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miércoles, mayo 31, 2006

La carga del cayuco blanco

Su estimable contribución a la exhibición de la carga, la tan onerosa o cargante carga humanitaria del hombre blanco, es un bien que se contabilizaría en los presupuestos públicos y en las caridades de personas privadas.
Excelente el comportamiento de la necesidad en el mercado: es el único bien siempre pagado a su precio de equilibrio porque sólo es el suelto que le dedicamos o el suelto, aunque tal vez ingente, de los presupuestos. O bien, el diagnóstico exacto de las causas de la necesidad y su remediación llevarían inexorablemente a la desaparición de tal bien del mercado. No sabemos si eso subiría su precio o, si acaso, su curva de demanda será peculiar, aunque no hay miedo. Sobre todo, y si se diera el caso, no podríamos darnos el gusto de presumir de la carga del hombre blanco, que si nos la tomamos en serio lleva a su propia desaparición por lo antes dicho. Nos compran el más bien ridículo orgullo de esa carga y las correspondientes archidosis de paternalismo, con la falsa compasión, valga la redundancia, que nos procura la constatación de una asimetría: "¡Tienen peces y saben pescar, estamos perdidos!"

Sostiene el mapa

El mapa identificado al territorio, pero desplazado por ejemplo un metro, según el sensorio de Dios, se entiende.
Pero los territorios no los vemos enteros a no ser desde un satelite, y entonces la distancia borra casi todo (como borra muchas cosas todo mapa real y efectivo). ¿Por qué identificamos un mapa a un territorio si nadie lo puede sostener entre sus manos, si sus manos no son el sensorio mismo antes mencionado y, en general, abundantemente desacreditado?
La imitación requiere espectador: esto es, debe ser visible o aprehensible. Nos referimos a operaciones que deben eliminar particiones del todo soportadas por la materia del objeto a representar: Una imitación no puede aludir a todas las partes del objeto a representar. Que la representación se quiera más aprehensible es algo que se comprende. Los periódicos sabanoides son una conocida ocasión de enojo en tierras de cierzo. Y nadie levanta un mapa de una minucia.
Por otro lado, es cierto que el mapa es una metonimia, no una sinécdoque.Que el mapa sea parte del territorio es casi un chiste, a veces de algún interés, pero en los mapas tampoco aparecen los periódicos, ni los digitales.
Por eso, nada más alejado de la idea de imitación en el sentido habitual que la relación entre una idea y sus "ejemplares". Muy simplemente: las monedas no imitan al cuño, una moneda falsifica a otra moneda o un cuño a otro. Una pintura de la moneda la imita. Un ruido metálico sobre una mesa también, y muchas otras cosas. Trivialidades escolares éstas, pero que dejan muy poco lugar para las teorías no miméticas del arte. O la obra de arte es una isla o surge de un proceso que algo tiene que ver con el de la cartografía. Y si es una isla, entonces el teórico o el artista hablarán de mapas de Royce, desplazables a voluntad por el sensorio del galerista.
(Para una teoría de la imitación. Segundo apunte)

Pago al ídolo

El precio para no cerrar algo en falso es pretender dejar cerrado otro asunto y cerrarlo en falso. Para solucionar un problema, pretender que también se ha resuelto otro. Y su complemento dialéctico: recordar que no hay asuntos bien cerrados.
El precio es dejar enquistado y fermentando el segundo problema, vivir siempre con un enemigo interior que neguemos durante años para así dejar que siga con su zapa.
Es el reverso de la norma del emprendedor que decide no descansar nunca: "he venido a traer la inversión, no el ahorro". Ahora no se trata de seguir andando sin detenerse, sino sólo de ser deudor, deudor de una deuda que comprometa nuestra pervivencia. Buscarse un vampiro para que viva en casa.
Políticos que presumen de zanjar definitivamente los asuntos. Que los dejan para poder seguir presumiendo de haber acabado. No acabar de acabar. El retorno de los viejos motivos, de los mitos y los cadáveres que atestan los armarios. En particular, jugar con los diccionarios, algo que puede demostrarse más astuto que jugar con las narraciones.

