Vistas de página en total

domingo, septiembre 24, 2006

Nubes

Las nubes quieren ser puntuales. Las nubes no se hacen esperar, esto corresponde a las lluvias porque hay nubes que no nos llueven como algunos creen que debieran. Sin embargo, son competentes jalones o pivotes que coadyuvan al propósito ordenancista de calendarios y almanaques.
Si no en el cielo, las más bien borrosas nubes son formas precisas y salientes en el ciclo de los estíos y los otoños. Un aviso que no deja lugar a prórrogas o crepúsculos demasiado amables.
Hay quen rompe sus hábitos y en una tarde de septiembre se toma el primer café con leche del otoño, como para templar el estómago con una ceremonia gris, que presagia el cielo en libra, que alumbra sagitario.
Al otoño corresponde también una tarde sueño que no se vence, de sueño del tamaño de un melocotón de Calanda, siempre nostálgico de las pelusas del verano. Entre lluvias que puntúan la vendimia como diapasón húmedo, que reverbera entre las calizas que se pudren allá arriba. Busquemos otras imágenes que nos haga tolerable el almanaque -no las hay- y reservémoslas.

viernes, septiembre 22, 2006

Anagnórisis chafardera

Debemos a Cifré la oficialización castellana de la palabra "chafardero". Y así, yo me planteo el caso de la anagnórisis chafardera: descubrimos el nexo entre dos individuos que conocemos: "y es que el de la ferretería es el marido de la hermana del socio de Manolo". Y este reconocimiento nos resitúa en una red que a cada nuevo dibujo nos impone más aproximadas coordenadas en un proceso que nos proyecta cada vez en un espacio más complejo.
Que estas agniciones sean contingentemente erróneas, que no sean anagnórisis puede tener efectos importantes, pero no suponen la introducción de coordenadas sesgadas, abusivas.
Ése es, en cambio, el caso de quien niega la realidad lingüística: A la escritora monolingüe estoniana Elvira Lindo nadie le entiende en Cataluña, por razones obvias. El estonio o estoniano no es lengua hablada por los catalanes. El cosmopolitismo barcelonés y las tecnologías de interpretación y traducción permiten, sin embargo, que intervenga en un acto público en la CC ("Ciudad Condal", que se decía).
Es también reseñable que aunque se truequen los sistemas coordenados, los invariantes se cacen al vuelo: las imágenes líricas de niños, preferentemente en contrapicado, y sus pechos para la nación, una retórica goebbelsiana con un añadido de hipocresía beatitudinal cuando haya de hablarse de ello. Y así también la anagnórisis chafardera: no era el cuñado, era él mismo.

Sepia melancolía

En el As de ayer día 21, Alfredo Relaño parece ilustrar un modo peculiar de nostalgia. Narra un encuentro en Mundaka con Iriondo. Los largos años de entrenador de éste quizá le conviertan, el último de la gran delantera, en el más futbolero de los cinco. Pero el leve, suave tinte del encuentro con un anciano que evoca recuerdos se transfiere a las responsibilidades de los actuales directivos, técnicos, jugadores, del club que traspasó a nuestro héroe a la Real Sociedad.
Las responsabilidades aquí hablan de un futuro próximo, entrevisto en el presente o el pasado de otros equipos que han decaído. Pero ahí se voltea el razonamiento de Relaño y su lección nos revela algo que es más que fútbol, si es que hay algo que no sea fútbol.
Hemos comenzado diagnosticando un tipo de nostalgia peculiar hemos dicho, pero tal vez sea la del artículo de Relaño la condición de toda nostalgia. No sólo miedo al futuro, que no es otra cosa sino una configuración fenómenica del presente (lo que alguien dice que tiene delante), sino un hablar de otra cosa, porque no sólo yo es otro, sino que el otro es un impresentable.

jueves, septiembre 21, 2006

Analogías y aberraciones

En televisión se establece entre el aprendizaje de lenguas extranjeras y el supuesto aporte de calcio, que es lo que se vende. No es cuestión de negar las virtudes de la analogía. Más bien hay que recalcar, por si acaso, la distancia temática entre un asunto y otro. Es el cuerpo del individuo el que acerca los dos tópicos. Por eso, nuestro diagnóstico acerca de la distancia podría juzgarse apresurado. Aun recordamos, al respecto, las virtudes del fósforo y la inconveniencia de los golpes en la cabeza, en particular para aquél que está estudiando.
Quede para el teórico la elucidación y el esquema de estas analogías de atribución mediadas por el cuerpo y sus sistemas, o por todo el transcurso de la vida humana, de la promisoria niñez y adolescencia a la reposada vejez. Nadie sabe lo que puede un cuerpo, a excepción de las agencias de publicidad.

miércoles, septiembre 20, 2006

Hiperbreve / Oulipo / explosión

Una combinatoria aún más explosiva. Tres hechos secuenciables y variamente modelizados. Una vez hecho esto, mentar al lector. Y, por último o no por último, que cada hecho se deshaga en un abanico de perspectivas. Dejar de nombrar al resto del universo: Cuando desperté, vi, me extinguí y vencí.

martes, septiembre 19, 2006

In a straihgtforward way

- En cuanto a su anterior pregunta en que hacía referencia a mi libro de 1958, le diré que me había quedado completamente estancado. De hecho, había comenzado a escribir y, por así decir, razonaba, o repetía razonamientos de mi obra anterior, a medida que escribía, sin plan y sin saber qué venía luego. Esa es la razón de mi estilo tan -tengo que reconocerlo- serpenteante y, como dicen, enmarañado. Lo mejor es que me vi detenido, incapaz de seguir, no con la escritura (una trivialidad), sino con la ciencia, con mi teoría. Cuando ya no podía más, allá por la página 40, cuando ya no sabía que más decir, escribí y allá están todavía esas palabras: "To put it in a straightforward way". Ahí, justo ahí, me detuve durante dos meses porque no sabía cómo continuar. Recuerdo que al cabo de ese tiempo volví a la tarea y el libro se desarrolló, con total consecuencia, a partir de la apodícitica afirmación, tantas veces citada en la literatura especializada, con que reemprendí el libro in a straightforward way.

De John S. Wall, Fifty years of linguistics: An Interview with Ernest Glosslay.

lunes, septiembre 18, 2006

Buridano

Anteriores en el tiempo fueron sus lecturas de los clásicos del conductismo. Clásicos aquí quiere decir algo menos que clásicos, simplemente los libros de referencia en aquel tiempo. Más tarde, entre sus lecturas se contaron otros quasi-clásicos del antimentalismo. No sólo que las condiciones materiales de la vida determinan la conciencia, sino que no te fíes de la papiroflexia de simbolistas, funcionalistas, cognitivistas y demás. El caso es que pudo haber llegado a pensar que había completado el trayecto de Putnam o alcanzado la clarividencia de Quine en la más primera de sus juventudes.
Y así decidió que no debía pensar. Creyó que no pensamos y que no deber pensar era no creer que estábamos pensando. Para evitar cualquier problema, más que concluir, intuyó que debía abandonar tan funesto espejismo de un hábito. Pienso, luego me engaño si creo tal cosa. Dejó de pensar. Pero no sabemos si fue por lo dicho.

domingo, septiembre 17, 2006

Azar contiguo y sin ti

Dio en pensar que su vida, su más o menos satisfactora situación, era resultado de una serie de azares, no tanto, aunque también, esa su favorable situación, sino sobre todo su profesión, su lugar de residencia, su familia o su lugar de vacaciones.
Daba por buena similar conclusión para su mujer, pues -como casi siempre- ella y él bien podrían no haber coincidido nunca: Sus vidas por separado le sonaban como narraciones tan convicentes como su biografía registrada o como su memoria. Y llegó también a idéntica conclusión en lo que hacía a toda su familia, a todos sus miembros, con sólo repasar cómo se habían ido anudando los lazos que la habían ido constituyendo en el poco más de un siglo en que podía reconstruir la historia de ésta, no con archivos que no se molestaría nunca en investigar, sino con los recuerdos y relatos que había reunido en una vida no carente de reuniones familiares con sus inevitables tiempos muertos y anécdotas contadas siempre como si fuera la primera vez.
En cambio, la vida de todos los demás, amigos, colegas, conocidos (vidas de las que podía saber bastante), era una bien delineada sucesión de hechos que se habían ido haciendo necesarios unos a otros, siempre según la bien pautada sentencia del tiempo.
Concluyó que su visión sesgada, con sus dos estilos o géneros narrativos tan bien distribuidos, obedecía a una diferencia real entre un círculo más próximo -o, quizá, de una naturaleza más pregnante- y un mundo exterior -aunque incluyese amigos íntimos- de un orden más mecánico y predecible , diferencia que había determinado necesariamente ese sesgo del que no veía manera, ya lo intentase por juego, de escapar.
Que el reino de la libertad (de una libertad como tal absurda e impotente, su negación) se identificase con el ámbito familiar le pareció que era un síndrome merecedor de un nombre propio, que acabase por conducir en breve plazo a una bien articulada bibliografía técnica.
Ahora anda embarcado en las averiguaciones de rigor, por ver si alguien se le ha adelantado en su descubrimiento científico.

sábado, septiembre 16, 2006

La ciudad podrida

España. Un hojaldre cadavérico con oropeles pagados por un promotor inmobiliario con su bastón de mariscal de descampado. Una geología de hormigón como huesas que se levantan sobre un horizonte polvoriento. Pozos de dinero con toberas que servirán para deshacer lo que se haya salvado. A favor de una ambición idiota y microscópica.
El discurso idiota de quien niega dignidad a los usos para negarlos en las ciudades o a las ciudades para negarlas a los usos. El snobismo del idiota que salta como un idiota para ir de sí mismo a sí mismo y reencontrarse c0n su cara de idiota, lo que nos hace sentir nostalgia de aquella época en que los horteras no habían hecho el bachillerato. Una churrería con juncos de plástico, una tómbola de tumbas y esquelas, la lotería tramposa para que todo el mundo tenga sus cinco minutos de ser el más listo.
Una llama que arde antes del frío y que eleva al aire enfurecido prudencias incadescentes, sus fantasmas vanos ya, como su fuerza.

viernes, septiembre 15, 2006

La mujer bidimensional

Hechos un figurín. Vernos hechos un figurín. Y éstos, como suele ser habitual, estilizados y probando que la vista está hecha para la geometría proyectiva y sus proyectividades y el tacto para el volumen. Queremos decir: la vista desconectada del tacto se pierde en aberraciones bidimensionales, últimamente en aberraciones libidinales (si algo queda en según qué sujetos) y metabólicas.
Vemos también cómo artes o artesanías andan empeñadas en la pérdida de una dimensión característica: la arquitectura virada o proyectada hacia la fotografía y el vestido para un espejismo o una santa compaña haciendo el caballito.
O una perspectiva pictórica que disuelve los cuerpos, los decolora y que buscan los pintamonas con apellidos virando hacia el Milanesado.

