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sábado, septiembre 30, 2006

Vendimia

Árboles. Las hojas son unas pocas vides. Las ramas hacia el remolque. Ramas más recias, el remolque hacia la tolva. Etcétera. Cruzamos esas ramas como intrusos en una ceremonia vagamente secreta. Tenemos ramas de los Andes, del Atlas y del Hindu-Kush. Así son las cosas. El bosque es un sector empresarial que no sabe por donde sacarse el dinero. Quizá financien blogs, pero embriagarse de blogs no es lo mismo que hacerlo de poesía o de vino.
Miramos al suelo y los viñedos expulsan cantos rodados o piedras afiladas como armas de guerra. Celebración de los suelos pobres, que dice algún entendido que nos acecha en su renque de intelectual a la lavanda. De pronto llueve, pero estamos lejos, en un paraje de viñas vendimiadas y como recien paridas. Los tordos y su vocación de ectoplasma moldean el cielo como si ya no hubiera chopos.

viernes, septiembre 29, 2006

Poeta

Acto puro, motor inmóvil, el Dios que sólo se conoce a sí mismo. Un neoplatónico, evidentemente. Pero es difícil encontrar neoplatónicos interesados por la geometría, al menos fuera de Cambridge.
Por lo que hace a la cara de flato perpetuo de Harold Bloom comprobaremos si "sapiencial" es "fútbol es fútbol", o algún otro avestruismo eiusdem generis.

jueves, septiembre 28, 2006

Apólogo

Dejó la lectura del breve apólogo para algo más tarde. De tan breve, no podía considerarse culpable una dilación como ésa. Verdaderamente infinitesimal. Y no era por escasa diligencia, pues poquísima virtud era necesaria para materia tan escamoteable. Y así fue pasando el tiempo.
Se acumularon otros breves tareas, y deleznables. No se acumularon en un tiempo abstracto o en la falible memoria. Se acumularon encima de la mesa. Con todas las molestias e inconvenientes que un fenómeno de tal naturaleza puede siempre reportar.

miércoles, septiembre 27, 2006

Topolino

Aspirino y Colodión. El gran Alfons Figueras. Verdaderamente grande en sus paseos y praderas interrumpidos por ataques subitáneos y extradimensionales. En sus historietas colgaban los vampiros atacantes como los bocadillos escritos en alejandrinos amháricos. En sus andares se columpiaba la aventura, que es dejar al caballo remar para donde le salga o sentarse en la escalera a leer a Figueras (como si eso fuera salir a la ventura, o algo así creo recordar).
En el mundo glacial y no arbolado de Aspirino, de Colodión, de Topolino estallaban los dibujos como una catarata gaussiana, sea esto lo que sea. El contraataque, así como todas las catástrofes, están a nuestro very, very alcance. Nadar sabe mi alpaca la agua fría y no hay voz que no la acusen de quechúa. Lloran los sauces.

martes, septiembre 26, 2006

Las estadísticas suicidas

Los datos que se ahogan en una espiral que sólo apunta a una colección dudosa de contradicciones. Se oponen -algo- a las estadísticas homicidas, igualmente ciegas, ebrias en su aherrojar las realidades de aquí y allá. Medir y calcular y antes de medir, establecer categorías como una emboscada incompetente.
La desconfianza pregonada, que corresponde a una credulidad suma: verdades, verdades que nos sustentan y estadísticas absurdas, las que nos brindan la mejor ocasión para el escepticismo de reunión castiza.
Estadística de los casticitos que presumen de una sabiduría de carácter estadístico. Con la varianza de un cementerio. Con la dificultad de las inscripciones. Con su espectro tan informativo.