Apremiado

Recuperar un personaje de varios cuadernos atrás, de tapas algo más duras por cierto, y anunciarle que le han premiado. Llegar a un callejón sin salida en una trama que luego acaba entre paréntesis. Cerrar el cuaderno.
Al cabo de unos meses, en otro cuaderno el personaje emprende un viaje, un viaje que se empeña en que le recuerde a un viaje de años atrás, lo que sirve para comprobar que el personaje ya no es joven y que el personaje no es consciente de ello.
Otra vez en un callejón sin salida, en un tren accidentado o en un túnel. Un registrador de la propiedad le explica las peculiaridades del terreno aparecido tras el soterramiento de una estación de ferrocarril. Decide llamar por teléfono. Una íntima sensación de claustrofobia. Estoy llegando a un callejón sin salida y poco interesante. El personaje sale a dar una vuelta.

martes, mayo 30, 2006

Mapas nihilistas

Royce no excluye nada de su mapa, pero debe poner entonces especial cuidado aunque sólo sea en la percepción para que lo percibido exista en su mapa. La representación es lo representado, a todos los efectos y con todos los olores (nisi corpus, nulla potest res -¿qué diría Lucrecio de la difracción de los electrones?), pero entonces qué podemos decir de una y otro, que son lo mismo. Nada, cartógrafos exhaustivos, deberemos ser también lexicógrafos exhaustivos. De eso no podremos hablar, porque sólo hablaremos si lo decimos todos. Pero si no podemos decir nada, porque no podemos contentarnos con decir algo, qué queda de mundo y mapa (para decirlo en verso). La presencia de todo y de todos los todos destruye cualquier región del mundo que consideremos. Es posible que todo nihilismo provenga de la constatación de la imposibilidad del mapa perfecto. No es que haya nada en lugar de algo, es que los algos no son más que nada. De la mistica a la bomba, como si algo hubiera que no fuera nada más que algo. Infinito es un adjetivo y los adjetivos no existen.
NOTA: Una versión a lo Bunge - un día que el hombre tenía un subidón de paradojas lógicas y semánticas- de todo esto parte de la consideración de todos los conjuntos existentes: éstos se multiplican como conejos hasta que es evidente que nos las habemos con conjuntos que no existen. Para que no se multipliquen hay que evitar el conjunto de todos los conjuntos, etc., al menos y no sé si con eso vale.
(Para una teoría de la imitación. Primer apunte)

Tiempo de murallas

La artillería acabó con las murallas -con su necesidad o con su conveniencia indiscutida- e inauguró los bulevares. La ciudad laberinto era ya una invitación a la ciudad defendida en sus ruinas, en sus magnos escombros de polvo, ratas y cadáveres. Y es que lo que sucedió fue un desplazamiento de las defensas. Y otra definición de los invasores.
Su promoción o patrocinio, el de las murallas, opera a las escalas que, con insistencia, se ponen de relieve en los foros públicos, el oceano, el río o la urbanización. La única duda sería la de si estas murallas han nacido después de su propia artillería. Contando, claro, con que la analogía funcione y que la muralla auténtica representara un poder político unitario, cosa que habría que comprobar caso a caso.
La muralla después del cine siempre ha sido la construcción de la sospecha, un signo para ser leído y probable pasto de la trompetería. Pero si el espacio se complica y se pluraliza, como se hacen plurales y heterogéneas las murallas, es posible que lo que tengamos sea un bucle en cuya relimentación no intervengan, como esperaríamos, los invasores. Éstos serían los simples comensales de un círculo que se dilatase a costa de la segmentación: los espacios crean murallas y las murallas crean espacios. El gradiente de rentas sería sólo uno de los campos a considerar. Considérense las supuestas declaraciones balcánicas sobre la policía española.
NOTA: El razonamiento sólo funciona si el espacio del que se parte va más allá de los límites nacionales; pero si esto se cumple, entonces sí que funciona.

