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lunes, julio 09, 2007

El hombre sin cantidades

Aquel verano, su precaria situación le miró con su rostro más desnudo, aunque no del todo terrible. Estaba sin blanca, pero no tenía otra obligación que la de comer y dejar pasar un verano en la ciudad que olía a asfalto y a cubos de basura depositados a deshoras.
Era el memorable año de 1976 y él tenía treinta y siete. Durante buena parte de ellos, cada una de sus jornadas había concluido con un consuelo probablemente flaco: "Ya ha pasado lo peor," se decía al quitarse los calcetines o al dejárselos puestos si era el caso.
Él era consciente de que aquella fórmula la había oído en algún sitio y de que, por más que la hubiera hecho suya, se la debía a alguien y que ese alguien o su representante le acabaría pasando factura.
Pero aquel mes de julio de 1976, tan alcohólico como todos los otros, de vino barato sobre el cinc, de arenques secos y de guindillas, de vinagre y zotal, se veía obligado -por la razón antes dicha- a peculiares maniobras evasivas, a "disimulos a conciencia", que era otra expresión que también reconocía deber a algún desconocido, quizá más lírico y menos épico. Gorrón profesional, aprendió a diversificar a sus clientes y socios, a no repetirse demasiado y a no desaparecer tampoco demasiado. Mezclaba deudas con dispendios ostentosos que le reclasificasen públicamente como fiabilísimo pagador. Se hizo maestro en forzar amigos comunes con el desconocido de al lado de la barra. Fue agotando la ciudad y se fue agotando el buen tiempo.
Parece ser que al final un pariente facilitó un muy deseado alivio a una situación monetaria ya absolutamente agujereada, pero que tal cosa significase un final feliz para la historia de nuestro hombre está por ver. Sobre todo porque -y esta vez las comillas designan unas palabras que son propiedad únicamente suya: "Nunca me supo tan bien el vino, nunca disfruté tanto de las anchoas y las olivas como ese verano que me iba sin pagar o endosaba el pago a un medio desconocido que, más bebido aún que yo, pensaba que no invitaba a un parroquiano cualquiera, sino a su arquetipo eterno e inevitable, a un funcionario público, al borracho de servicio".

domingo, julio 08, 2007

Mareo

- Voy a vomitar.
El automóvil descubre la verdad de nuestro cuerpo: el cerebro y el estómago siempre trabajan juntos. Otra cosa es que el trabajo sea provechoso.
Como la bolsa de plástico está preparada, su posesión tranquiliza a quien teme no poder resistir más. Curioso efecto benéfico que actúa en los lugares donde habita la angustia. Lo cierto es que hemos pasado ya casi todas las curvas. Quedan dos o tres y cuesta arriba, que no es lo mismo.
El conductor no sabe qué ha pasado en el asiento de atrás:
-¿Has vomitado?
- No.
Se ofrecen algunas felicitaciones a la espera de que la edad cure este mal que tantas preocupaciones causa al afectado y que tan duraderas consecuencias tiene para la tapicería. El conductor por un momento imagina que todos los coches son de nuevo Simcas 1000 o Seats 850 y que el calor ha revenido el skay o lo que fuera aquello. A continuación, el conductor piensa en otras intervenciones de su padre y en los misteriosos bocadillos de antes de la guerra.

sábado, julio 07, 2007

Patinir




Nos informan de que el pintor Patinir inventó el paisaje. Famosamente entre otras, con la excusa de San Cristóbal, XLL y santo más vadeator que viator. Este sábado los camioneros lo celebran por adelantado y contribuyen al paisaje urbano con su acústica de mastodontes liberados, bucinatores y rebucinatores. Para que luego digan que el paisaje no es cuestión de ruido, de furia, de tabarras in the night.