lunes, septiembre 25, 2006

Penrose

The Road to Reality: Nada menos. Se acoge el cosmólogo a una ontología trinitaria en que lo que hay son misterios: Los profundos misterios son las conexiones entre los tres consabidos mundos de sir Raimundo, conexiones de uno con otro. No, por ejemplo, de un par de ellos con el tercero. no se nos aclara el formato dígase lógico al que se acogen las conexiones: Algo que ha de buscarse en la realidad empírica del conocimiento, la ciencia, la técnica, la ideología, etc. y no en un sombrajo metafísico.
Y los misterios van precedidos en la exposición de los ordinales que nos recuerdan a un rosario a medias. Nada nuevo para los lectores de las obras exotéricas de Penrose, las cuales muchos leen como si fueran libros de Ian Stewart (didácticos, para aprender qué es un número complejo o una variedad; no para construir una tesis acerca de la conciencia y, a través de tal tesis, de todo lo demás: vése que Penrose intenta levantar lo que llama misterios a partir de las conexiones que salen del mundo dos), como si fueran libros de Ian Stewart, pero afectados de un curioso sesgo, como en un mundo de espejos ni hiperbólicos ni elípticos, y más bien evangélicamente parabólicos.

domingo, septiembre 24, 2006

Nubes

Las nubes quieren ser puntuales. Las nubes no se hacen esperar, esto corresponde a las lluvias porque hay nubes que no nos llueven como algunos creen que debieran. Sin embargo, son competentes jalones o pivotes que coadyuvan al propósito ordenancista de calendarios y almanaques.
Si no en el cielo, las más bien borrosas nubes son formas precisas y salientes en el ciclo de los estíos y los otoños. Un aviso que no deja lugar a prórrogas o crepúsculos demasiado amables.
Hay quen rompe sus hábitos y en una tarde de septiembre se toma el primer café con leche del otoño, como para templar el estómago con una ceremonia gris, que presagia el cielo en libra, que alumbra sagitario.
Al otoño corresponde también una tarde sueño que no se vence, de sueño del tamaño de un melocotón de Calanda, siempre nostálgico de las pelusas del verano. Entre lluvias que puntúan la vendimia como diapasón húmedo, que reverbera entre las calizas que se pudren allá arriba. Busquemos otras imágenes que nos haga tolerable el almanaque -no las hay- y reservémoslas.

viernes, septiembre 22, 2006

Anagnórisis chafardera

Debemos a Cifré la oficialización castellana de la palabra "chafardero". Y así, yo me planteo el caso de la anagnórisis chafardera: descubrimos el nexo entre dos individuos que conocemos: "y es que el de la ferretería es el marido de la hermana del socio de Manolo". Y este reconocimiento nos resitúa en una red que a cada nuevo dibujo nos impone más aproximadas coordenadas en un proceso que nos proyecta cada vez en un espacio más complejo.
Que estas agniciones sean contingentemente erróneas, que no sean anagnórisis puede tener efectos importantes, pero no suponen la introducción de coordenadas sesgadas, abusivas.
Ése es, en cambio, el caso de quien niega la realidad lingüística: A la escritora monolingüe estoniana Elvira Lindo nadie le entiende en Cataluña, por razones obvias. El estonio o estoniano no es lengua hablada por los catalanes. El cosmopolitismo barcelonés y las tecnologías de interpretación y traducción permiten, sin embargo, que intervenga en un acto público en la CC ("Ciudad Condal", que se decía).
Es también reseñable que aunque se truequen los sistemas coordenados, los invariantes se cacen al vuelo: las imágenes líricas de niños, preferentemente en contrapicado, y sus pechos para la nación, una retórica goebbelsiana con un añadido de hipocresía beatitudinal cuando haya de hablarse de ello. Y así también la anagnórisis chafardera: no era el cuñado, era él mismo.

Sepia melancolía

En el As de ayer día 21, Alfredo Relaño parece ilustrar un modo peculiar de nostalgia. Narra un encuentro en Mundaka con Iriondo. Los largos años de entrenador de éste quizá le conviertan, el último de la gran delantera, en el más futbolero de los cinco. Pero el leve, suave tinte del encuentro con un anciano que evoca recuerdos se transfiere a las responsibilidades de los actuales directivos, técnicos, jugadores, del club que traspasó a nuestro héroe a la Real Sociedad.
Las responsabilidades aquí hablan de un futuro próximo, entrevisto en el presente o el pasado de otros equipos que han decaído. Pero ahí se voltea el razonamiento de Relaño y su lección nos revela algo que es más que fútbol, si es que hay algo que no sea fútbol.
Hemos comenzado diagnosticando un tipo de nostalgia peculiar hemos dicho, pero tal vez sea la del artículo de Relaño la condición de toda nostalgia. No sólo miedo al futuro, que no es otra cosa sino una configuración fenómenica del presente (lo que alguien dice que tiene delante), sino un hablar de otra cosa, porque no sólo yo es otro, sino que el otro es un impresentable.