lunes, mayo 29, 2006

Funes reconoce rostros

Quien pierde o va perdiendo su capacidad para el reconocimiento de rostros asiste a la erección de teorías y paranoias. La formación académica le pierde: "una combinatoria finita donde hay una probabilidad no despreciable de repeticiones; nuestro entendimiento clasifica, reconoce universales," todo eso, nada menos, y eso le pierde o le va perdiendo.
Ahora bien, teoría y paranoia obran a favor de los viejos prestigios intelectuales de Occidente. Facultades superfetatorias que nos hacen creer que vienen a suplir lo disminuido, cuando en realidad agravan el mal.
Pero, en general, lo que falla es el encapsulamiento del reconocimiento y de la misma clasificación. Se conecta esta clasificación con otras con las que no debe hacerlo. Las conexiones misteriosas, otro y aun mayor prestigio de Occidente. Obran a favor de la poesía, de las máquinas poéticas, de los cadáveres exquisitos, a veces difíciles de reconocer. Depende del escorzo. Es lo que pasa con el tendido supino desde los tiempos del homo erectus. Y con el rigor mortis o con la consistencia cerúlea.

Telediario trampantonjo

TVE. Antonio López. El reportaje se recrea en el trampantojo ante un cuadro de grandes dimensiones, convenientemente escenografiado al efecto.
Y se sigue recreando. Antonio López para sus detractores apagaría incendios, pero ha sustituido la historia, la anécdota o el patetismo por la desnudez que, con cierto optimismo, llamamos metafísica. Un radical cambio. Mímesis nihilista.
El trampantojo televisivo para mayor prueba.

domingo, mayo 28, 2006

Crueldad y promesa de mayo

Los días, algunos de mucho calor. Las gentes, variadas. Convendría la lluvia ante la loma que amarillea enfrente de la casa. El breve verdor de ese paisaje no se merecería un acortamiento, un agosto ampliado, prematuro y extenso.
Las diversas gentes se dirigen a los mismos lugares los mismos días. El sábado es el día del comercio y el comercio es la ocasión para que las gentes den cuenta de su diversidad y de su capacacidad para repetirse las unas a las otras, como se repiten los mayos y las tristezas secretas.
La lluvia se añora porque la lluvia cambia la calidad de la luz, la lluvia evita que la luz del verano nos aplaste como a insectos trabajosos en el secarral. La lluvia es una promesa del mismo mayo, que quiere perpetuarse y dejar a salvo los trigales, las frondas, los sotos.
En mayo, las noticias de los chopos llenan el aire. La ribera no se rinde. Sólo hemos de remontar valle arriba para que no terminen las noticias de los chopos, que han preparado su expansión para unas semanas después.
El comercio y sus paréntesis. La ciudad en los veranos incipientes es una máquina de la memoria, como siempre, pero su calidad difiere de la melancolía asténica del invierno. Es una máquina que concluye en el recuerdo de promesas incumplidas, las expectativas que fallaron, cuando éramos todos de brillante porvenir y el futuro tan infinito como culpable nuestra inconsciencia. Abril era el mes más cruel, pero la edad del fruto nos reserva nuevos desmentidos, con la sabiduría inabarcable de una condena. Las cerezas muestran su precio, su brevedad, junio nos está llamando con las prisas de una tormenta.