jueves, septiembre 14, 2006

Las mediocres intenciones

Consideró, como solía, que aquél que comenzaba no era día de grandes ocasiones ni para grandes trabajos. O ni lo consideró, y puesto que solía inclinarse por lo señalado, habríamos de signar más bien el día en que considerase lo contrario, esto es, que considerase algo: voy a emprender un viaje sin dinero o voy a ponerme en serio con la obra de mi vida. O se van a enterar éstos.
Sus intenciones eran, por tanto, las de alguien carente de toda determinación, a quien la voluntad no acompañaba. De otra manera: en "La voluntad de poder" hay redundancia. Es voluntad. Notemos, sin embargo, que esta última conclusión bien podía ser suya, pues era la consolación de un abúlico que viniera a decir "me adornan todas las prendas; me falla, eso sí, la voluntad, que si no..."
Podía optar por apoyarse en la voluntad ajena y componer el conocido binomio del técnico y el político, pero ¿técnico en qué? O podía no hacer nada, huye, hombre feliz, de todo esfuerzo. Optaría por un dejar pasar el día como un slálom de agudezas o como ese líder político que tanto juego daría opinando contundente acodado en una barra relativamente anticuada, excitado, brillantes los ojos a la hora en que los más tardíos decidieran que no podían retrasar más el primer plato a sus santas esposas y a sus vidas tiradas por los suelos.
Pero ha optado por imaginar en la mañana una entrevista con un periodista que le propone elegantes carámbolas, triples como un silogismo o sintéticas como un entimema sobre el verde tapete. O tal vez se detenga y contemple sus perplejidades secretas en las que no puede detenerse el hombre público que entretiene sus fantaseos y su café con leche. Es posible que él sea verdaderamente ese hombre. Que apenas despierte de su pesadilla de fama y compromisos y que ya no se encuentre. (Entre otras variaciones psicológicas del género de la alienación, el autoextrañamiento, o el ciclismo de mesa camilla.)

miércoles, septiembre 13, 2006

La coleta de Fignon

Tarde entregada a la aerodinámica. Al flujo de aire nada seco. Como a todo flujo rápidamente le descubrimos un sesgo hacia lo que se denomina "mental": la ineficacia aerodinámica es consecuencia de que el cerebro habría necesitado algo más de glucosa.
El debido reposo que permitiría evitar los torbellinos, el debido reposo, que es la cabeza funcionando. La ruta de la seda y miles de onagros. Seda, que avisan los ciclistas, una seda que se lamina entre el aire y pierde viscosidad y sálvese quien pueda. No diré de qué se trata.

martes, septiembre 12, 2006

Chinatown

Los exiguos pantanos, la arrugada ya lámina de agua, los lechos secos (corazón vacío) comenzarán a encadenar sus chinatowns (o china-townes) de complicadas tramas en que las personas cargarán con sospechas que arrastrarán a otros, amores o descendencia oculta, funcionarias fatales, periodistas de aparato dental retorcido e invenciones amontonadas.
La escasez, motor para la conspiración, motor de agua a pleno día, con un sol que se cuela por la falla de San Andrés y por los ocultos pasadizos de toda imaginación. El agua, foco de la intriga que viene. El fuego que acentúa el agua y sus foces resecas. Un país que gasta su último papel en anillos de humo. Los anillos de humo que se alejan y se ensachan envolviéndonos a todos, camino de la fuente, por si acaso.

lunes, septiembre 11, 2006

Leaves of Grass

Grass confiesa. La materia de la confesión es, para muchos, el no haber confesado antes. Algo que puede afearse, pero a lo que no se le niega absolución. No hay que llevar más allá una analogía que ya es engañosa verbalmente, pero quedémonos con los paradójicos caminos por los que la materia de lo declarado se contrae o se dilata no sólo como acción individual por la que el sujeto incurriría en responsabilidad, sino también como hecho o situación objetiva que hemos de valorar.
Curiosamente, los hechos van adquiriendo un tono menor, difuminado, insignificante, no los hechos de Grass, los hechos como tales: alistarse en las SS o cualquier otra cosa, pero no porque lo individual se degrade, sino porque se parte de la disculpabilidad o la culpabilidad insalvables del individuo, a gusto del consumidor.
Aunque los hechos sean de carácter único o extraordinario. O quizá es que no haya hechos de un género extraordinario o único. Es posible que cualquier error o cualquier injusticia contengan de algún modo la mayor injusticia o el más irrecuperable error. Me callo porque como esto último suena algo borgiano debe de ser una tontería.

domingo, septiembre 10, 2006

Núcleo

Rubianes, el caso Rubianes en el teatro madrileño. Las derivas de la discusión, que suelen llevar hacia la gracia de la subvención y la selección de los beneficiarios, lo que complementariamente iguala el mercado a una peculiar justicia.
No en una cadena pública, pero sí en una privada, los españoles han podido ver El núcleo, de Jon Amiel, que insulta a España por el expediente de insultar a todos los espectadores.
Como yo no la he visto más que de trozo en trozo, no puedo atestiguar completamente la verdad del detalle, pero diría que el dinero público que paga a los héroes de la película (que les paga la posibilidad de que sean héroes, porque no se puede pagar a los héroes sin que éstos dejen de serlo) se libra sin que medie concurso. Parece que se compra un bien a un monopolio, lo que no desdice de la unicidad esférica del núcleo terrestre que visitamos en la película.
Igualmente, cada obra dramática debe de ser también única, sostienen algunos -el arte y yo somos así, señora-, y la concurrencia que se produce es falsa. Deducimos nosotros que a una gracia le responde otra. Con lo que, concluimos, lo que el señor nos da, bien nos lo puede quitar. Aunque aquí el señor sea un señor con miedo y aficionado, como en El núcleo, a horadar si no la Tierra, sí la tierra.

sábado, septiembre 09, 2006

Butaca. Patio. Interior. Meridiano

Visitando al Sr. Green o lo que pasa con los padres. Los padres por exceso o por defecto. Los adultos o el teatro como una búsqueda de padres que no compadreen (aún me permito el chiste). El padre que no nos deja ser padres sin pena. Pero el padre que guardamos para otro que sea nuestro padre.
O un vacío alrededor del que gira el tiovivo hinchado de la tradición o del dejar pasar los días. Un vacío tirano que nos deja caer de un día para otro, o que descubre nuestra caída de hace tanto tiempo.
O la redención como un soplo, con lo que puede otro, el otro de al lado. Nada vacío. Estaba todo justo a nuestro lado. Tan fácil, que podemos sospechar que el optimismo es un padre mal informado. O el juez azar.

viernes, septiembre 08, 2006

Historia, individuos, universales

Los experimentos relativos a la inducción de falsas memorias suelen encontrarse, al parecer, con el resultado de que los memoriosos sujetos pasan a recordar historias falsas -por lo menos, a juzgar por sus relatos- surtidas con todo lujo de detalle, coloristas, que sobrepasan la económica imaginación del experimentador por ciento cincuenta cuerpos de ventaja.
Sabemos también que los individuos no adiestrados en la materia presentan cierta tendencia a confundir probabilidad con, digamos, verosimilitud narrativa: consideramos más "probable" que el atracador fuera un varón de raza gitana de unos treinta años con cadenas de oro al cuello a que fuera un varón.
Dirá el cultivador de la ontología que el individuo se aproxima al universal y achica espacios a los juicios particulares. Plantearán en algún departamento aledaño (e igualmente aldeano) el asunto en términos de estética o filosofía del arte: la curiosa semántica del relato que engrandece al personaje, si detallado en su relato, hasta la bóveda de los universales. Los psicólogos dirán lo que les dé la gana y otros no dirán nada.
Tomamos nota de la necesidad de llenar la historia, de que la historia cumpla el trámite de la realidad con sus características tangibles, con la memoria de un paisaje o con la de un guijarro que nos entretiene en un aparte de la batalla. Y es que la realidad debe de ser eso, una cosa muy repleta de detalles.

jueves, septiembre 07, 2006

Cagarla

La retórica que, y todo para acabar pasando por el aro tras haberlo pregonado, le permita luego justificarse: "le he dicho lo que le tenía que decir". La acción política del desorientado, a quien -pese a sus contradicciones- no le negaremos alguna razón ni tampoco su vocación de barquero con su cargamento de verdades, quiere fundamentarse en el principio de realidad y así suele denunciar la insulsez florida que atribuye a sus adversarios políticos. No se comprende entonces que ante su interlocutor principal o para la galería se empeñe en declamar las grandes verdades con las que está comprometido. ¿Espera convencer sinceramente a aquél? ¿No se ha parado a pensar en los costes de su actitud si busca ganarse a la galería?
¿O es que la desorientación es ya de un grado superior? No sólo no sabe cómo llegar a donde quiere, sino que no sabe qué quiere.

miércoles, septiembre 06, 2006

Tractatuculus

El estudio de las cada vez más frecuentes epifanías del sintagma "vida cotidiana" ha facilitado la vida de los arduos especialistas en el fúlgido dominio de la teología política. Es la vida cotidiana el vacío que legitima cualquier cosa que vaya a su lado. Lo hemos visto en el no menos arduo agosto con ocasión del Congreso Mundial de Matemáticos cuando los adelgazados diarios del estío día sí y también al otro publicaban artículos con títulos como el de "Matemáticas y vida cotidiana", "Las matemáticas en la vida cotidiana" y otros por el estilo, aunque ciertamente nos quedamos sin ver algo así como "Las ecuaciones de Navier-Stokes en el futbolín sin piri", sin duda de mayor interés intrínseco.
El País de hoy miércoles ofrece un artículo, que firma J. A. Aunión no exento de interés y de título "Las matemáticas ocultas en la vida cotidiana", si bien la cotidianeidad de que se habla es de muy diversa naturaleza y grado de especialización, pues va de hacer una búsqueda en internet a la criminología. Pero note y anote el lector cómo lo que cuenta aquí no es ya la cercanía para los legos desconocida que media entre ellos y las matemáticas, sino que hay un baño especial en que las matemáticas se hallan sumergidas y que es la vida cotidiana. Si nosotros fluctuamos en ella, probablemente estaremos ya próximos al ahogamiento. Es lo que tienen las fuentes de legitimidad. Por si acaso, procuremos no tener contacto alguno con ese acto puro que se llama vida cotidiana.

martes, septiembre 05, 2006

Termodinámica del portero de discoteca

Prosiguiendo con nuestras investigaciones y como corolario a nuestra presentación de ayer, nos fijaremos hoy en una figura que tanto entretuvo los días de juventud de algunos, al tiempo que fungía como renovado coco o sacamantecas de no imposible burla para adolescentes: el portero de discoteca.
El portero de discoteca la llena con una subclase de individuos y deja fuera a otra no supondremos que totalmente al azar. El gasto que hace lo anota a beneficio de sus bíceps o de algún otro músculo no menos emblemático. En cualquier caso, Maxwell pudo inspirarse en lo que sucedía en determinadas instituciones del Reino Unido bien conocidas cuando asignó a un pobre diablo el diabólico oficio de portero segregador (¿los años de Peterhouse incluidos?).
No cabe duda de que cada uno de los profesionales del ramo no repara en kilocalorías cuando se trata de ejercer su función, por no hablar de los choques más o menos inelásticos de sus puños con algunas zonas de los cuerpos de algunos de los individuos que revolotean en torno a su portería con cerveza. Y hablamos en presente aunque nuestra más bien episódica experiencia se remonta o mejor desciende a bastante años atrás.
Ahora bien, cuando su conducta, la del portero de discoteca, era de carácter verbal o lingüístico era éste capaz de aportar criterios de exclusión tremendamente económicos y que venían a sustituir a expedientes sin duda más complicados: "no se puede entrar con deportivas (esto con alguna otra preposición no menos barojiana)", "sólo entran parejas" y algunas más del mismo género. Seguramente querían que los incluyésemos en el mismo sindicato que el de su patrón boiteux (esta vez de boîte), el diablillo de vista aguda.
(Sobre el hablar económicamente de muchos, aunque el gasto lo hace el lector, puede visitar este enlace.)

lunes, septiembre 04, 2006

El demonio de Maxwell para salidos

Si está tanto rato mirando a las moléculas de gas lentas y rápidas (calientes al fin, propiedad ésta que, aplicada a las personas, sabemos que se compadece con el singular), será porque le gusta, porque le ponen, que para eso es un daimón, por ponernos suaves. Se calentará el hombre. Se le irá la fuerza abanicándose, o se le vendrá el desorden.
(Podemos imaginarnos a Fernan Gómez en su prime of Mr Fernangómez prestándole rostro y ademanes al fáustico personaje, pues todo el experimento mental de marras tiene algo de comedia suave y fantástica de los años cincuenta o primeros sesenta. Antes de los calentones de López Vázquez, un punto manieristas, o antes de los landescos, menos sobrenaturales pero a los que no podemos dejar de reconocer cierta eficiencia, termodinámicamente hablando.)