To be happy I want a truck
(Nótese que el punting del amigo Cristóbal no está tan alejado del de Caronte)

Un'intera nottata buttato

Noche ante dos grandes películas en un canal de televisión. A Snake Eyes y a Brian de Palma se le regatean los elogios. Pero Snake Eyes es una gran película y una película de notable virtuosismo, de la que quizá cabría discutir la facilidad del desenlace. Un reptiliano Gary Sinise incorpora a un personaje del que no sabemos cómo pudo un día ser amigo del hortera policía Santoro. También nos cuesta trabajo imaginar el mundo fuera del pabellón y del hotel casino a salvo de la lluvia torrencial en que se desarrolla la película, pero eso es otra cinta...
Tenderíamos a pensar que muchos críticos temen que aprobar la película sea algo así como secundar la estética (por llamarla de algún modo) abochornante y la moral de Atlantic City y del paradójico héroe de la historia.
Después, Paths of Glory, a la que tendemos a recordar más conspiratoria que lo que acaba siendo. Hay que apuntar el intercambio Darth Vader- Luke Skywalker entre Broulard y Dax al final, o casi al final, justo antes de eso tan bonito de Es war einmal ein treuer Husar, Der liebt' sein Mädchen ein ganzes Jahr, Ein ganzes Jahr und noch viel mehr, Die Liebe nahm kein Ende mehr.
El amor, como la guerra, es que no acaba nunca (!), pero tonterías aparte, Douglas compone una figura sin fisuras y Menjou otra que, a su modo, tampoco las tiene. Y después, sin más dilación, nos fuimos a la cama.

viernes, julio 06, 2007

Hoy poema, por mudanza

EL CELENTÉREO MARINO (FRAGMENTO)

El brazo, ese brazo recomenzado
No es el segmento irrefutable del gusano
Cratones, clámides y clamidias,
Cráteras, pateras y peteneras
Gasolina imperceptible en la espuma y la sal
Como un eufemismo intolerable

Ensenada, oh, Ensenada, Zenón digo
Qué abismos te aguardan cerca de inmóviles ribafrechas.
Aquiles, tortugas, plesiosaurios de una era antecedente
Como las aventuras de Cuellilargo en Cellorigo.

Esta cosa piensa, menea la cabeza
Asomada a los eones tan jóvenes todos tan recientes
Un solo fotón que recorre lo que tenemos
Como las piedras que el viento levantado por milenios descubre
Tras incendios pavorosos en el tópico que no encuentra espectador
Otra vez en las eras que han creado capas de la cebolla.

De la cebolla eterna de los cosmogénetas cebollos
La redundancia valga sostenga la elipsis
Testicular señor, unamunianas vacas by the sea.
(…)

jueves, julio 05, 2007

San Fermín

Gracias a la pluma de Hemingway, como es muy bien sabido, y gracias a otras contribuciones que merecerían digna recordación, estas fiestas de Pamplona son conocidas mundialmente y a ellas acuden -bota y calcetín no siempre- personas interesadas desde las que un día parecieron increíbles procedencias.
A mi con Hemingway me ha apetecido, a veces, viajar a Italia; nunca a África. A París, si me levanto un poco hijo puta con los que se creen mis amigos. A Pamplona, a donde tanto me ha apetecido ir en pasadísimos julios nunca me invitó Ernesto Hemingway, más bien al contrario.
Y me temo que en esta aclaración puede ocultarse el tonto celo del que pudiendo fungir de nativo teme que se le confunda con antropólogo guiristino. Del que, borracho como todas las cubas, anuncia en la ganga de su voz que él ha bebido porque es lo que toca, que no está borracho por supuesta -y muy supuesta- falta foránea de costumbre.
Una tontería, como no hará falta subrayar (una tontería, sí), que acaba -de no mediar algún acontecimiento violento- en una vida perdida por delicadeza, por pretender que se está donde se debe como si allá donde ponemos el pie estuviera el centro mismo del mundo. Lo que no es el caso, aunque éste sea redondo y los toros tengan cuernos.

miércoles, julio 04, 2007

Cognitivas

Lo que no comprendemos y lo que no comprendemos durante mucho tiempo es lo más sencillo. Puede que se trate de un mecanismo compensatorio: "¡Cómo es posible que no entendiera esto!", que figura una facilidad que más que evidenciar nuestras capacidades sería una venganza contra lo tan largo tiempo incompresible e inextricable.
Es posible también que se diga que no comprendemos lo más fácil en un sentido vicario: cuando se trata de algo que compromete nuestra posición, lo que corresponde a una casuística bien conocida. Pero es posible también que verdaderamente no entendamos nunca lo más sencillo, que los pasos difíciles sean los pasos fáciles, que la dificultad sea sólo repetición mecánica de las mismas disposiciones y que la facilidad sea tan simple como para no estar al alcance de mecanicismo, organicismo o cacumen alguno.