sábado, mayo 27, 2006

Calendario de Marte y reloj de Venus

Con la periodicidad de un insecto misterioso o con una aperiodicidad igualmente misteriosa vuelven las competiciones deportivas y vuelven los escándalos deportivos. Marcan un ritmo que nos dibuja un compás de madera, un compás que traza elipses coreográficas y escenografías hiperbólicas. Dejamos al balón las parábolas, que abundan entre las cónicas deportivas.
Juan Villoro cuenta el fútbol en sus órbitas cuatrienales y en todos sus epiciclos en que secularmente las constelaciones de los héroes se nos muestran inamovibles. Porque los hombres no aguardamos a que los cielos cambien y los cielos sólo pueden fiar ya su memoria al cronista azaroso que los preserve.
El arduo ecosistema del deporte, del deporte, que es todas sus metáforas, abundantes como los coleópteros de Nuestro Señor, tan cercanas como la radiación de fondo de microondas.
Así, períodos y azares componen un rigodón de renovaciones y despertares primaverales o veraniegos en que florecen los gladiolos congelados de los laboratorios y que nos anuncian la disolución de los cuerpos. El cuerpo es eso que perdió los contornos y sus límites ya hace tiempo. Els cossos més amants que son su propio pasado y que sólo se identifican por su ID en las federaciones internacionales. Yo soy yo y esa nevera. La cabriola última en el juego de las identificaciones deportivas: la rugiente afición que abraza a sus ídolos, a esas bolsas congeladas, a unos genes renovados y profundos. Un tatuaje hasta la huella de la sombra del alma, en una noche sin Luna, sin Venus y sin compás de madera.
El compás mixto que tesela nuestros días; si hubiéramos sabido que la eternidad era esto.

viernes, mayo 26, 2006

Desfiladero

Pancorbo, carrefour de las Españas. Los Obarenes y su amago de quiasmo. Ya lo dijo un pesado, Pancorbo y Haro, tierra de derramas. Pero a Pancorbo lo miró Regoyos. Haro tuvo a un Cossío.
La autopista aprovecha más sutilmente las heridas de los montes por la vía paradójica de haber engrandado las heridas hasta hacerlas tectónica pura. Hemos pasado viñedos, luego cultivos herbáceos (para ponernos como agrónomos) y nos esperan los trigales, verdes como el mar, o verdes como el verde limón del río Mississippi. A veces quiero salir de la autopista y volver por el lado sur de los Obarenes y luego echar piedras al Tirón. No lo hago, pues me pondría neoclásico en Cuzcurrita y ciclista en Casalarreina.
Acabo de cruzar el desfiladero. A tiempo. No nos estaban esperando, nos libramos de la emboscada una vez más. ¿A quién se le ocurre un desfiladero sin que John McIntire comande la caravana?

jueves, mayo 25, 2006

Han vuelto

Se hace la oscuridad para que sus rostros, se diría, o una parte de sus rostros, dibujen las tinieblas de alrededor, una sala poblada súbitamente de crepúsculos y contraventanas. ¿O es la memoria falsamente poblada? ¿Son los ecos y no las voces? Las voces, las palabras, las interpretaciones de los discursos, en clave de algún interés ahogado tiempo atrás:
- La exclusividad o la competencia exclusiva. Me recuerda al descriptor individual, por sonar estupendo como de costumbre.
Inserte aquí el lector los silencios que quiera, o el silencio, el gran silencio que espera la siguiente palabra como en la paradoja del ahorcado, inserte el vacío.
- Es el que entiende de esto, de esto y de esto. Se supone que nadie más entiende. La ley se separa de los usos ordinarios del lenguaje en que el dominio presupuesto es el más amplio posible. Allí donde llegue la fuerza, por ser exactos. Algo que no es necesario avisar y no advertiremos de nuestras limitaciones.
Esfuércese el lector de nuevo. Imagine los silencios, las que parecen dudas o cansancios. Espere y luego retome el monólogo:
- La presuposición es haber eliminado a todos los demás, no de un modelo donde se interpreta la teoría, no del universo del discurso, sino del universo, nada menos. ¿No recuerdan ustedes la seguidilla:

Que ignore mi saber
nada tú sabes,
que vos he de prohibir
ojos y llaves?