domingo, septiembre 03, 2006

Mundial

Puede desearse que el personaje hable como si hubiera leído sus aventuras, su historia, lo que es distinto a que se conforme con haber leído, para proseguirlas, sus primeras aventuras. Cuando dice lo que se espera de él, lo que se espera como el personaje que es o está llegando a ser, la verosimilitud se compromete salvo para públicos lectores entregados a una causa de conspiración florida.
Y es que los personajes están todos ya doblados de su imagen y de las helicoides crecientes de la televisión, la prensa, internet y otros mentideros. Lo saben, y por ello mismo ha de temperarse su entusiasmo y su perseverancia en el relato en que han alcanzado la fama y una paradójica recepción.
Por otro lado, las hipótesis conspirativas precisan de un enemigo increíblemente poderoso y las hay de dos tipos: las abstractas, las que nos hablan de la huída del bunker o algo por el estilo y las que se refieren a nosotros y encuentran un sesgado multiplicador en los lectores. Pero destaquemos la necesidad del enemigo poderoso, inasequible, más omnisciente que el autor, el editor, o el niño que juega a las chapas, como en algún pasaje subrayó Juan Benet, o como tal vez lo hizo en toda su obra.

sábado, septiembre 02, 2006

Pistas

La policía austríaca sigue una pista inestimable, pero cargada de una redundancia tonta. Debe de ser culpa de las ruedas de prensa.
En un blog se coleccionan días, que al final no son de nadie y están siempre condenados a perder su juventud. Esto no es redundancia, sino prosopopeya, zeugma, metonimia y papiroflexia, todo a la vez.

viernes, septiembre 01, 2006

Va en verso

Que nada iba en serio pese a todo
Que las sombras contra el muro
eran broma
como broma
El sol radiante afuera
Una verdad que cogiéramos con la mano
O contundente falsedad como un antojo

Ahora cerrar
ahora irnos del todo
Mito del actor que muere al fingir de otro la muerte
Y sin embargo apurar los últimos
La copa en la mano parlamentos

Como si el tiempo que aspiramos detenido
No fuera ya lo sabe el príncipe o lo ignora
De otra materia y de otro artífice
Lenta tersa helada

Y sin embargo ensoñar el pasado que fuïmos
Deshacer la malla
A pedradas el muro del teatro y llegar
Al cenador a la rotonda al último desagüe
Helados postres: ver que todo fuera pura broma

jueves, agosto 31, 2006

Historia inesperada

Salir a la calle un día más, a una hora que no tenemos muy clara salvo por el sol que se anuncia. Volver más tarde a casa tras algunas compras. Salir un día y recordar no se sabe muy bien por qué lo sucedido otro día, pero que no se recuerda muy bien y aun así deja una nube molesta frente a los ojos. Aplicar entonces esa desazón ominosa al día que comienza y pensar vagamente en la futilidad de los presagios, las supersticiones. O edificar un también fútil optimismo y alejar con la razón todas las maldiciones. Sortear algunos contratiempos menores y verlos alejarse como se aleja rápida la materia de la que están hechos los días. Anotar en el haber con un subrayado que la buena contabilidad no aconseja, algún golpe de lo que puede llamarse suerte. Volver a pensar en lo volátil de nuestro pensamiento, en la mecánica zoológicamente menor de nuestroas emociones. Regresar, en fin, a casa. No darse cuenta de la amenaza que se ha ignorado y se ha cumplido: la de la repetición. Insalvable.
(O la de no volver. Mayor pecado. La de la repetición que añoramos en un continuo de añoranza, una nostalgia leve, constitutiva. Un fenómeno psicológico cuya consideración nos lleva al nihilismo vespertino, en especial cuando las olas de calor ya no son lo que eran.)

miércoles, agosto 30, 2006

Vita Nuova

No puntuales, sino en su acelerada precesión -en agosto y no en octubre- nos llegan los fascículos con sus promesas como de universidad a distancia y su imaginación pasmosamente incontinente.
Invariantes de la conducta humana, las pautas repetidas que los primeros números esperan disparar como gatillos skinnerianos alcanzan cotas de barroquismo sulfúreo (la casa mediterránea con estructura de madera, el reloj de cuco casi tan grande como la casa,...) o de morbidez estólida (sirvan los mismos ejemplos).
Pero esperamos renovarnos y la renovación es, como se decía, una serie infinita de repeticiones de una amena pedagogía, el coleccionista que inspecciona con su lupa la enésima falsificación, el maquetista cuidadoso o el técnico en electrónica con su exactitud faustina. Por no hablar del pentecostal aprendiz de lenguas que se sorprende feliz y entusiasta en la celeridad de las primeras lecciones, espejismos que desembocan en el estancamiento consiguiente y nacional.
Pero los fascículos son una gradación insolente de la ciencia y una explosión de los precios de mercado disuelta en la común amnesia. Insolencia a la que han respondido -y era un efecto minuciosamente previsto- los cada vez más numerosos coleccionistas de números uno y de cartones de números uno, ese despliegue etológico en esa charca en la sabana, esa biocenosis que llamamos quiosco.

martes, agosto 29, 2006

We were a few

Enfrascado (sí, enfrascado) en la elaboración de su obra definitiva, para la que ya tiene título: Sobre el número crítico de componentes de las agrupaciones de músicos callejeros, se detiene ante los avisos de la tarde: Joan Clos sustituirá a José Montilla en el ministerio de Industria. Los violines zumbones de agostos le envuelven una vez más en su salmodia de los catalanes y ese ministerio.
El conocido profesor Enrique Ballestero en los años setenta cerraba de esta manera (aunque se le escapaban algunos párrafos más) el prólogo que abría un libro suyo:

“Termino este prólogo al salir de Barcelona (la ciudad que ha creído en la cultura, en la ciencia y en el espíritu empresarial) y al llegar a Madrid, la ciudad que creído en la política como fuente principal de riqueza.”

Et caetera. Queda claro que los pérfidos españoles tratan de hacer que los catalanes sean aún mucho más madrileños de lo que son (estilo Ballestero, se entiende), como siempre lo quisieron, and were ashamed to et caetera. Zapatero y sus estrategias españolistas y maquiavélicas.
A estas alturas, la tesis de la obra viene a sostener que todo es un proceso dinámico en que el grupo responde rápidamente y, en general, de manera reversible, a lo que el medio le pide. No hay sujeto sobre el que edificar una disciplina tan recreativa como la microeconomía musical.

lunes, agosto 28, 2006

Disfrazado de sí mismo

Ciertos blogs, como éste, se alimentan en parte del adelgazamiento que suponen en el proceso que va de la escritura a la publicación, una publicación virtual en el sentido de que la accesibilidad universal no garantiza, como es obvio, que los escritos encuentren lectores.
Pero si el autor del blog se considera como escritor que publica -aun consciente de la limitación señalada- y si persevera en su tarea, nos encontramos entonces ante un posible caso de autodisfraz. Por echar mano de un lenguaje antiguo, virtualmente se reviste de las prendas de algún ideal del yo que le ha ido rondando. Y por simplificar, diremos o podremos decir que se disfraza de sí mismo, al menos en cuanto que aceptemos que la constancia y la regularidad (que no condicen con un desajuste muy grave entre sus esfuerzos y su propia valoración de los resultados) son signos de que también se ha adelgazado la distancia entre lo que hay y lo que se quería ser.
Naturalmente, todo ello a precio de borrar u olvidar la virtualidad de la publicación, la mínima escala de la hetairía que se congrega, o la prueba en contrario de que el blog está abierto para todos y la publicación tradicional, incluso pese al Estado de las autonomías con sus consejeros de cultura, y más la de prestigio lo está para muy pocos.
Pero la virtud, la fuerza, de esta virtualidad es precisamente que vigoriza, que refuerza notablemente la nueva identidad personal o gremial, la fantástica, esto es, la más fantástica de todas. A su vez, esta nueva identidad crea unas obligaciones que realimentan toda la construcción, tanto en su aspecto subjetual como, y pese otra vez a la exigüidad de la comunidad lectora (o a la del cardinal de lectores, si no forman comunidad alguna), en su más real dimensión social, y que aún más realmente darían lugar a la aparición de nuevas figuras que para algunos serían patológicas.
Sin llegar a extremos dramáticos, el diagnóstico que adelantaríamos sería que el bajo coste de la nueva identidad la convierte en un atractor poderoso para no pocos individuos, los cuales pueden permitirse el lujo de alegar no sin fundamento empírico que tal identidad les corresponde con justicia: son escritores, editores, etc. Ahora, una vez situados en el área de dicho atractor, disfrazados de lo que (en el mundo tras la aparición de la World Wide Web) verdaderamente son, no pueden sino reafirmarse en su nuevo papel.
El disfraz de sí mismo puede verse como un subrayado de lo individual o como un subrayado de características tipológicas, pero significa también una condición novedosa: se es el centro de la reunión, como lo quería ser aquél al que se le ofrecían cursos de guitarra o de culturismo por correspondencia. No cuenta que la reunión sea una metáfora para el limbo. Se es lo que uno quería ser y no se atrevía a confesárselo. Se es de una peculiar manera, pero los disfraces anteriores pueden revelarse también como disfraces, menos atractivos y un punto orwellianos u oficinescos.
Por eso, la filiación de cada cuál es algo que no duele comunicar cuando corresponde ya a un escritor renacido, a quien lleva el disfraz que ha pasado a considerar como el que le corresponde desde el nacimiento. Nombre y apellidos son ya nuestro mejor escondite. Penúltimo refugio.