martes, julio 03, 2007

4 x 100m estilos


ceci n'est pas une pipe


Con alegría magiar nos solazamos entre corcheras postmodernas. Arriba y abajo, en la variedad está el gusto y otras puerilidades. Cada verano nadamos peor y con el ansia de llegar. Oiga, es que usted no disfruta. Somos unos frígidos de la natación. ¿Hemos acabado ya? Por otro lado, hemos elegido la hora de los torpes y los tranquilos: les estamos dando un baño clorado, en cada largo les sacamos cuatro. A otra hora, naturalmente, la situación no sería tan satisfactoria moralmente.
Que la piscina esté cubierta facilita la navegación al estilo espalda. Nunca nadaremos tan bien como lo hacía Red Skelton en aquella película en la que dicen que salía Fidel Castro. Un pensamiento en busca de una socorrista, pero no funciona. Repetiremos los cuatrocientos metritos. Más que nada por hacer el chorra, descalzos de piscina en piscina, pero con un meyba a la Palomares, ionizados.

N.B.: De aquí hemos tomado el virginal mapplethorpedo.

lunes, julio 02, 2007

Algo habrá hecho

La insistencia en la aleatoriedad del terrorismo, en que no elige a sus víctimas individuales, supone una falsedad frecuente (pues es un hecho que hay terrorismo indiscriminado y lo es también que lo hay discriminador). Además, esa opinión acepta los mismos postulados que subyacen a la ominosa declaración del "algo habrá hecho".
En efecto, quienes sostienen que todo terrorismo es aleatorio en cuanto a la acepción de sus víctimas parecerían temer que el terrorista tuviera sus motivos para elegirlas, motivos distintos a los de la cobarde facilidad o probable impunidad. Pues el asunto es más bien que todos hemos hecho algo, pero que los valores del terrorista no son los nuestros. Esto es, al terrorista no ha de negársele el raciocinio mecánico que va de las responsabilidades de las víctimas potenciales a su acción criminal. Lo que ha de negársele con la contundencia debida es la racionalidad misma de los presupuestos de los que parte y de los contextos en que envuelve su discurso, sobre todo en su relación con los nuestros. Y no hay mucho más que decir al respecto.

domingo, julio 01, 2007

Libro de reclamaciones

El libro de reclamaciones es un depósito final e inaudible. A veces contiene también nuestro gesto supremo en alguna contienda menor y deleznable. O deleitable, pues de tales contiendas se construye la memoria de los afortunados, de los que viven su vida y otras historias en una tercera vía, con perdón, que no es la de la tragedia ni la de la comedia, que es más bien la del relato que oíste a tu padre, quien -como su nombre indica- es un superviviente. El relato que no importa pero que puede ser relatado y que dice: "esta minucia ha expulsado de la conversación otros asuntos más graves o más prestigiosos en apariencia. Se sigue que algo tendrá esta historia para sobrevivir y para alentar una leve sonrisa en los descosidos de la memoria".
En otras palabras, que de vez en cuando hay que montar la bronca a los camareros.

sábado, junio 30, 2007

Entra demasiado fácil

Josep Benet Magí sentencia y asentimos en una nueva escansión, acelerada como un vals turulato. Significa esto que echamos bebida en los vasos silabeando un one for you, one for me ebrio como el río ebrio con sus barcos ebrios y demás piraguas.
Ha sido un mediodía de ceremonias insonoras como el cerumen y el vino en porrón, que no sisea ni acepta autopistas. Y como ha sido un mediodía de ceremonias, nos apresuramos a deshacernos de la reunión, no vaya a ser que acabemos en los melismas de la borrachera fría y versiculante.
Recordaremos que la luz del sol ha impedido que los efectos del vino vayan más allá de los límites municipalmente aceptados. La luz hace que los borrachos bailen como espejismos que, de pronto, desaparecen. Sin chisporroteo ni nada. Como pompas de jabón y de saliva. Hacia una sobremesa trabada como suelen serlo los calendarios. Post gaudia luctus. ¿O era lutum?