- Pues algo así, en su rapsodia numerada de atributos y competencias -carraspeo casi imperceptible, como de un pajarito, en analogía de resonancias fisiológicas particulares.
Ahora silencio. La rapsodia sin numerar en la oscuridad. Alguien volverá a rearmar los periódicos desvencijados. Government and binding. Un ujier se acerca y comprueba los interruptores. Sólo mira y se va. Uno de los casi recién llegados lo mira, como se mira al único ujier del universo, de la provincia negra, o del centro del mundo.
Alguien cree que de la calle llegan los sonidos de otra época. Duda de la tapicería: ¿de los cuarenta, de los setenta? No recuerda la seguidilla o lo que sea. El péndulo quieto ha dejado de batir. Horas ociosas que se internan en la noche.

miércoles, mayo 24, 2006

Ya se fueron

La estancia quizá más iluminada, esperando a quien recogerá ceniceros y botellas, vasos. Repasará las mesas salpicadas. Removerá el mobiliario, Todo habrá de volver al punto de partida, una nueva reunión con el viejo, con el señor mayor, el que habla todo el rato. O mejor, que calla casi todo el rato entre algunas palabras suyas y otras.
Habrán de abrir las ventanas. El aire. El aire que ya no se respira o con el que se respiran tantas cosas. Limpiar, porque les da igual, las palabras que se han quedado. O flotando o arrastrándose sobre la superficie de las mesas, como una bacteria enorme que cruza el desierto de Gobi.
Tiempo atrás tal vez pensó que debía recoger las palabras, incluso tratar de ordenarlas, reproducir los despaciosos discursos, los monólogos puntuados de interrogaciones breves y tímidas. Tal vez las recogió y siguen, en una madeja desordenada, en su desordenada taquilla. Y tal vez debiera repasarlas, al menos para recordar los fragmentos que alguna mañana, recogiendo, cambiándose de ropa, habiendo dejado el mocho, las bayetas, en su sitio, le intrigaron. Le intriga saber si le seguirán intrigando. Si los asuntos viejos no lo son. Si tienen algo del templo griego que seguimos considerando hermoso en su desvencijada carcasa. O si le pedirán esos fragmentos para una guirnalda, para una antología, o para una prueba de cargo.

martes, mayo 23, 2006

Anchors aweigh

“A punto de conseguir su independencia como estado los montenegrinos recuperan tradiciones como el asado de bueyes.” Más o menos. Oído en una televisión nacional. Sospecharíamos que el asado de bueyes, reprimidísima institución en las últimas décadas, moviliza mucho más que el querer escapar de los destinos cimarrones de la Servia que no entrega a Mladic. También es posible que el reportero no sepa que está en los Balcanes, o que le hayamos entendido de manera distorsionada, sesgada, prejuiciosa.
En cuanto a otros mares que el Adriático, la Armada, a patrullar al sur de Canarias. Auxiliar y luego obligar al regreso a los puertos de partida. Nacionalistas canarios y populares. Los socialistas dicen que ellos lo habían dicho primero con el añadido de los aviones. El protocolo incluirá, hemos de suponer, pautas para la actuación en caso de tener que prestar más ayuda que la de un bidón de agua, una caja de galletas y un tubo de nivea.
Posibles escenarios que parecen resumirse en uno. Que no pisen tierra. Por lo demás, o se presta auxilio como se debe, y resulta más caro, o no se presta y se obliga a virar en redondo en esas aguas que navegó el joven Robinsón.
En este sentido, la propuesta o petición del parlamento canario busca mantener aparte del problema su tierra, insular y escasa. Las aguas territoriales, canarias, españolas, para la atrición humanitaria como si para aquéllos su propia Hinterland fuera Hintersee o marina.
Así pues, la propuesta, petición, súplica o exigencia significaría una presencia importante en aguas que no están exentas de disputas, pero lo más interesante es comprobar que todavía las aguas no se sienten tan autonómicas como las tierras emergidas. Propuesta programática que todita se andará: Dividamos los estados mayores.