domingo, agosto 27, 2006

Un recuerdo personal y una proyección

En los últimos años de bachillerato (y creo que rara vez antes salvo para algún teorema de geometría muy elemental, del tipo de que la suma de los ángulos internos de un triángulo plano suman pi), los profesores de matemáticas (y yo creo haberlos tenido competentes) disfrutaban especialmente en los minutos, más que minutos, dedicados a la demostración de los teoremas de cada vez mayor enjundia, se supone, que condensaban el programa de matemáticas.
Mantengo que sucedían dos cosas: una que era resultado de una serie de factores de muy distinto calado y de naturaleza más bien filosófica; y otra que no venía sino a confirmar un desequilibrio importante en los objetivos de la enseñanza o de los enseñantes, correlato además de un eclipse que éstos sufrían o ignoraban.
En primer lugar, creo que al señalarlo no minusvaloro a mis compañeros ni a mí mismo: no nos minusvaloro, tan distinto de los casos, no necesariamente producidos en contextos de reciprocidad, que estudió García Calvo: *nos amo" (1). Y es que no sabíamos a qué venía todo aquello de la demostración, de dónde su necesidad, cuál era la relación entre la verdad revelada en las aulas y aquel ejercicio trabajoso y tan teatralmente representado. Y nótese que nuestra percepción era muy distinta cuando los razonamientos se nos transmitían detenidamente con la excusa de encontrar una fórmula para hacer algo, como -pongo por caso-, mediante la manipulación de las fórmulas ya conocidas, obtener la que nos da la suma de unos cuantos de los primeros términos de una progresión aritmética. Aquí, el objetivo había sido anunciado, se nos había dicho que habríamos de llegar a un lugar deseable, no precisamente a uno en el que ya habíamos aterrizado y además en globo.
En segundo lugar, las demostraciones venían a demostrar afirmaciones, teoremas, que no se habían entendido: ni en un sentido material en cuanto a lo que se podía hacer con ellos; ni en el más formal de entender lo que cada uno de ellos decía o significaba, esto es, el profesor se afanaba en reproducir la demostración de un teorema que no habíamos entendido.
Con lo que nos encontrábamos era con un recorrido lógico y argumental ("ahora echamos mano de tal otra verdad matemática que tenía guardada por aquí y ¡ta, ta, chaán!") que casi nunca sabíamos muy bien a qué venía, por más que aquello fuera un componente esencial de oficio de quien teníamos enfrente.
Y deberé añadir, por si algún formalista a la violeta quiere hacer un chiste, que no habíamos entendido el teorema de ese día (y eso todos los días que tocaba teorema o cualquier enunciado que mereciese el tratamiento protocolario de la demostración) ni sintáctica, ni semánticamente, sea cual fuera la semántica de todo aquello, que, por cierto y pese a todo, se nos podía antojar como si el significado de las matemáticas de ese día no fuera sino algo que nos había correspondido no comprender otro día, otra semana u otro curso.
Me queda, obviamente, por identificar tantos años después (2) a aquellos compañeros que sí sabían a qué venía todo. Aunque la proporción fuera más elevada de lo que pienso, no creo que tal investigación les motive a una reunión de las que se hacen posibles y se convocan por medio de internet.
(1) El asunto es profundo. Se trata de ver qué totalidad forma el objeto "nosotros" o "nos" por la acción del verbo. Se diría que uno se ama a sí mismo de distinta manera que a los demás. En cambio, es mas normal minusvalorarse uno del mismo modo que minusvalora a todos los demás miembros del colectivo. Cuando el sujeto es plural, se diría que hay más de una acción. Así, en mi opinión:
*Nos amo Nos minusvaloro
*Me amamos *Me minusvaloramos
donde el asterisco indica que lo que va detrás no es de recibo para gentes de bien.
(2) Veinte años después: Eran todos muy jóvenes, hemos de suponer, y el gascón era el más joven de todos. La reina sería joven y el rey, Constance. Yo leí u oí hablar del título de la novela de Dumas cuando era muy pequeño, antes de los teoremas y sus demostraciones, y de eso hace ya treinta. En aquellos años podía parecerme que los veinte años transcurridos no podían sino desembocar en una vejez irreversible, digna del siglo XVII y excluida en el XX. Pero, por ser mis años los que eran, los cuatro camaradas antes aludidos quedaban muy lejos, en una mayoría de edad estratosférica. He de suponer entonces que a los espadachines de referencia, como a los futbolistas, no sólo no da igual cuándo les conoce uno, si niño, joven o adulto; sino que, habiéndolos conocido -a mosqueteros y futbolistas- como niño, serán por siempre unos adultos con una clara tendencia a la senectud. Dentro del campo en calzones o en las Tullerías con algo parecido, claro.

sábado, agosto 26, 2006

Abducciones. Primer intento

Esperaban ser extraídos desde lo alto, desde lo sublime. Aunque quizá incluso no con las imágenes propias de una sociedad todavía no postindustrial y que hablaban (las imágenes hablan mejor que mil palabras) de praderas y animales pacíficos, sino con los panoramas convergentes de las grandes superficies, sin pastos pero con comercios. Véase que la abducción es también una introducción.
Ahora podemos ser agentes abductores, en pareja preferiblemente. Al abducido se le facilita, a favor de las asimetrías estatales y sociales, una nueva constelación de grupos donde inscribirse. Se trata, efectivamente, de no sentirse nunca abducido, aunque no se le oculte ni se le niegue su condición. El agente abductor sí que debe representarse su situación y sus operaciones como una paradójica descarga de las asimetrías antes aludidas. Pensará que lo que hace es posible por esa misma asimetría, pero que incluso la alivia en lugar de reforzarla, como otros tal vez sostengan.
Consignemos finalmente el interés que se muestra en que el abducido no haya sido moldeado en demasía, ni por lecturas sobre extraterrestres ni por más de unos meses de estancia en nuestro planeta.

viernes, agosto 25, 2006

Solapas. Fajas. Parapsicología

Las citas que recogen las fajas que los editores suelen añadir a los libros que publican, para molestia de sus clientes e insulto de la amabilidad en general, se escogen por un método acreditadísimo sobre todo en el ámbito de la investigación parapsicológica.
De todas las críticas de un libro, escójase la frase más laudatoria del artículo más favorable. Así, registrar las fluctuaciones positivas de una serie de (y ya que antes hemos utilizado el vocablo 'investigación') experimentos.
Se notará que funciona aquí nuestra tendencia a tomar el caso subrayado o el caso presentado con la retórica adecuada por representativo de una totalidad que se toma como distributiva: en el sentido de la colección de reseñas críticas del título A; o de colección de los registros realizados en un experimento (reincidimos), por ejemplo, de percepción extrasensorial. Y sobre esto no se dejará de notar tampoco que, al proceder, así se oculta el carácter de totalidad atributiva de todos los resultados: una totalidad que puede representarse por su media aritmética o por su varianza, aquí; por una clasificación exhaustiva y ordenada de los juicios críticos, allá.
Esta propensión de nuestra psicología, que facilita tan extraordinariamente el ejercicio del noble arte de la prestidigitación y no menos el del escasamente noble timo de la estampita, nos es tan propia que difícilmente podríamos hablar del hombre sin referirnos a esta característica, sin duda reprimible y educable.
Y es que tal propensión no es sino el reverso de la facultad que nos permite la construcción de conceptos universales, esa suerte -por decirlo del todo erróneamente- de inducción intensional que tan grata resulta en todo género de tertulias televisivas y radiofónicas. La canonización de la anécdota falsa.

jueves, agosto 24, 2006

Dente superbo

- Quizá deba usted, mi querido amigo, aprovechar la ocasión para reformular, quiero decir, suavizar sus opiniones, las que viene expresando. Le pido que aproveche la ocasión, en fin, para retractarse. No lo haría, no se lo pediría, si no le apreciase a usted y si no las estimase a ellas y al pensamiento que traducen. No importa lo que diga un loco o un necio. Nadie les censurara más allá del provinciano escándalo de su griterío por las calles, pero no sea usted un necio o un loco de segundo grado, aquel cuya necedad o cuya locura no es la del contenido de sus palabras, sino que procede del hecho mismo de que las pronuncia o las repite sin el debido reposo o sin la suficientemente descansada reflexión, y así merece o recibe, al menos, una compasión de naturaleza muy diferente a la que se otorga al primero. No necesito recordarle las consecuencias que pueden derivarse de una perseverancia -lo digo así por respeto, no digo tozudez ni testarudez, ni terquedad tampoco- que nadie podría verdaderamente comprender.
(...)
-En último término piense también que si al final sus ideas acaban siendo universalmente reconocidas y usted aclamado y si yo he sido un obstáculo para su publicidad y su triunfo, recaerá sobre mí o sobre mi memoria un desprestigio que usted nunca, desde su probada obsecuencia, me habría deseado. Líbreme y líbrese usted de esta posibilidad. Acalle sus ideas, que no haya ni siquiera olvido. No le mueva más para dejarlo. ¿Puede su generosidad admitir un argumento mejor?

miércoles, agosto 23, 2006

Materia oscura. Oscura lente

La materia oscura brilla en la tipografía estival. Con todo, en un degradado informativo que la oscurece más allá de límites razonables, por no decir bariónicos. Puede sostenerse que toda materia científica sufre un serio proceso de oscurecimiento o degradación en la prensa o incluso en no poca de la llamada divulgación científica. Ello, pese a los esfuerzos de profesionales competentes que se afanan y entregan buenos e ilustrativos trabajos. Pero el éxito de la empresa lleva a la inclusión del mismo material informativo en otros lugares y a manos de otras personas cuya vocación es la entropía. La tarea, además, es singularmente complicada y los científicos suelen ser malos escritores o, lo que es peor, medianamente hábiles escritores convencidos de que fuera de su ciencia no hay, por no haber, ni materia oscura.
Conviene aclarar, no obstante y pues ibamus obscuri, que en el caso de la cosmología solemos habérnoslas con unos profesionales de la peor metafísica y del más llamativo artificio matemático. La cosmología, y basta recorrer Internet para percatarse, es un poderoso predador de todas las herramientas matemáticas que otros hayan podido imaginar y nosotros ignorar, un poderoso método para alejarse de cualquier sombra empírica y de cualquier candela racional.
Es posible también que la materia oscura viva entre nosotros, que seamos materia oscura y manos sucias: de tensores, espinores, categorías, queseyoes... Como diría el poeta, una materia de la que hay oscura noticia. Aunque así, con Dámaso Alonso, corremos el riesgo de ponernos metafísicos otra vez y ya es la hora de cenar.

lunes, agosto 21, 2006

Urquhart Castle revisited

Comprenderá el lector que hubiera de hablar del cuervo. Sin embargo se trata de la que en inglés se llama Hooded Crow, Corvus cornix en sueco, Cornella emmatellada en catalán, según parece; corneja cecinicienta en español según también parece.
El lector encontrará fotos y dibujos en la Wikipedia y en la página que le dedica el sitio web de la Royal Society for the Protection of Birds, imágenes exentas de unos pájaros bicolores o contra el cielo nublado, entre el ramaje en un contrapicado con mayor o menor ángulo.
Ahora bien, los cuervos han sido pájaros de conocidos intereses filósoficos, ya por su inteligencia general, ya por su propensión al diálogo, esto es, a abrir y cerrar el pico. Recordará el lector la Paradoja del Cuervo, que reformulamos en versión Corvus cornix:
Cuando veo una nueva corneja cenicienta del plumaje preciso, algo se me confirma la afirmación de que tal es el plumaje de las cornejas cenicientas; pero cuando veo un jilguero con otro plumaje, el suyo que no el de la corneja, ¿se me confirma también en un minuto grado el teorema?
Pero la filosofía nos obliga a volver a nuestra disculpa o excusa del principio: el cuervo (y evíteme el lector incurrir en la sinfonía ornitológica que la taxonomía puede componer) es arquetipo beyond the species: es arquetipo para el cuervo, para la graja, para la chova y la corneja, la grajilla o el mero arrendajo, para las especies asiáticas, americanas y australianas. Es un pájaro que ante el ocio se torna filósofo. Siempre tiene algo que rascar el cuervo o alguno de sus avatares. Never bored.

Happy happy happy

Hay momentos en que la confesión de las propias andanzas no hace daño: He hecho durante este mes unos dos mil kilómetros en un coche alquilado. Buena parte de ellos escuchando un CD de Andy Williams. Y una parte de éstos, bajo los efectos del corte, como se decía antes en esa convergencia terminológica de la sastrería, la carnicería, el vinilo y la heladería, de I know Bilbao, la versión que firmó Johnny Mercer (creo, creo que fue él) del exito de Brecht y Weill, y que formaba parte de Happy End, su musical, o de ellos y de Hauptmann. Mercer y Williams se concentran en una parte del texto brechtiano. Transcribo más o menos los versos:

That old Bilbao moon
I won't forget it soon
That old Bilbao moon
Just like a big balloon
That old Bilbao moon
Would rise above the dune
While Tony's Beach Saloon
Rocked with an old time tune
We would sing a song the whole night long and I can still recall
Those were the greatest
Those were the greatest
Those were the greatest nights of them all.
No paint was on the door
The grass grew through the floor
Of Tony's Two By Four
On the Bilbao shore
But there were friends galore
And there was beer to pour
And moonlight on the shore
That old Bilbao shore.
We would sing a song the whole night long and I can still recall
Those were the greatest
Those were the greatest
Those were the greatest nights of them all.

Desde luego, aunque Williams a partir de aquí repite el principio, el texto original de los alemanes es bastante más copioso, pero a mí me gusta también imaginar a los amigos en Tony's txoko comiendo chuletones o alacranes en su tinta (según la novela de Juan Bas).
Al parecer, a algunos vascos les encanta esta atención diríase que un tanto aleatoria de Brecht y Weill, lo que es perfectamente natural o cultural, no lo sé muy bien. Así, Josemari y Zuriñe Vélez de Mendizábal recogen el texto de Brecht, una versión que grabó Marianne Faithfull -también copiosa y más fiel al original al menos cuantitativamente-, y otras en francés y español. También se puede encontrar el texto alemán en un lugar web ciertamente centrípeto. Sin embargo, las líneas iniciales de Brecht son injustas, quizá tan sólo desajustadas:

Bills Ballhaus in Bilbao
War das Schönste auf dem ganzen Kontinent.