viernes, junio 29, 2007

Hierba

Los cortacéspedes eléctricos imponen las mismas servidumbres que las motosierras eléctricas. El cable no es la menor ni es la única. Ello se pone de manifiesto cuando se trata de cortar hierba, de cortar hierbas o de cortar selvas.
Cuchillas en la hierba, que descabezan la flor, cuaderna vía para Wordworth y compañía. Al cabo de las horas, el jardín o lo que fue jardín parece una cabeza tiñosa. El motor de la máquina huele a alguna extraña fruta, el cable péndulo.

jueves, junio 28, 2007

Va de B.

Un día, no hacer pie deja de ser una preocupación central en la vida veraniega, la precaución escasamente anfibia de la que nos olvidamos bajo Deneb, Altair y Vega. Existen también fases intermedias, cuando los saltitos sobre apenas los dedos de un pie bastaban para nuestra seguridad y nuestra psicología -que no la de nuestras madres-, allí donde ni cubre ni deja de cubrir, sólo un poco más allá de la gruesa línea roja.
Desolvidar lo sólido, o la noción de que sólo lo sólido es soporte. Salir del agua con nuestro eurekamen, los saltos ahora lavapiés adelante para luego zambullirnos por segunda vez y comprobar que todo sigue funcionando.
O no hacer pie en una sintaxis de motosierra, esto es, con motor de dos tiempos y seguir y contemplar las piscinas en los inviernos, su arquitectura desnuda que nos descubre el teorema que dictamina que el horizonte lo marca el agua, que las hojas se pudren bajo nuestros pies, bajo nuestras rodillas de barro.

miércoles, junio 27, 2007

Verbena

El verano comienza fresco y, así, las verbenas no carecen de osadía ni de chaquetas. Las verbenas del verano inaugural son amigas del solsticio y comienzan con la luz del día o -puede ser el caso- con algunos crepusculares chachachás que contribuyen a la frecuente melancolía de los que no bailan.
Como no hace calor, la cerveza se bebe como un jarabe para pasar el rato, 'tis bitter cold, que se dice en las ocasiones en que los fantasmas del subsuelo se animan a pulsarlo con su pie frío e inmóvil: a la quinta cerveza nos estamos imaginando a Hamlet padre andando sobre ruedas como David Lo Pan en Golpe en la pequeña China, que ya hemos visto cómo son de inconstantes los fantasmas.
Pero las verbenas concluyen con vasos de plástico por el suelo y un frío de noche envenenada, de ratonera a ratonera, como la música ratonera.

martes, junio 26, 2007

Sentido común

La enseñanza puede ser -y, por desgracia, cada vez lo es más- una batalla en que el sentido común del alumno se bate en retirada ante los reglamentos que le dictan si el sujeto va antes del verbo o si los voltios se dividen por los ohmios o al contrario. Como si comprender y saber no fuese la negación de los minúsculos reglamentos que inficionan la enciclopedia y los apuntes.
El profesor se ha rendido ya muchas veces -o una y por todas- a los recetarios o a las advertencias y trucos de vocación oligofrénica. Porque, al final, la autoridad académica nunca tiene paciencia y blandirá los temarios y las contestaciones mecanizadas, como un cuerpo de ejercito movido por el vodka de los catecismos.
Frente a esto, nuestra obligación es quemar programas, planes y temarios. Saber una cosa o dos y dejar las verdades troqueladas y los métodos de piñón fijo para un museo de los de botellas con formol.

lunes, junio 25, 2007

No hemos llegado a nada

Magnífica epifanía en las vidas más dilapidadas: descubrir que no se sirve para nada. No que nuestras prendas se hayan agotado o devaluado. Saber, al fin, que nunca fueron nuestras y que, obcecados, habíamos interpretado año tras año algún signo irrelevante a favor de nuestra causa, o de la causa de nuestra tonta fortuna.
El día más feliz que le cabe a una vida. No sólo por el no importa que, en ocasiones, es certero corolario de la revelación. No, desde luego, por la infundada presunción de haber hallado una verdad, nuestra verdad esencial. Sobre todo porque entonces lo demás -y aunque sea también mala interpretación, una cadena de infatuaciones aleatorias y ridículas- será por añadidura.