lunes, mayo 22, 2006

Categorías

El mago realiza sus manipulaciones, pero nos recita otra historia. Entre sus palabras y sus gestos engañosos creemos que las operaciones que ejecuta son las que nos cuenta, pero su oficio se establece justamente sobre esa diferencia dada en tiempo presente. El relato verdadero nos pondría delante de unas operaciones triviales o, todo lo más, hábiles y ágiles. El relato que sale de su boca desemboca en una infracción de las leyes naturales, incluida las persistentes leyes de la probabilidad. Esto es, ya lo sabemos, lo que hacen prestidigitadores y también personajes más insospechados y más sospechosos.
En otros dominios, no queda claro de dos relatos cuál es el bueno. Ya no estamos en el teatro de variedades, sino en el foro. ¿Se compran y se venden mercancías según ciertos compromisos de precio o temporales o se presta dinero? Adviértase que en lo que se refiere a operaciones fisicalísticamente relatadas, los movimientos de los cuerpos son los mismos. Un incauto naturalmente ambicioso ha firmado un papel con inscripciones que no cambian físicamente. Pero a la pregunta de qué es lo que ha hecho, no podemos contestar haciendo referencia a sus dedos índice, medio y pulgar de la mano derecha. Sobre ese punto, todo está claro. O, mejor, todos estarán de acuerdo. Lo que sucede entonces, es que en casos como éste hay dos historias alternativas con compromisos diferentes para las partes. Una será la buena, pero en ambos casos las leyes naturales parecen en su sitio. El encanto que nos produce el prestidigitador se transforma en el enojo que nos causa el jurista con sus argumentaciones.
En las semanas o meses de las comuniones (primeras), las operaciones se realizan a favor de una parte que, como es sabido, fía largo. Algunos niños, comprobamos, llaman a la consagración, bendición. El tercer relato es el de las mutas familiares, decibelios en el templo. Hay tanto de que hablar, y tan inane, que su relato no será otro que el de una excusa. Por lo demás, se descubre que modernamente la catequesis incluye contenidos coreográficos. Pero la asamblea sigue siendo la plaza con sus corrillos, plurales, homogéneos, incomunicados. El relato se ha evaporado hace dos lecturas.

domingo, mayo 21, 2006

Voto de los inmigrantes

Existe también la posibilidad de que los inmigrantes y los residentes extranjeros voten, incluso los irregulares, pero de tal manera que sólo voten ellos. El modelo democrático nos lo aporta el festival de Eurovisión.
Por otro lado, aunque The Former Yugoslav Republic of Macedonia no votase al artista formerly known as Prince, lo cierto es que era evidente el apoyo masivo mutuo entre los países resultado de la desmembración de otros. ¿Amor mutuo malgré tout, o armonía final en los contrapesos étnicos internos? ¿Refutación o corroboración de los odios balcánicos que durante el titismo esperaron que el tapón saltase por fin y de una vez por todas? ¿Solidaridades escandinavas y bálticas? ¿Fino-ugrias con alguna inflexión tomada del samoyedo? Predecimos una melancólica iniciativa en pro de jurados escabinados. O, alternativamente, de extender el sufragio telefónico a los Mundiales de fútbol.

sábado, mayo 20, 2006

Locamenti

Años hace que Carlos Morales dedicó su Oda al Festival de Eurovisión. ¿Imita la realidad al arte? Observemos que Morales no pudo predecir lo que después vendría, queremos creer. En cierto modo, escribió su oda a tiempo, although it's never too late, que decía Lovelace.
La imitación propende esencialmente al exceso, porque imitar es subrayar en otro cuaderno. El problema es cuando algo se imita a sí mismo, cuando un extracto de la estructura se hace recaer sobre la misma sustancia, cuando el Festival de Eurovisión se imita, cuando se excede a sí mismo. Pretendemos explicar lo que sucede: imitarse a sí mismo es cancelar los paréntesis de la otra sustancia, repasar con todos los bolígrafos las líneas rojas que, tiempo atrás, sólo los muy perspicaces o los presentes olvidadizos pretendieron adivinar.
Esperemos a Montenegro en futuras ediciones. Las incipientes naciones se rotulan y se subrayan con el entusiasmo de los parásitos en un festín de vísceras. Pero ahora nación es la autoimitación de las orlas de fin de curso, de los paspartús del inglete tonto. Los de Ventas prefieren imitar a Las Grecas.