¿Qué es eso de limitarse a un continente, si existe el mundo entero y más que mundial? De ello bien se percata el genial dramaturgo y en su poema pasa a hablar (con ello se quedó Mercer, y con el club) de la Bilbaomond. Tras incluir la comparación pertinente a modo de eficaz motivo, con ella hace concluir su canción en un rasgo de justicia no sabemos si poética o a secas:

Es war das Schönste
Es war das Schönste
Auf der Welt.

Diré que a mí la ilustre villa siempre me ha parecido mejor reflejada o satelizada en Blue Moon, la canción que Rodgers y Hart obviamente compusieron con una tecla puesta en las cada vez más frecuentes apariciones marianas all over the world. Por otro lado, el gran Johnny Mercer ("our Huckleberry friend"), que creo que fue él, nos hace pensar en Savannah y, así se las ponían al séptimo Fernando, en Midnight in the Garden of Good and Evil, la novela de Berendt, la película de Clint Eastwood (Old Southern Passion). O sea que a varios miles de millas, si no el Mississippi, al menos crucé el Savannah River como el que cruza la ría y me hice un ancho. Mientras no suba la marea.

domingo, agosto 20, 2006

Exterior dentro

Hay ciudades que son todo interiores, o todo interior, en singular único. No se sale a la calle. Se sigue dentro. En algunos lugares tal fenómeno no incluye a la ciudad entera; tan sólo a una calle o un barrio. Hay que descubrir las ciudades donde lo primero sucede de manera comprehensiva, y sin que medie un recinto amurallado o ciudadela. Las guías no suelen aportar este dato esencial, el más esencial de todos. Ahora bien, en primera aproximación el interior es una calidad de los muros y del cielo. No una cantidad, no depende de la altura y la anchura de las calles, de su proporción milesia y neoyorquina.
No obstante, la semejanza en monumentos naturales sí que nos sitúa ante esa raza de lo sublime que es lo escarpado. Hemos de suponer que el Gran Cañón del Corolado provoca un fenómeno aun más complicado y singular que el de las ciudades cóncavas. El pozo vertical y temporal, la delgada línea, si visible, del río, la escasa franja del cielo; el Sol evasivo del invierno.
El sueño arquitectónico de Mies van der Rohe de borrar la frontera entre interior y exterior -fallido- se vendría a cumplir en ciertos túneles y en ciertas arboledas: una transición difuminada pero apolínea con todos los matices que hagan al caso. Pero de lo que hablamos es de la destrucción de uno de los términos de la oposición y el consiguiente triunfo de ésta. Una manera de fortalecer las oposiciones que se incorpora ya en nostalgia del término perdido, ya en celebración de la, valga la redundancia, atroz unanimidad.

sábado, agosto 19, 2006

Manzano, pu ine jorismós

Madrid. Centro Conde Duque. Tres exposiciones (¿o dos? ¿o una?) sobre las matemáticas. Por un lado, las matemáticas andan justificándose. ¿Es necesario? Por otro, se apunta a la creatividad donde no está. No está y no parece que se la deba esperar en los grabados o diseños se dice que fractales que se exponen y el catálogo comenta: cada artista con su paleta rica en ocres o en algoritmos de tal tipo o en gastones o en benoîts. Más bien estará, nos decimos, en la actividad misma de los matemáticos y del que resuelve por cienmilmillonésima vez desde el Achelense un problema o problemilla cuando no sabía cómo hacerlo diez minutos antes. Y ahí también está la estética, la belleza y todas esas cosas.
La deriva visual de lo estético es un grave problema: Su correlato es del los cientos que no llenan las aulas de física y matemáticas.
Además, cuando se da una sobreabundancia de justificaciones (las matemáticas están allí y allá; sirven para esto y para lo otro) la retórica y el edificio todo del discurso se resienten. Si en la sala de al lado la belleza resulta ser, y con raras excepciones, de género posthippy y lleva adheridas ciertas sinestesias que viran hacia los perfumes orientales, nos comenzaremos a despegar, a sentirnos despegados, de esta yuxtaposición dudosa de lo bello y lo útil, de lo dudosamente bello, de lo indudablemente útil mas qué importa: conteste el visitante y diga a qué sala han acudido creatividad y belleza. (No es el patio de armas)

viernes, agosto 18, 2006

Miami Advice

Como suele decirse gracias no sé si a Ben Jonson, a Don Johnson o al conocido sociólogo Michael Mann. ¿O éste era otro? El caso es el carácter vitando de la imprudencia en su variedad eufórica. Algo que además es de mal tono, pero muy extendido entre las llamadas clases altas, que suelen frecuentar la variedad de la ociosa impotencia: tiempos de relajación republicana.
En otras palabras, los muertos han de estar bien matados o bien muertos, algo para lo que ya es demasiado tarde. Una cama es muy mal signo en lo que al tiranicidio se refiere.
Por otro lado, las manifestaciones habidas entran dentro de la categoría de lo inevitable. Esto es, así como sí que hay cosas que son malas y necesarias, las hay también vitandas e inevitables, con el problema que para los lógicos de la moral y la ética y el derecho tal contradicción suscita. Y de paso se ve también que hay poca fuerza, o que la mayoría de la que hay se va por las bocas. No muy buenas noticias. Por no hacer mudanza.

18

Hoy día 18, y no el 17 como dije, espero retomar con la regularidad debida el blog.

viernes, agosto 11, 2006

Urquhart Castle

El cuervo convoca o prevé eufórico la sanguinolenta matanza. Quizá alguno de los visitantes, tantos y tantos, sospeche que el pajarraco podrá sacar más provecho de la carretera o de las cunetas, pero él insiste desde un árbol.
El cuervo se quedará sin sus delicadezas (un ojo, algo que cuelgue de su pico orgulloso), ese cuervo se quedará sin comer, pero está contratado como emblema, como el cuervo, como arquetipo. Quizá en sus ratos de descanso ingrese en el reino mortal y hambriento de los individuos. No habrá mucho que añadir, salvo que el cuervo es probablemente más listo que el uniforme visitante y sabe que la sangre nunca se retrasa en sus paseos seculares.

domingo, agosto 06, 2006

Perdidos en el espacio

Hasta el diecisiete de agosto, la publicación de este blog queda en el aire. Dependerá del lugar donde nos encontremos. A partir del diecisiete, lo mismo. Claro.

Frank's Garage

De los habitantes del garage, la araña (pachygnatha zappa) guarda parecido y desasosiego. Las grandes mandíbulas no nos recuerdan al músico, pero decir mandíbulas es también aproximativo.
La fauna, y la espacial, es en cualquier caso tan polimorfa como nuestro antojo, y el fisonómico. Dejando Africa, en los garajes la fauna es sorprendente, y los insectos y los arácnidos acompañan el escalofrío de la baja temperatura, pues pasamos del sol al frescor de la piedra y la sombra, junto o tras herramientas, cachivaches, el pasado en una rapsodia que ilumina todas las historias naturales.

sábado, agosto 05, 2006

Suelo

Los políticos. Los promotores. La ambición del votante que sueña con plusvalías inauditas a cuenta de la mínima huerta de su abuelo. Las fórmulas pensadas para pequeños cambios y que se utilizan para asombrosas metamorfosis de los planes. Las explicaciones ridículas. El promotor que regala alacantarillas como un Epulón redimible. El coste de la propiedad inmobiliaria en régimen de cooperativa, que dicen los viejos rockeros. Los precios de mercado.
El mercado es en este caso un asunto de lo más curioso, oscuro y tan claro. La negación del mercado, como suele siempre serlo. En un país donde la población se concentra territorialmente y extensiones ingentes se abandonan, donde -por tanto- hay zonas de concentración más que abundante a las que llegan compradores de muchos lugares, asistimos a una hermosa realimentación múltiple. El alza continua y aparente de los precios incrementa el prestigio de una inversión que, como toda inversión arquitéctonica, tiene lugar bajo el emblema de la pirámide y el ahí te has quedado; por otro lado, el sistema de la política se nutre de los flujos (bolsas de basura, ya se sabe, con su circulación y su rotacional) que salen del otro sistema.
En cualquier caso, el espectáculo es el de todos los timos, sólo que éste afecta a toda una economía nacional. La ambición de la víctima es un motor poderosísimo y que resulta esencial. Naturalmente, no ha de seguirse de tal aseveración que podamos inventar una política nueva que se parezca poco al espectáculo con que las administraciones municipales y autonómicas, los ejecutivos y sus oposiciones nos regalan cada día, con su luz y sus taquígrafos.

viernes, agosto 04, 2006

Lágrimas de San Lorenzo

Noches al raso y una conversación que se reanuda cuando de tan mortecina sólo parecía pregonar su próxima extinción. Noches en las tumbonas hasta que ya no se guarda ni compostura ni memoria de las polillas que rondaban, hasta hacía un rato, las luces polvorientas del porche. Noches de constelaciones de verano que son como un campo que recorremos sin rumbo.
Y las noches en que las conversaciones que se reanudan eran las que el cansancio o el amanecer interrumpió muchos años atrás, bajo las mismas estrellas, con la chaqueta sobre el pecho, cada uno de nosotros en su tumbona. Y las noches en que Andrómeda, que hace ya tiempo que ha salido, mira prisionera hacia nuestro campo (un valle que se ha abierto sólo unos pocos kilómetros más arriba, tras un curso a medias bravío, a medias tímido), un campo que la oscuridad y los murmullos recorren sin rumbo cierto. O las tardes de esas noches, o la tarde de hace pon que veinte años y corres el riesgo de quedarte muy corto, cuando alguien decía ahora ha refrescado.
Sabrá el lector que entonces ya alguno de los presentes comenzaba a preparar la parrilla, ministro de una ceremonia tan seria como la inauguración de una biblioteca. Cuando la noche había desenvuelto ya casi todos sus prestigios y sus misterios de prestado, habría también alguien que añadiría que aquello le recordaba a una reunión, quizá allí mismo, de hacía vaya uno a saber cuántos veranos.
Y sabrá el lector que las noches finalizan siempre inesperadamente. Ya lo dijimos. Con la defección, uno por uno mas pronto explosivamente, de los exhaustos asistentes o con la renuncia extraordinaria del amanecer: alguno de aquéllos podrá asearse, coger el coche, pasar por casa, asearse aún más y salir temprano a cumplir con los cuatros asuntos ligeros que le pueden ocupar un día de verano, tan infinito como el cielo estrellado y sus recopilaciones de grandes éxitos.

jueves, agosto 03, 2006

Esta mañana

El ocio oculta sus aristas con un celo digno de estudio. Se dice o llega a escribir, o lo llegará a escribir, pues ha salido a la calle y se dice que con el día por delante, que es (La analogía en seis lecciones, 3ª edición) como la niñez del día que ve más lejana la edad adulta que, por ejemplo, la conversión del Sol en una gigante roja.
El Sol, además, se encuentra todavía en esas horas discretas que alguna niebla decora como recuerdo de otras estaciones o como recuerdo de que algo más tarde desaparecerá inmisericorde, ella y el Sol.
Pero ha salido a la calle con el día por delante y puede optar por cumplir con las escasas comandas del día o dejarlas para más tarde. Dulce es el aire y hacer cuatro recados, no bien dejado el lecho.
Pero tiene el día por delante, y al tenerlo sabe que el tiempo es mala cosa para analogías, para analogías que convenga al individuo. Ha aceptado ya sus límites y la sucesión. Como arena entre las manos -las manos son de los individuos-, el día se le irá escurriendo hacia otro día con sus flechas y sus carros agonales. Temerá coronar con más silencio; sol repetido, cometa de sus días.