jueves, septiembre 21, 2006

Analogías y aberraciones

En televisión se establece entre el aprendizaje de lenguas extranjeras y el supuesto aporte de calcio, que es lo que se vende. No es cuestión de negar las virtudes de la analogía. Más bien hay que recalcar, por si acaso, la distancia temática entre un asunto y otro. Es el cuerpo del individuo el que acerca los dos tópicos. Por eso, nuestro diagnóstico acerca de la distancia podría juzgarse apresurado. Aun recordamos, al respecto, las virtudes del fósforo y la inconveniencia de los golpes en la cabeza, en particular para aquél que está estudiando.
Quede para el teórico la elucidación y el esquema de estas analogías de atribución mediadas por el cuerpo y sus sistemas, o por todo el transcurso de la vida humana, de la promisoria niñez y adolescencia a la reposada vejez. Nadie sabe lo que puede un cuerpo, a excepción de las agencias de publicidad.

miércoles, septiembre 20, 2006

Hiperbreve / Oulipo / explosión

Una combinatoria aún más explosiva. Tres hechos secuenciables y variamente modelizados. Una vez hecho esto, mentar al lector. Y, por último o no por último, que cada hecho se deshaga en un abanico de perspectivas. Dejar de nombrar al resto del universo: Cuando desperté, vi, me extinguí y vencí.

martes, septiembre 19, 2006

In a straihgtforward way

- En cuanto a su anterior pregunta en que hacía referencia a mi libro de 1958, le diré que me había quedado completamente estancado. De hecho, había comenzado a escribir y, por así decir, razonaba, o repetía razonamientos de mi obra anterior, a medida que escribía, sin plan y sin saber qué venía luego. Esa es la razón de mi estilo tan -tengo que reconocerlo- serpenteante y, como dicen, enmarañado. Lo mejor es que me vi detenido, incapaz de seguir, no con la escritura (una trivialidad), sino con la ciencia, con mi teoría. Cuando ya no podía más, allá por la página 40, cuando ya no sabía que más decir, escribí y allá están todavía esas palabras: "To put it in a straightforward way". Ahí, justo ahí, me detuve durante dos meses porque no sabía cómo continuar. Recuerdo que al cabo de ese tiempo volví a la tarea y el libro se desarrolló, con total consecuencia, a partir de la apodícitica afirmación, tantas veces citada en la literatura especializada, con que reemprendí el libro in a straightforward way.

De John S. Wall, Fifty years of linguistics: An Interview with Ernest Glosslay.

lunes, septiembre 18, 2006

Buridano

Anteriores en el tiempo fueron sus lecturas de los clásicos del conductismo. Clásicos aquí quiere decir algo menos que clásicos, simplemente los libros de referencia en aquel tiempo. Más tarde, entre sus lecturas se contaron otros quasi-clásicos del antimentalismo. No sólo que las condiciones materiales de la vida determinan la conciencia, sino que no te fíes de la papiroflexia de simbolistas, funcionalistas, cognitivistas y demás. El caso es que pudo haber llegado a pensar que había completado el trayecto de Putnam o alcanzado la clarividencia de Quine en la más primera de sus juventudes.
Y así decidió que no debía pensar. Creyó que no pensamos y que no deber pensar era no creer que estábamos pensando. Para evitar cualquier problema, más que concluir, intuyó que debía abandonar tan funesto espejismo de un hábito. Pienso, luego me engaño si creo tal cosa. Dejó de pensar. Pero no sabemos si fue por lo dicho.