domingo, junio 24, 2007

Desayunos

Los desayunos garantizan un sintético diagnóstico de los establecimientos hosteleros. Naturalmente, su composición viene determinada por todos esos factores que queremos resumidos en las alisadas curvas de oferta y de demanda, por lo que no se trata tanto de comparar desayunos que se sirven en situaciones y lugares diferentes, como de fijarse en el margen que la peculiaridad de un comedor concreto ha añadido a las que serían determinaciones inasibles e incalculables.
Desde el punto de vista del comensal, los desayunos de hotel son un territorio de irrealidad adosado al comienzo de la jornada. De ahí la dilación en periódicos y otras bagatelas, incluidas las visitas repetidas y viciosas al autoservicio. Está claro: los desayunos de hotel (y hasta el último día) son una prolongación del dulce sueño; son el imperio de la inacción, una paradoja esto último que arrastra todos los inconvenientes de los imperios: su ya proverbial inviabilidad a medio plazo. La inacción ha de alimentarse de esfuerzos cada vez mayores y más disgregadores. Acabamos por no dormir. Por no desayunar.

jueves, junio 21, 2007

Interrupción I

Mañana y pasado no publicaremos en este blog. Continencia, virtud hidráulica y azud celeste según algunos pedagogos de notable recordación.
Como lo que se perderá serán ocurrencias, eso que se gana. Menos entropía, pues a medida que escribo, no pasa nada, pero los servidores hacen que cueste tanto borrar, hacer desaparecer la murga que internet multiplica incesante, unerasable, undeletable, litanical, como saben serlo las tabarras.

miércoles, junio 20, 2007

Aere perennius

Leemos en un artículo de Paul Kennedy traducido por M. L. Rodríguez Tapia y publicado en El País:

Como saben los lectores habituales, yo consideré que la guerra de Irak era un error desde el primer momento, pero no es eso lo que quiero destacar aquí. Lo que quiero destacar es que la campaña en Mesopotamia está debilitando a Estados Unidos...

Notemos cómo el lenguaje se hace fuerte. Hablar de imperios requiere su propia escala y que las palabras sirvan para varios miles de años: "la campaña en Mesopotamia". Pero esa continuidad nos suena a una de dos pedanterías académicas: a la dicha -milenaria- o a la centenaria que pone en entredicho la partición del Imperio Otomano.
La continuidad real es otra cosa. Miguel Mora y Rosana Torres escriben de El Fary deprisa pero certeramente en el mismo diario:

...aquel artista que empezó cantando en los cabarés y las verbenas y que antes de eso fue taxista durante ocho años a porcentaje, como el mítico coplero Pepe Blanco, a quien sustituyó en una gala en Pozoblanco [vaya por Dios] en 1970 para cobrar su primer sueldo como cantante.

Pepe Blanco y El Fary, más que taxistas cocheros de punto. Menudos puntos. De los filipinos, el DRAE dice que es denominación que "suele emplearse con cierta benevolencia". Cocidito madrileño: "Pesadumbre y alegría / De la madre y de la hermana." La fenomenología del espíritu mismamente, según sentencia del taxímetro, valga la redundancia.

martes, junio 19, 2007

Fiebre

Tras unos minutos en una corriente, tras unas horas después de esos minutos, resulta que tiene fiebre y la fiebre le recuerda a la infancia -cuando no es mucha, la fiebre o la infancia- o le hace pensar en la enfermedad como un destino al alcance de cualquiera.
La pequeña fiebre, la febrícula que le ha tocado y que suele acompañarse de sus raras imágenes y su raro ritmo, se pasará como se pasa un día de intermedios. De corredores, de minutos perdidos bajo la pesadilla, que vino para quedarse, del aire acondicionado; un día de trayectos repetibles, repetidos y ligeramente paranoico: Ir y no hacer lo que se debe; tener que volver; hacerlo una vez más. Pequeños olvidos que se escalonan como un calendario comprimido y que nos amenaza con sus emblemas descompuestos.
La fiebre, el aviso de un dolor de cabeza, el raro solsticio que se dibuja con compás desparejo y renqueante. Anochece.