miércoles, agosto 02, 2006

Grandes bocados. Atrición

Hacer morder un bocado demasiado grande no implica que quien lo muerde cargue con mayores pérdidas. O sí. Pero en ello se prueba que el de la guerra es arte por decir algo. No hay ciencia de la guerra. La guerra rebasa a todas y cada una de las ciencias, como las rebasa el cómputo exacto de los costes, de lo que se pone o quedó en el tablero.
Nótese que una argucia grande es la de hacer que las víctimas ajenas sean tantos propios y que lo sean igualmente las propias. No hay entonces mucho que decir, salvo adivinar imperceptibles gestos de decadencia, de vida muelle permeando los intersticios y los barbechos. Aunque nada es inminente y los augures están especializados en el error.

martes, agosto 01, 2006

...you got women, you got women on your mind

al valle del Jubera

Agosto como un ruido entre espumas
La siega concluida toda
Adiós, Santa Marta,
Llegan vascos de sonéticas tisis
La canícula se va de los perros
San Lorenzo metal entre rastrojos

Agosto como espuma de un año
Como supérstite y vate
Profeta de un invierno
Tras los muros

Agosto y su cadencia de atroces
Recuerdos de los julios devastados
Desmedradas promesas de los años
De muchachas disueltas en la brisa
De melodías entre torrenteras
Bailando en el secarral cuaternario

Si mi vida que se escurre como el agua
De este agosto impalpable
Fuera como esas viñas tan cargadas
Con sus pámpanos verdes promisorios
Vería mis días como el racimo
Que anuncia la vendimia de otros labios,
No aseguraría en cambio si y cómo
–Subraya ahora el vocalista o crooner
En la verbena con muerto y coroner
Me seguirían sin mirar aquellos ojos.

lunes, julio 31, 2006

Sociedad recreativa

En la reserva perviven individuos singularmente bien adaptados a la repetición cíclica -en ciclo corto y medio- de unas pocas pautas bien establecidas y que ocasionalmente mutan para dar lugar a ciclos de carácter cometario.
Dominan los mecanismos de ese ámbito y, en sus cristalinas ceremonias, son inasequibles a la inquisición del recién llegado. Dominan la especialidad, tan importante, de no dejarse sacar nunca de la reserva, de sus cuatro muros amenos que les conducen a una vida de ocio funcionarial, amablemente repetitivo, amablemente repetitivo, de paraíso para rentistas moderados, de jardín de las delicias democristianas.
¿Existen fuera? ¿Les ignoramos en sus impensables excursiones extra portas? También es posible que la etología de la reserva deba excluir el efecto de los remolinos, de las multitudes unánimente agitadas que, como las cigüeñas de agosto, tras varias intentos superan la masa crítica, superan también su propia impaciencia y saltan la verja.

domingo, julio 30, 2006

Flags-back

Las chucherías. Las chuches de ahora mismo. Con su prestigio contradictorio y la gelatina como materia prima para recibir la forma de las modas o de los chistes. O el agua coloreada, que se vendía congelada o sin congelar. O que incluso se consumía sin congelar en un contradictorio prestigio de rareza y novedad, como la prima de Ramón.
La peseta como unidad del consumo necesario, del consumo semafórico de la niñez a medias, de la niñez como clase ociosa de la clase proletaria. Ya por entonces nos fuimos especializando en una pésima administración del excedente. O en hacer el tonto, que viene a ser lo mismo, al menos mientras queda excedente.

sábado, julio 29, 2006

Katiushaire

Los años acabaron por desvelar lo que llevaban dentro, aun a costa de nuevas veladuras que no nos permiten dar el problema por solucionado.
Además, la palabra "trabucaire" quizá arrastre una connotación raras veces explícita pero potente de impulso anárquico, violento pero asistemático. El caso es que tal condición pudo acompañar a algunos hombres de acción, pero también a hombres de palabras, los que ven las luchas más o menos lejanas desde una toma de partido que, en no pocos casos, esconde motivaciones inasumibles por su público. Asistimos a alianzas ideológicas que convierten el debate en un baile de máscaras que se confunden con los verdaderos rosotros, pero éstos son precisamente los que aportan la fisonomía más adecuada para las siempre sangrientas, aunque sangrientas a lo lejos, mascaradas.

viernes, julio 28, 2006

El navío ofiolítico

Como era de esperar, los periodistas no han podido aguantarse las ganas de hablar de la antigüedad de la Península Ibérica cuando se referían a algunas rocas del cabo Ortegal. Bien, en el caso de las naves nos cuesta menos soportar la idea de la identidad estructural: la nave que no conserva ni un clavo ni un cabo de los originales. En el caso geológico, ni identidad sustancial ni identidad estructural, pero somos nosotros mismos. Las reliquias que los trabajosos eones dejaron, la prosopopeya válganos, son tan nuestras que no pueden ser otra cosa. Allá en los confines captan microondas de nuestro trozo de cosmos, de cuando éste se hizo transparente.

jueves, julio 27, 2006

No natación

Otra modalidad de la no natación (creemos que más bien femenina, pero bien pudiera ser esto un error de apreciación debido al sesgo del observador que desde la pileta nos proporciona los datos) consiste en el andar a grandes zancadas en zonas en torno al metro de profundidad, el tronco inclinado hacia delante, extrayendo el centro de masas de la vertical del ombligo y del área que dibujan los pies, y ello al tiempo que se rema antiamblarmente con los brazos. Como quien se dispone a dejar de ambular y a comenzar con un crawl bien documentado, de la escuela años sesenta.
Y es que la no natación se inscribe en las prácticas preambulares o más bien circum(am)bulares de las técnicas: Sirva de ejemplo el esquiador mundialmente aditamentado incapaz de aguantarse en pie sobre los esquíes o el caballista que por nada del mundo se acercaría a la más tranquila y pacienzuda de las cabalgaduras, pese a la precisión de su fusta y el cuero repujado de sus botas (1).
La ambulación es importante en estos asuntos (ya nos ha salido varias veces a un ritmo de prosa cojitranca) y, como puede comprenderse fácilmente, se trata de no comenzar así nos maten: la esencia del valentón, aparentar; por eso las mujeres no son culpables en su no nadar: no hay mujeres valentonas ni fanfarronas. En todo caso, mujeres propagandistas de sus propios hijos.
Y con todo, el no nadar de las mujeres, en su caso, nos comunica algunos enigmas no de la condición femenina, sino de la humana: que todo sistema público y publicado de valores es apariencia, pompa, circunstancial pompa. Que el valor o lo valioso, vaya uno a saber, pero que no son lo que parece. Esta es información muy útil para varones en torno a los dieciocho años, aunque todo lo verdadero suele llegar tarde.

(1) Recuerde el lector a Roger Willoughby.

miércoles, julio 26, 2006

De la métaphysisque et les gros sous

Guth, Alan Guth:
Hay propuestas que intentan explicar el origen mismo del universo. Al formular esas hipótesis sus autores asumen que gran parte de la física existía ya incluso antes de que existiera el universo. Pero esa presunción... no conozco ninguna propuesta que intente explicar realmente cómo se originan las leyes mismas de la física. Si se asume eso, se puede intentar describir cómo el universo se originaría prácticamente a partir de la nada.

La inflación pasa, como el cóndor, y añade Guth, Alan Guth:

Desde el concepto de inflación, pensamos que las condiciones que originaron nuestro universo no son únicas y que se pueden crear otros prácticamente en cualquier momento y en cualquier lugar. Es más, el proceso mismo de la inflación no genera un único universo sino un flujo de universos, siempre hay fragmentos de materia creando universos. Lo llamamos inflación eterna.

El multiverso (o versículo) cabe en El país. Observe el lector como el concepto de inflación es previo (por decirlo de modo poco agustiniano) al de ley física. Como la inflación explica la modulación tan fina de las constantes universales, esto es corolario bastante natural y hasta intuitivo; pero las leyes físicas no es que sean posteriores, es que son un caso entre muchos. Reobserve el mismo lector que lo que sucede es que esas leyes físicas se incrustan en un dominio de familias de leyes, dígase que alternativas. Como cantaba Manolo Escobar "Viva L-Leibniz y las mujeres y los parsecs que calienta nuestro Sol, viva L-Leibniz y las mujeres, que por algo son regalo del Big Bang". O como decía el otro, esto no son ideas de razón, sino ideas de la sinrazón que a mi razón aqueja. Eso sí, nuestras hipótesis no sólo no tienen por qué ser las mejores de las posibles, sino que posiblemente no hay otras que las nuestras: "Il mondo non si è fermato mai un momento. La notte insegue sempre il giorno. Ed il giorno verrà...come il Big Crunch (con risotto)".
No hay como la cosmología para entretener los ocios y los desayunos.

martes, julio 25, 2006

SONETO DE LAS PISCINAS

Ribera el lavapiés, ¿sabes, Ramírez?
Es en esta paratáctica y líquida
Imitación de la vida que lívida
Será flotas de epíscopes Gelmírez.

Y flotador de gatuno canónigo
Esta imitación del azul de las piscinas
Que expulsaba a otras salaminas
Los bikinis tópicos y devónicos.

Lírica o ectópica por cada Gwyneth
Nos salen doscientas quince focas
Que rodean a la exótica sardina

Que menos, la mano del almirez
Que alguna archijamona reanima
Con su canal de breve día y vez.

El círculo de las bañistas viejas
Salpican pellejamen en el agua
Metamorfosis no de López, Jennifer
Sino más bien de aquella Castro, Inez.

Y es tal la mismidad de nuestro cosmos
Infinito por indefinido y vacuo
Indefinido por infinito y vacuo
Que un pez para la muerte somos

Y sin duda un futuro y vacuo eón
Verá nuestro indiferente e infinito,
pavo, obsoleto y galán plongeon.

lunes, julio 24, 2006

Cerrar el quiosco

El verano y la sucesión de los veranos nos sume en un estado imperdonable. La pérdida de ímpetu -o acaso la memoria y tal vez falsa de antiguos ímpetus estivales- nos lleva a la consideración de los nuevos ritmos, los compromisos difícilmente evitables, la pérdida del ocio o de la despreocupación. Los años venideros se tintan de un cielo agridulce y también de un sentimiento de cierre o final a poco que extrapolemos la sucesión que nos figuramos. Lentamente, pero sin remedio, cerraremos o se irá cerrando el quiosco. Lo cual hace pensar en un cierre de persianas como párpados o de párpados como estores, en un verano a veces terrible o ameno como el mejor de los atardeceres.
Porque ahora tenemos las ceremonias veraniegas de quienes nos precedieron y también las nuestras propias, con sus calidades y tonos astringentemente miméticos; tenemos las de los niños, que delante de nuestros ojos dibujan velocidades que nos superan y nos dejan muy atrás, como a pequeños animales terráqueos que ven alejarse a los vencejos.

domingo, julio 23, 2006

Planes efectivos

La efectividad no incluye necesariamente la representación subjetiva del plan según los designios de los relatos posteriores. O la representación que concederíamos por tal.
Pero la efectividad del plan es evasiva a la escala y para la óptica del historiador. Éste busca la representación en el documento y no la encuentra a su gusto. O asimila el plan efectivo a situaciones donde tenemos sin más la representación. O lo asimila a contingencias históricas cuya determinación ha cancelado a los sujetos y su conducta proléptica a, digamos, largo plazo.
Pero tal ceguera en dicho oficio debe de ser garantía de alguna prevención metodológica. Por ejemplo, que aquellos planes no sean los nuestros, es decir, los de nuestros adversarios. Con lo que el historiador no hace sino confirmar que participa de planes que se quieren efectivos, planes con sus ramificaciones historiográficas, y planes efectivos con representaciones que quizá no admitan como tales futuros historiadores.