domingo, septiembre 17, 2006

Azar contiguo y sin ti

Dio en pensar que su vida, su más o menos satisfactora situación, era resultado de una serie de azares, no tanto, aunque también, esa su favorable situación, sino sobre todo su profesión, su lugar de residencia, su familia o su lugar de vacaciones.
Daba por buena similar conclusión para su mujer, pues -como casi siempre- ella y él bien podrían no haber coincidido nunca: Sus vidas por separado le sonaban como narraciones tan convicentes como su biografía registrada o como su memoria. Y llegó también a idéntica conclusión en lo que hacía a toda su familia, a todos sus miembros, con sólo repasar cómo se habían ido anudando los lazos que la habían ido constituyendo en el poco más de un siglo en que podía reconstruir la historia de ésta, no con archivos que no se molestaría nunca en investigar, sino con los recuerdos y relatos que había reunido en una vida no carente de reuniones familiares con sus inevitables tiempos muertos y anécdotas contadas siempre como si fuera la primera vez.
En cambio, la vida de todos los demás, amigos, colegas, conocidos (vidas de las que podía saber bastante), era una bien delineada sucesión de hechos que se habían ido haciendo necesarios unos a otros, siempre según la bien pautada sentencia del tiempo.
Concluyó que su visión sesgada, con sus dos estilos o géneros narrativos tan bien distribuidos, obedecía a una diferencia real entre un círculo más próximo -o, quizá, de una naturaleza más pregnante- y un mundo exterior -aunque incluyese amigos íntimos- de un orden más mecánico y predecible , diferencia que había determinado necesariamente ese sesgo del que no veía manera, ya lo intentase por juego, de escapar.
Que el reino de la libertad (de una libertad como tal absurda e impotente, su negación) se identificase con el ámbito familiar le pareció que era un síndrome merecedor de un nombre propio, que acabase por conducir en breve plazo a una bien articulada bibliografía técnica.
Ahora anda embarcado en las averiguaciones de rigor, por ver si alguien se le ha adelantado en su descubrimiento científico.

sábado, septiembre 16, 2006

La ciudad podrida

España. Un hojaldre cadavérico con oropeles pagados por un promotor inmobiliario con su bastón de mariscal de descampado. Una geología de hormigón como huesas que se levantan sobre un horizonte polvoriento. Pozos de dinero con toberas que servirán para deshacer lo que se haya salvado. A favor de una ambición idiota y microscópica.
El discurso idiota de quien niega dignidad a los usos para negarlos en las ciudades o a las ciudades para negarlas a los usos. El snobismo del idiota que salta como un idiota para ir de sí mismo a sí mismo y reencontrarse c0n su cara de idiota, lo que nos hace sentir nostalgia de aquella época en que los horteras no habían hecho el bachillerato. Una churrería con juncos de plástico, una tómbola de tumbas y esquelas, la lotería tramposa para que todo el mundo tenga sus cinco minutos de ser el más listo.
Una llama que arde antes del frío y que eleva al aire enfurecido prudencias incadescentes, sus fantasmas vanos ya, como su fuerza.

viernes, septiembre 15, 2006

La mujer bidimensional

Hechos un figurín. Vernos hechos un figurín. Y éstos, como suele ser habitual, estilizados y probando que la vista está hecha para la geometría proyectiva y sus proyectividades y el tacto para el volumen. Queremos decir: la vista desconectada del tacto se pierde en aberraciones bidimensionales, últimamente en aberraciones libidinales (si algo queda en según qué sujetos) y metabólicas.
Vemos también cómo artes o artesanías andan empeñadas en la pérdida de una dimensión característica: la arquitectura virada o proyectada hacia la fotografía y el vestido para un espejismo o una santa compaña haciendo el caballito.
O una perspectiva pictórica que disuelve los cuerpos, los decolora y que buscan los pintamonas con apellidos virando hacia el Milanesado.