viernes, mayo 19, 2006

Parodiadores de sí mismos

Ferlosio escribe del borrador del estatuto de Andalucía y elogia a Arcadi Espada, que ya habló de ello. El autor de El jarama hoy en El país; el de Contra Catalunya: una crónica, creo que el día dos pasado en El mundo, ambos artículos en la era del acceso de pago en Internet. Leído el párrafo preambular que aquél se propone analizar, la primera reacción del lector puede bien ser crítica: "Así se las ponían a reales jugadores de billar que usaban paletó". Y es que el párrafo es nada menos que esto que sigue:

Andalucía ha compilado un rico acervo cultural por la confluencia de una multiplicidad de pueblos y de civilizaciones, dando sobrado ejemplo de mestizaje humano a través de los siglos. La interculturalidad de prácticas, hábitos y modos de vida se ha expresado a lo largo del tiempo sobre una unidad de fondo que acrisola una pluralidad histórica, y se manifiesta en un patrimonio cultural tangible e intangible, dinámico y cambiante, popular y culto, único entre las culturas del mundo.

Naturalmente, los análisis o comentarios tienen entidad por sí mismos y así se han de juzgar, por lo cual la un tanto festiva reacción apuntada se queda en ella misma y ha de entenderse como un gesto, entre sarcástico y desesperado (1), ante las pulidas correcciones y las ideas melladas de estos tiempos.
Lo interesante aquí -y el lector comprobará que seguimos un motivo apuntado ayer- es que el estribo fácil acaba por ser paradójicamente difícil. Corolario de la festiva reacción es el pensar que un párrafo y un, dígase, pensamiento, como el transcrito no son distinguibles de lo que razonablemente sería una parodia. Pero si el párrafo y el preámbulo no son paródicos, su parodia forzada debería acelerarse por el camino cuesta abajo de la hipérbole desatada.
Debemos a escritores como los citados y a otros, el esfuerzo de recorrer otros caminos más trabajosos y más fructíferos. Lo que nos parece innegable es que quien denuncia lo absurdo, lo falso, o lo ridículo de un lenguaje no llegue a verlo como lo que es: un límite en el que un lenguaje y un, maldígase, pensamiento, se identifica con su propia parodia.
(1) De un profesor de autoescuela que en la España de los cincuenta o los sesenta intentaba explicar qué era un vehículo, Agustín Sánchez Vidal decía que echaba, "entre retórico y desesperado", mano de las argucias didácticas de emergencia que hacían al caso. Si la memoria no nos falla.