sábado, julio 22, 2006

Volver

Me cruzo con todos los bilbaínos que salen o que entran con la insistencia de los domingueros antiguos. Una carretera civilizada donde el carnet por puntos es un custodio eficaz.¡Nunca, nunca, nunca! Usted delante. Debe de ser el sol matinal, ya cercano el mediodía. Tout va très bien. Ni cosas ni palabras. Es un día para el descanso del calendario. Agenda, facienda, gerenda, vuelva usted mañana.

viernes, julio 21, 2006

Día 5. Cosas

La sociedad política no acaba con un estallido. El estallido acaba con otra cosa. Por eso es poco perceptible el proceso. La interpretación de los signos, no demasidado dificultosa, se hace necesaria y, por ello, múltiple y divergente, también equivocada.
Cuando aparece la esperanza, tiene el aire ridículo de quien no sabe o evita saber que a sus espaldas sólo está el mar o una pared. Quedan apreciaciones baladíes, el recurso a corrientes telúricas.

jueves, julio 20, 2006

Día 4. Cosas

Interrupciones, pausas. Deserción. Otros deberes me llaman. Otro tiempo llama, ritmos otros. Papeleos de otro cuño en otro paraje del paisaje con chicharras. Julio, cuando va hacia su desembocadura, es sincero como una tormenta cuando, por fin, se dibuja en tromba de agua.
Deserción. No recuperamos fuerzas. Para el final de la semana, ¿de dónde sacarlas? Recuperarlas es cambiar de colchón y de temperatura, tan poco temperada últimamente, valga el chiste. Llegaremos antes de retreta. Antes de paseo.

miércoles, julio 19, 2006

Día 3. Cosas

Una cierta velocidad de crucero. Los cursos, como todo, se adaptan a su frecuencia natural. Los transitorios ceden. O somos nosotros los que cedemos. Además, los detalles se escapan, o se escaparían. O no podemos percibir ya, de puro y progrsivo cansancio, los fallos. O no nos importan.
Por ello, es ahora cuando podemos apreciar la verdadera esencia del asunto que nos traemos entre manos. Y es que las esencias tienen las dimensiones de las velocidades, y su magnitud se aprecia en la franja intermedia de la vida o de las instituciones. Sea dicho porque el final está previsto o pautado. Un ser para la velocidad media.

martes, julio 18, 2006

Día 2. Cosas

Hoy, esta mañana, no ha venido Luis. No ha venido mucha gente. Los segundos días son siempre un reflujo o una retirada táctica. Menos de la tormenta, que se anuncia desde todas las partes. Thunder in the Sun, vascos de opereta sin Luis Mariano, pero hoy los truenos lo son en nublado y los vascos, de bastantes clases o modalidades. Santo Domingo es una cuadrícula apaisada que se mueve entre el bochorno y el granizo. Ciclistas sonrosados afrontan días de amianto, turistas de ilustración al uso se convierten en furtivas sombras de media tarde. La ciudad duerme la siesta, entre heroica e insensata.

lunes, julio 17, 2006

Día 1. Cosas

Luis viene pero Jon, que ha venido, se va. Hoy el reino del aire acondicionado nos ha mantenido en un invernal país de lilas muertas, de bulbos de momento baldíos. Gustavo y Jon hablan de lo que saben y hablan y responden a los periodistas bajo la ley de un péndulo oratorio cuya elongación máxima alcanza las regiones del entusiasmo y simétricamente las del tedio.
Apertura oficial, una conversación como teatro leído en que los actores miran al frente como autómatas bien sentados. Yo soy el turco que fuma y que juega al ajedrez. Anoche Javier no salía del laberinto bicolor y sus gnoseologías inestables. Jon hablaba de piezas. Otros suspirábamos en nuestros reinos de peones sin bastón de mariscal en la mochila.

domingo, julio 16, 2006

Los días del perro

La canícula nos aguarda como una constelación de fuentes agostadas pero que conserva el brillo de un espejismo. Las amenas madrugadas que Sirio, se supone, ha de presidir oculta. Acudimos a las bodas térmicas del secarral y del asfalto. Tenemos todo preparado para las furtivas noches, para el agobio infantil de los días.

sábado, julio 15, 2006

t perpendicular

Después de las consideraciones ofrecidas acerca de la inversión temporal, erijamos la tan caduca hipótesis del tiempo ortogonal, el cual ofrece la posibilidad de tiempos que nos dejan en la simultaneidad con el tiempo que nos sigue siendo, en nuestras peliculillas poco informadas, el verdadero. Supongamos ahora que no sabemos cuál es éste y que ninguno es superior a los otros. Cada instante se puebla de historias y eso en cada tiempo. Ahora -en este eje de la insignificancia- están surgiendo y caen imperios además de muchas generaciones de hojas. Y ni antes ni más tarde de cuando uno de esos millones de hojas se le ha antojado a no sabemos quién congelado en el aire, se han sucedido rigodones enteros de la deriva continental en el menos animado de los planetas.
La palabra cuya enunciación ocupa una fracción de segundo no ha dejado descansar al espectrógrafo y por la ventanilla han pasado dos novelas y una conversación que no sabemos datar. Ahora nos internamos por un paisaje detenido donde subitáneos interlocutores nos hacen ameno una memoria probablemente falsa.
Otro interlocutor nos habla de la cristalina ventana de la memoria y nos dice que es la prueba de la verdad: "Es verdadero porque decimos que es tu memoria". Incluso, relatos fidedignos, reconstrucciones honestas se acentúan vibrantes y nos dicen que son nuestro recuerdo.

viernes, julio 14, 2006

Solicitado por la afición

EL DÍA QUE AFEITÉ A MI ABUELO

Además del que a diario
siento mirar desde el espejo
el único rostro que yo afeité
fue un día el de mi abuelo.

En sus tiempos penúltimos
en el sanatorio, gris, blanco, ido
las mujeres de la familia decidieron
que yo con práctica le afeitase
pues ellas bien le reportaban
los otros cuidados, sin duda merecidos.

Recuerdo la experiencia
la espuma exigua que, por algo,
no cuajaba
la blanca barba que invisible se me hacía
su dureza.

Desarrollé una visión microscópica,
el plano objeto y el detalle se hacían universos
la cuchilla mellada
que hacía que la piel se tensara
como un volcán en cada poro.

Recuerdo esa tensión perdida
la juventud que la caja
da por paradoja
tras la última lucha o agonía.

Si algún día me es concedido
afeitar de nuevo el rostro anciano de mi padre
como él el mío en una primavera
de hace tiempo,
ya habré entonces comprendido
que solo un rostro afeito
que sólo miro el rostro éste del espejo.

Luego al tornar a la velada luna mis pupilas
tal vez enardecidas
veré al cabo y como siempre
el propio rostro,
de mi padre y de mi abuelo.

jueves, julio 13, 2006

Lavapiés de la teoría

La desconfianza hacia los compañeros de viaje de los pies y su consecuencia en la arquitectura piscineril. Suponemos que en nuestros días no se consideran los pies más sucios que el resto del cuerpo.
Pero por lo que hace a la teoría, podíamos pensar que las pelotillas de los pies son los hechos o las fallas de la teoría misma. De ahí que las teorías, como es sabido, aún se orlen de potentísimos lavapiés que eviten un contacto directo entre ellas y los cuerpos que les puedan resultar problemáticos.
La analogía quizá pueda extenderse y profundizarse, pero sólo haremos notar aquí que las teorías precisan de al menos un socorrista de guardia y, mientras que tal cosa ya no está al uso en las piscinas acuáticas, algunas de aquéllas todavía previenen, cartel mediante, del peligro de corte de digestión.
No nos apuntaríamos, sin embargo, a la vulgar opinión de que las teorías son todas con forma de riñón, como si procedieran inevitablemente de una etapa infantil o adolescente, pérgola, pádel, ¿o era tenis?

miércoles, julio 12, 2006

Teoría del lavapiés

Las piscinas se han modificado sobre todo en la que se refiere a la continuidad estética o perceptiva. Se tiende a que el tránsito de la tierra a la lámina de agua sea un algo que miesvanderohiano, sin un reborde o subrayado, para que la búsqueda de la frontera no tenga microscópicamente fin.
En cambio la orla del lavapiés era un componente tan inevitable de la piscina, cámara de descompresión, atrio o antesala, como lo era, jarra mediante, en la Última Cena.
Pero no es exactamente que seamos más directos o radicales, que no nos preocupen los pasajes, los pasos y sus ritos. Más bien lo que se impone es la identificación del terreno acuático con el terrestre: waterland, una cosa y otra.
Lo que, por cierto, se contradice con las cadenas o cuerdas o vallas que imponen el paso a través de la zona de duchas. La continuidad perceptiva se rompe simbólicamente con una muralla tan débil o tan fuerte como la zanja que abre un arado. No nos importa la higiene material de los pies. Cuenta el símbolo y su potencia para determinar la ruta de bañistas, nadadores y curiosos. Y es que toda piscina es probática, pero a la purificación le pasa como a la enseñanza: desciende el nivel de exigencia. El hombre es el pastor de los borregos para la muerte, que decía Rocky Marciano, ¿o era otro?
En nuestra próxima entrega: "Lavapiés de la teoría".

martes, julio 11, 2006

Una hipótesis, una apreciación, su síntesis

1. La sospecha sobre las intenciones y los resultados de los protagonistas y los procesos políticos en España no desdice de una celebración a la que muchos se han sumado en los últimos veintitantos años: la que suele hacerse de la zapa o voladura, que se dice frecuentemente, del orden "constitucional" franquista, hecha desde dentro, según también se dice, con los propios métodos y recursos aportados por ese orden.
2. La telecomedia y la comedia en general en España en los últimos años han forzado a Aristóteles: sus protagonistas y deuteragonistas no son sólo peores que nosotros, meros espectadores. Son malísimas personas, las cuales no llegan a las más insodables simas o cimas de la maldad por pura incompetencia o idiotez. La comicidad se busca en esos pozos. Más allá de los gustos de cada uno o de lo que cada uno encuentre en ellas, compare el lector Farmacia de guardia con Aquí no hay quien viva.
3. En la vida pública española se ha roto un paradigma ético. Las figuras públicas son de nuevo cuño, son de Aquí no hay quien viva. De otra manera empiezo: en el sistema de coordenadas de Aquí no hay quien viva, los vecinos que la pueblan no son individuos de ínfima calidad. Son un modelo, si bien algunos tenemos dificultades para apreciar tal cosa, lo que tiene como consecuencia que cometamos el error expresado en el punto 1. No emulan nuestros políticos los aspectos de más supuesta astucia, de amable picardía de la demolición de las Cortes y el sistema político franquistas. Es que esos aspectos son la única sustancia de la acción política. O aún de otra manera y con paradoja añadida, el énfasis en los procedimientos ha llevado al total descrédito de los fines: los medios justifican el fin.

lunes, julio 10, 2006

Fútbol

El fútbol, metáfora de todo o todo metáfora del fútbol, declina hacia la decadencia, hacia el agotamiento artístico, a un fracaso de la racionalidad de la competición y del reglamento.
Pero eso es el precio que tiene que pagar si pretende seguir siendo nada, esto es, una imagen de absolutamente todo. Ahora predomina la sensación de fracaso, de declive o de caída. Pero es sólo un sesgo necesario para la saliencia momentánea de algunas de las metáforas. Un ritmo en el que todo acaba siendo el fútbol, sin excepciones, incluidos el baloncesto y la petanca.
De donde se sigue que, como el fútbol no es agotado por la cosmología ni por la física, no puede existir una teoría de todo.

domingo, julio 09, 2006

El verano es sueño: Haikus de Maese Calderejo

En el río sin chanclas
Aborto de ovas
Se van los cucharones


La poza removida
Grifo violento
El agua sabe a cloro


Ligeros zapateros (1)
Vedado sitio
A raspas de las eras

(1) El simpático hemíptero

sábado, julio 08, 2006

Pantoum

Véase.

