enfado o anatema:
- ¡Que no soy yo!¡Que no soy yo!
Comprendemos, ella comprende que
hemos comprendido, mientras Estrella, ajena a este caso particular de la
confusión que la ha acompañado siempre (a ella y a la que no es ella) estará a
lo suyo a quizá varios kilómetros.
Estas situaciones de dificultosa
discernibilidad constituyen uno de los modos fundamentales de nuestro actuar y
pensar. Deseamos pensar en dos cosas indiscernibles, pero no podemos. En
cambio, podemos descubrir que lo que con toda familiaridad y seguridad venía
siendo una cosa son dos, o viceversa.
Y es que a lo que vamos es que
con los indiscernibles parece suceder que solo podemos decir que no son dos, no
podemos poner dos cosas mutuamente indiscernibles una al lado de otra y pensar que son la
misma. Y tampoco podemos en la operación conversa tomar dos cosas, añadir que
son idénticas y luego intentar discernirlas. Si tomamos dos cosas, ¿cómo osamos
añadir que son idénticas?
En fin, si nos da por libresquear
un poco el asunto por las estanterías y anaqueles, veremos que esta entretenida agudeza es de las que nos lleva hacia el proceloso
sargazo de la modalidad.
Vayamos, pues, a un supuesto ligeramente distinto
que no sé dónde podrá encontrar el lector ni dónde lo he encontrado yo, ni si
lo he encontrado.
Supongamos que voy a enunciar a
continuación un argumento definitivo contra la discernibilidad de los idénticos.
Sin embargo, antes de leerlo, el lector (este lector me lo estoy inventado,
y no es idéntico a mí) sospecha que lo que voy a decir aparece palabra por palabra
en el libro de otro a un tiempo cierto e incierto autor. Como quiera que, al tan solo
descubrir las primeras palabras del argumento que presento, comprueba que
coinciden con las del argumento del autor que yo (como buen plagiador) he ocultado, el lector se ve reforzado en su creencia de que es el mismo
argumento, que solo hay un argumento impreso o inscrito repetidas veces (pero
eso es otra historia).
Deja de leerme y, sin embargo,
algún tiempo más tarde (digamos que se ha tomado dos cañas) piensa en mi
argumento, esto es, en el del otro autor. Por un momento, en lugar de llamarme
Pedro me llama Pierre, pero entonces percibe un aspecto algo oscuro de la
cuestión, hasta entonces inadvertido: Y no se trata de que pueda haber individuos
que adjudiquen una, otra o ambas autorías al argumento, ni de que sea ahora
cuando descubre nuevas, si bien moderadamente dudosas potencialidades en el
argumento.
La cuestión es que piensa que
aquel autor llegó a su argumento a través de las etapas más o menos azarosas de
sus lecturas y sus apuntes, de sus arduas discusiones y sus irreducibles casualidades, pero es razonable pensar que yo no he llegado por
el mismo camino, incluso si es un mero plagio. Es más, es imposible que lo haya
hecho. Por tanto, para salvar los muebles, y sin acabar de leer mi argumento,
decide que la historia no es una propiedad de un objeto, y esta misma
conclusión la afina un poco después sobre renovadas bases. No es entonces
tampoco él su historia y acaba por temerse que él no es él, con lo que llega a lo
que le parece el milagro de su autopresencia repetida. Un milagro, se dice y, algo
buen conocedor de los pueblos navarros, piensa que en la localidad navarra de
dicho nombre festejan a San Blas en febrero y en setiembre, y que en el vecino
Funes, al brócoli.
lunes, agosto 29, 2022
Dietario laboral:el séptimo pecado
La pereza y sus arenas movedizas a la siguiente revuelta del camino, entre la sábana bajera y la encimera, entre poner la lavadora y tenderla. Entiéndase: la ropa lavada. La pereza es compañera inseparable del trabajo y diligentemente vamos recibiendo su visita de cobrador antiguo que ostiende y que os tiende el recibo, satisfecho su importe con una mansedumbre no sabemos si antigua o eterna, que ambos vocablos acaban refiriéndose a cosas parecidas.
Bien. La pereza viene a vernos con el despertador aún vibrante con su vibración de desayuno de los campeones y nunca podremos reconocer como propio el impulso que nos lleva a vencerla, siempre solo provisional victoria, contra todas las vagas expectativas. En fin, hacer lo que se debe es ahora ponerse en "modo automático", así que va a ser que la gracia de Dios a lo que ayuda verdaderamente es al cuerpo y no al alma ni al conjunto de ambas cosas reunidas de un modo, de otro modo, o como en los Juegos Reunidos Geyper, situación esta en que evidentemente se daba un exceso de forma para la muy poca materia disponible. Y a jugar. Como ajedrecistas turcos donde no habitan enanos.
lunes, agosto 31, 2020
Escrito a la altura de Barriomartín
Y si somos flojos en los sueños de los otros.
Y si morimos en el sueño de nuestro padre,
o cometemos una vileza irredimible,
que le amarga el día al despertar.
Y si nuestra habitación arde
en el astuto sueño de algún otro
y éste ha dejado los fósforos en la mesilla
junto al despertador que le convoca.
Y si el pirómano altivo confiesa
en el sueño objetivo de un tercero
que es ahora juez y extiende su dictamen,
y nos lo muestra con símbolos inefables
en nuestro sueño alucinado y olvidable.
viernes, julio 31, 2020
Traducción estrafalaria. Verano 2020
viernes, agosto 09, 2019
Toute traduction est un hommage à trois
Qué majo el peripato
Qué buena es la UNED
jueves, agosto 08, 2019
Qué malas son las academias por correspondencia
Qué mala es la escuela
Qué malo es el ocio
Anécdota de la tina
En Tennessee planté una tina
redonda en la colina.
Al puto malpaís
lo hizo tondo del otero.
Y al rodearla cuesta arriba
resultó ser jardín francés.
La redonda tina sobre la cima
vertical y dándoselas de fina.
Controlaba de radianes dos pi
la gris y rotunda tina.
No es un tiesto para plantas,
ni en Byrdstown, TN se achanta.
viernes, marzo 08, 2019
Borrador
viernes, febrero 15, 2019
The dirty dozen
Un síesquenoesmente evaporados
Quedamos con las costuras al agüero
Queda floja la molleja y de febrero
No nos salvan mil noviembres desnortados.
Disimula tantos pelos la gatera
Como vanos ciudadanos las fachadas
Que acotan a milímetro las plomadas
Y alza aquella menopáusica soltera.
Porque este mes se me antoja el de la joda,
El de tanto funeral y ni una boda
Sin pentagrama y con los mil y un tachones
De este doceto, garrapato a la moda
De Francia, Inglaterra y Suiza por cojones,
Que no quedan otros huevos, ni otros sones.
La mañana en que había muerto Roberto Iglesias me acordé de su Soneto primaveral a la menopáusica progre y de sus quincetos.