jueves, septiembre 14, 2006

Las mediocres intenciones

Consideró, como solía, que aquél que comenzaba no era día de grandes ocasiones ni para grandes trabajos. O ni lo consideró, y puesto que solía inclinarse por lo señalado, habríamos de signar más bien el día en que considerase lo contrario, esto es, que considerase algo: voy a emprender un viaje sin dinero o voy a ponerme en serio con la obra de mi vida. O se van a enterar éstos.
Sus intenciones eran, por tanto, las de alguien carente de toda determinación, a quien la voluntad no acompañaba. De otra manera: en "La voluntad de poder" hay redundancia. Es voluntad. Notemos, sin embargo, que esta última conclusión bien podía ser suya, pues era la consolación de un abúlico que viniera a decir "me adornan todas las prendas; me falla, eso sí, la voluntad, que si no..."
Podía optar por apoyarse en la voluntad ajena y componer el conocido binomio del técnico y el político, pero ¿técnico en qué? O podía no hacer nada, huye, hombre feliz, de todo esfuerzo. Optaría por un dejar pasar el día como un slálom de agudezas o como ese líder político que tanto juego daría opinando contundente acodado en una barra relativamente anticuada, excitado, brillantes los ojos a la hora en que los más tardíos decidieran que no podían retrasar más el primer plato a sus santas esposas y a sus vidas tiradas por los suelos.
Pero ha optado por imaginar en la mañana una entrevista con un periodista que le propone elegantes carámbolas, triples como un silogismo o sintéticas como un entimema sobre el verde tapete. O tal vez se detenga y contemple sus perplejidades secretas en las que no puede detenerse el hombre público que entretiene sus fantaseos y su café con leche. Es posible que él sea verdaderamente ese hombre. Que apenas despierte de su pesadilla de fama y compromisos y que ya no se encuentre. (Entre otras variaciones psicológicas del género de la alienación, el autoextrañamiento, o el ciclismo de mesa camilla.)

miércoles, septiembre 13, 2006

La coleta de Fignon

Tarde entregada a la aerodinámica. Al flujo de aire nada seco. Como a todo flujo rápidamente le descubrimos un sesgo hacia lo que se denomina "mental": la ineficacia aerodinámica es consecuencia de que el cerebro habría necesitado algo más de glucosa.
El debido reposo que permitiría evitar los torbellinos, el debido reposo, que es la cabeza funcionando. La ruta de la seda y miles de onagros. Seda, que avisan los ciclistas, una seda que se lamina entre el aire y pierde viscosidad y sálvese quien pueda. No diré de qué se trata.

martes, septiembre 12, 2006

Chinatown

Los exiguos pantanos, la arrugada ya lámina de agua, los lechos secos (corazón vacío) comenzarán a encadenar sus chinatowns (o china-townes) de complicadas tramas en que las personas cargarán con sospechas que arrastrarán a otros, amores o descendencia oculta, funcionarias fatales, periodistas de aparato dental retorcido e invenciones amontonadas.
La escasez, motor para la conspiración, motor de agua a pleno día, con un sol que se cuela por la falla de San Andrés y por los ocultos pasadizos de toda imaginación. El agua, foco de la intriga que viene. El fuego que acentúa el agua y sus foces resecas. Un país que gasta su último papel en anillos de humo. Los anillos de humo que se alejan y se ensachan envolviéndonos a todos, camino de la fuente, por si acaso.

lunes, septiembre 11, 2006

Leaves of Grass

Grass confiesa. La materia de la confesión es, para muchos, el no haber confesado antes. Algo que puede afearse, pero a lo que no se le niega absolución. No hay que llevar más allá una analogía que ya es engañosa verbalmente, pero quedémonos con los paradójicos caminos por los que la materia de lo declarado se contrae o se dilata no sólo como acción individual por la que el sujeto incurriría en responsabilidad, sino también como hecho o situación objetiva que hemos de valorar.
Curiosamente, los hechos van adquiriendo un tono menor, difuminado, insignificante, no los hechos de Grass, los hechos como tales: alistarse en las SS o cualquier otra cosa, pero no porque lo individual se degrade, sino porque se parte de la disculpabilidad o la culpabilidad insalvables del individuo, a gusto del consumidor.
Aunque los hechos sean de carácter único o extraordinario. O quizá es que no haya hechos de un género extraordinario o único. Es posible que cualquier error o cualquier injusticia contengan de algún modo la mayor injusticia o el más irrecuperable error. Me callo porque como esto último suena algo borgiano debe de ser una tontería.