El canon

Gurutz Jáuregui en El país:

Se ha criticado el que se califique al proceso de negociación como un proceso de paz. "Aquí no hay ninguna guerra", se afirma. "Lo único que hay son terroristas que asesinan y por tanto no puede hablarse de proceso de paz donde no existe una guerra. Por ello, no resulta procedente negociar nada; lo único que cabe es la aplicación lisa y llana de la ley". Tal afirmación se basa en una definición obsoleta del concepto de guerra. En la actual era de la globalización, los conflictos armados han adoptado formas muy diferentes de las que se producían hasta hace escasamente 20 o 30 años. Hoy han desaparecido en la práctica las guerras clásicas entendidas como lucha entre ejércitos regulares enfrentados. Los conflictos armados se manifiestan a través de una variada serie de instrumentos entre los que destaca, entre otros, la actividad terrorista. Es absurdo negar la categoría de conflicto armado, de auténtica guerra, a los actos violentos que se producen en Irak, en Somalia, en Palestina, etcétera, o en los ataques de Al Qaeda. Tales conflictos no se resuelven con la aplicación lisa y llana de la ley sino que necesitan otras medidas entre las que ocupan un lugar importante los procesos de negociación. Lo mismo sucede con ETA, si bien en este caso nos encontramos con un conflicto de baja intensidad, dada la escasa incidencia de su acción terrorista, en comparación con otros conflictos armados.

No podemos admirar la sutileza, o podemos admirarla pero nunca encontrarla en la parrafada en negrita, donde falta a esportones. Y, sin embargo, qué mejor ejemplo de la mezcla de conciliadora observación pragmática (se “necesitan otras medidas”) con el desmayo petardomodernista que descarracha los conceptos en un sfumatto de vacas grises todas con Creutzfeld-Jakob: al final por más que se hayan alterado los conceptos jurídicos, sociológicos, &c. de guerra, de lo que se trata es de que todos los contendientes acaban legitimados por el tan simple rasgo semántico de la simetría entre las partes que la palabra "guerra" sigue procurando, sean cuales sean los novísimos y sorprendentes artilugios categoriales que nombra.
Nótese que éste razonamiento al que asistimos es tan aceptable y tan miserablemente aceptable como un axioma metafísico de juzgado de guardia (“existe algo y no nada”, pongamos por nada penetrante ilustración), pero en su vaciedad nos llevará a cualquier resultado. Al bueno o al malo al azar, en opinión del optimista o el resignado; al malo, dirá el pesimista o dirá el que sólo busca un protagonismo alternativo. En cualquier caso, a un resultado que ha redefinido material y no sólo formalmente las partes reconocibles al comienzo del proceso: ciencia y recetario políticos al servicio de la disolución de sus referentes y, si se quiere, de sus clientes, que declamarán un suave "Parole, parole, parole, parole parole soltanto parole, parole tra noi", mientras no sepan ya dónde están ni quiénes eran.
Y así, como siempre, las "otras medidas" son una gaseosa sobre la que los experimentadores que nos alumbran con su alegre desenfado no nos acaban de tranquilizar. De momento, algunos se van buscando un mástil. Otros una verga, con perdón. Depende de si buscan ataduras horizontales o más bien verticales y péndulas.

viernes, julio 07, 2006

Huella

No hay cuaderno perdido, tachaduras;
no podemos borrar, nada es tan simple.
El olvido no lo hay. Nada es tan simple,
el olvido es la nube que insegura

a los ojos esconde nube y vida,
como si vida y nube no esperaran
que nuestros ojos siempre las miraran
como miran los ojos a la vida.

La huella que nos precede o que dejamos.
De los otros es la huella y la memoria:
no importa que seamos sólo barro,

que más tarde seamos sólo barro,
pues los otros alumbran la memoria
de músicas, de abrazos que dejamos.

jueves, julio 06, 2006

Fregoli

Una mujer que había madurado contradictoriamente. Su esplendor visible era un signo más de los años. La mujer madura disfrazada de mujer madura, y con gran efectividad. La mujer madura con su estilo de mujer madura como algo sobreestructural, disfrazada, como ella misma diría puesto que es mujer madura, de jovencita.
La mujer madura que ejerce de mujer madura con un punto de ironía indefinido y que se disfraza, como ella diría, de jovencita y lo hace sin olvidar un obligado matiz de ironía.
La mujer se desviste, como ella diría pues recuerda palabras de mujeres, y se disfraza ahora del hombre que había antes superpuesto un punto de ironía a un punto de ironía de varios estratos más abajo. El original se encuentra por abajo o hay que buscarlo varias capas por arriba a veces. El hábito. Somos vestidos. Lo que seamos precisa de unas cuantas capas de este pelo de pieles ajenas o de telares lejanos junto a los ríos. La verdad que nos corresponde es una verdad vestida, coinciden si el disfraz es el de cínico.
Se nos ha esfumado la mujer u hombre, un hombre maduro que era un jovencito, como diría alguna mujer madura que tal vez fuera un hombre. Y si ahora reunimos los epistolarios cruzados entre todos ellos y sus caligrafías superpuestas, extricaremos rasgos que tapan a rasgos que surgen o se asoman de la impostación, y de eso ya hace tiempo porque los rasgos verdaderos son los añadidos. El hombre ahora piensa en la contradictoria madurez de la mujer que a veces parece una cosa y a veces otra. El hombre piensa que tal vez la mujer piense que años atrás se disfrazaría vaya él a saber de qué, ella a recordar, o quizá justo al contrario.

miércoles, julio 05, 2006

Con distancia

El nuestro ha sido siempre un país arboricida. De este país se ha dicho con razón que ha sido y es un país arboricida. Obsérvese la doble distancia, la del vocablo “arboricida”, y la de “este país”, dicho sea no en el sentido de que sea una perífrasis correcta políticamente para algunos, sino en el sentido de que sitúa al otro lado, más bien en una atalaya superior, al orador.
Pero tales dictámenes sobre todo son simplificadores, con la injusticia que ello puede suponer. El arboricidio es de temer, además, que encuentre un correlato preciso en la arborilatría o algo similar, culto que se rendiría más a los árboles urbanos o a los de las urbanizaciones, que son lo contrario éstas de la urbe y éstos y aquéllos de los árboles capitales y esenciales para nuestra subsistencia, y ello sin que suponga desprecio para los segundos y primeros.
Con los árboles habría que evitar el fortalecimiento del mito de la memoria histórica, la memoria paisajística, o la memoria urbana, mito que consiste ni más ni menos que en la supeditación de todas las facultades intelectuales, y en particular la del entendimiento, a la de la memoria.
Y, sin embargo, estamos comprobando cómo las polémicas en torno a nuevos diseños urbanísticos, en no pocos casos, idolizan más que defienden algunos árboles que se hacen ciclópeos, sublimes, gigánteos a la par que gráciles en la engañosa e inconclusa memoria. Amor que es falso, que engendra falsedades, y que no se lo merecen ni los caniches.
Volvemos al principio. Obsérvese como los resúmenes simplificadores (“este país es una cosa”, “este país es lo contrario”), se nutren también de una mala memoria, de la cancelación de la de la realidad pura y dura, con sus complejidades. Pero la llave de la memoria es el entendimiento, o lo es la razón y éstos son los que se busca neutralizar. Y volviendo también al principio, la memoria, esta memoria desprendida y salvaje, si dotada de una retórica adecuada, proporciona atalayas y sinecuras.
Podemos dejar un perro suelto, la memoria, no; que no es lo que dice que es. Creo recordar.

martes, julio 04, 2006

Plesiosaurios

Los plesiosaurios nunca duermen, pero eso no es ninguna virtud. Así que cuando los dinosaurios despiertan de su sueño dogmático, se adentran en el espejismo de sus primos. Cuando nosotros despertamos, nunca estamos allí.

Virtuosismo secular

De secular, “[q]ue dura un siglo, o desde hace siglos”. Lo he recordado, lo he visto esta tarde. He visto el arte femenino de nadar (a braza) sin que al pelo moje la gota más microscópica y lo he reconocido como eterno o, al menos, digno de cronologías geológicas. He reenhebrado ese virtuosismo macarrónico de la braza Loch Ness, cervicales hacia atrás, en esfinge natatoria. He sentido la perplejidad masculina ante la inmiscibilidad de esas mujeres de secano ciudadano y su regata a la deriva.
Los varones –generalmente veteranos de las piscinas y del deporte provinciano–, que también alguno practica esa braza superacuática, no logran, sin embargo, evitar la salpicadura final, o la inmersión cefálica, o acaso la buscan. Las mujeres, estas mujeres, deben, y ciertamente su periscópico pescuezo constituye una exaptación estilística notable, evitar los tumultos infantiles y adolescentes; su nadar ha de tener algo de paseo lento y aleatorio a través del polígono piscineril, pero sólo en apariencia.
Las convenciones de la peluquería y la ordenada ontología que construyen: el cuerpo, del agua; la cabeza siempre del aire, que no de las nubes.

lunes, julio 03, 2006

Térmica

El calor. Nostalgia de gruesos muros, de interiores frescos, restauradores. Memoria térmica de otros veranos. La madurez nos hace agradecer los males de los veranos de la infancia, los picotazos o una tarde de soledad y aburrimiento, los tábanos, las ortigas o el off-side en una verbena: Venid, heridas con vuestras quejas, regresen los inocentes enojos de aquellos días desordenados y casualmente no infelices. O despojarnos de todas las cargas crónicas o repetitivas, de esas para las que el genio de la lengua inventó la palabra “pejiguera”, más nacida para el entretiempo que para el estío, pero con una gracia que resiste verdeante el ferragosto, al menos si llega, pasado este julio y la siega.
El sol que iguala los colores en su horno. El caracol lleva su casa. Nosotros llevamos nuestro horno por la calle, por aceras desoladas que nos convocan en mediodías de plomo, que nos descubren la cantidad de plantones de metro y medio que jalonan la solana.
Los gruesos muros, una especie desaparecida, fósil arquitectónico que anhelamos, la fresca piedra. Los vanos sólo al interior, afuera el desierto. Pero al caminante, ay, sólo le espera alguna que otra pesadilla de aire acondicionado. Como pasamos de un motivo de Noteboom a uno de Henry Miller, mejor dejamos que corra el aire.

domingo, julio 02, 2006

Naturaleza muerta

Un bodegón y el consabido relleno torpe de pinceladas. El autor no tuvo empacho en lanzarse a algo así como dos metros por uno cuarenta. El borde de la mesa preparado para el trampantojo corre paralelo al lado inferior y, por tanto, al marco descascarillado. Pliegues, latón, cobre. No hay vidrio. No tocaba en ese ejercicio. En el ángulo inferior derecho, un cucurucho de papel de periódico del que, cuerno de la abundancia, se derraman nueces hacia el espectador. El pintor ha echado el resto con esa hoja de diario. Hace que algunas letras grandes sean legibles, que otras se adivinen y así que se intuya lo luctuoso de algunas noticias. En concreto, la cara interior del cono de papel corresponde a la página de las esquelas, contiguas ahora a las nueces y a su abundancia, o contiguas, tal vez causantes, del concreto azar y congelado de su caída, ya para el tiempo que aguante el óleo sobre la tabla sobre la mesa. O las que acabaron en el suelo. Pero ningún espectador mirará a sus pies por ver si puede completar el postre.

sábado, julio 01, 2006

Azote

Futuro culpable de un relato estándar aplica un azote a su hija. Culpabilidad también porque su acción es un aplicar y no un simple pegar. A ella le ha hecho más daño. No cree en esos relatos, en su verecundia estilística, la de los relatos, pero éstos y sus autores son intelectualmente refractarios.
Por otra parte, sólo ha de esperarse que el azote sea un elemento común de dos lenguajes distintos, o simplemente asíncronos.