jueves, mayo 18, 2006

Encuentre usted los sofismas

Jugamos a un juego más o menos favorable para nosotros. Disponemos de una estrategia adecuada. El juego cambia sin que lo advirtamos ni nos lo adviertan y se nos convierte en más favorable de lo que era. Nuestra antigua estrategia puede resultar demasiado timorata para las nuevas condiciones y podemos así perder, por ejemplo, dinero. Por caso, pensamos que tenemos probabilidades de ganar de tanto a uno y aceptamos las apuestas que equilibran nuestro riesgo. Si las probabilidades de ganar mejoran y no lo advertimos, podemos rechazar apuestas que nos sean incluso muy favorables. Cambiando lo que haya que cambiar, algo parecido puede pasar con nuestra aceptación como verdaderos de los enunciados con que nos encontramos en los discursos o en los periódicos. Ganamos si aceptamos un enunciado que después se demuestra verdadero. Aceptación y rechazo se cruzan con la posibilidad de habérselas con enunciados verdaderos y falsos. Arme el lector el juego consiguiente, que estamos cansos sin haber empezado. Si la probabilidad de habérselas con aquéllos crece, lo que podría llamarse una situación más favorable, podríamos encontrarnos con pérdidas mayores o ganancias menores de las que obteníamos en una situación anterior, correlativamente más desfavorable.
Prescindimos de mayor detalle, más que nada por miedo a incurrir en sofisma o error. Nos alejamos también de la complicaciones derivadas de una combinatoria de enunciados a los que, luego, podría resultar complicado asignarles una probabilidad. Nos quedamos en enunciados y en sucesiones copulativas de enunciados: la lógica de enunciados nos lleva a enunciados complicados, pero esos enunciados no son el hecho de encontrarse con los mismos, asunto éste que dejamos para otro día.
Quedémonos sólo con una regla que parece intuitiva: un enunciado que reúna conjuntiva, copulativamente varios enunciados más simples (una sucesión que llamaremos de enunciados (1)) lo tiene más difícil para ser verdadero, pues basta con que uno sea falso para que lo sea el conjunto. Si la probabilidad de que un enunciado sea verdadero es p y agregamos del modo dicho n enunciados, la probabilidad de que no nos mientan está por el p^n, según mis famosos informantes. Deberíamos desconfiar pues de los enunciados largos, vulgo sucesiones copulativas de enunciados. Sin embargo, si p se incrementa, para un número dado de enunciados atómicos, quiero decir para una sucesión de n enunciados (a ver si la vamos a liar en plan Carnap y Popper), la razón entre las probabilidades de que todo está en su sitio se incrementa considerablemente. Notemos que, dada una probabilidad p de verdad para un enunciado, el incremento de la probabilidad p de que una sucesión de enunciados sea verdadera, nos lleva a diferentes longitudes, a apostar con el límite en diferentes longitudes en un caso y en otro. Ergo, podemos rechazar una apuesta acerca de una sucesión de enunciados que deberíamos aceptar, pues tenemos fijada una barrera adecuada para la primera asignación de probabilidades y no la hemos movido.
Introduzcamos ahora una variante. Un agente pude modificar p a voluntad y, por nuestro lado, podemos aprender a estimar p y adoptar la estrategia más adecuada. El agente conoce nuestro método de estimar p, que es fijo y se basa, por ejemplo, en una muestra de enunciados. Prosiga el lector el razonamiento.
Pero introduzcamos una dificultad más. Sólo podemos conocer la verdad de una sucesión conjuntiva de enunciados en su conjunto, no la de cada enunciado. Es como si tras la extracción de un número de bolas de una urna, sólo se nos comunicase que o “todas son blancas” o “hay al menos una negra”. ¿Hay alguna diferencia más? Cada enunciado es cada enunciado y se pueden repetir cuantas veces se quiera, las bolas vuelven siempre a la urna. Bien, llegados a este punto, con un valor estimado de p apuntado en un trozo de papel, ¿qué pasa si p aumenta? Pero, sobre todo, ¿cuál sería la mejor estrategia para el malvado agente, que no busca sino que nos cebemos, es decir, que creamos que p es mayor de lo que es o que nos anticebemos, y la estimemos a la baja?
Prosiga el lector, que nosotros estamos exhaustos. Nos limitaremos a establecer una serie de consecuencias o corolarios. En primer lugar, una mejora de las oportunidades puede llevar a una pérdida de premios, la mejora de las condiciones (respecto a algún parámetro establecido, no en abstracto, como si tal cosa tuviera sentido) puede llevar a rebajar las probabilidades de supervivencia, por decirlo en plan darwinista. Por último, en una situación cambiante, como es sabido, no tiene ventaja el mejor adaptado a la situación presente. Pero, claro, si uno se adapta a una situación cambiante, habría que decir que una situación verdaderamente cambiante incluiría situaciones estables de larga duración. Cómo nos gustan las varianzas enormes. El saltacionismo seguramente tendrá que ver con esto, con el intento de poner orden en una disciplina tan poco disciplinada que pasa sin pausa del establecimiento y valoración de parámetros a la valoración del mundo mundial.


(1) Que los enunciados atómicos tengan la probabilidad p de ser verdaderos tiene un pase (entre otras cosas han de darse en número finito), pero si el lector asigna la probabilidad q de ser verdadero a un enunciado cualquiera de un lenguaje de la lógica de enunciados, se verá en un lío, o en más de uno.

miércoles, mayo 17, 2006

Poética

La noticia del día, en y de la BBC, faltaría más. El candidato al puesto de trabajo, inmigrante francófono en Gran Bretaña, que se ve de pronto en el telediario en directo con su inatacable subtítulo de técnico o sabio en el tema disputado. Contestaciones que la transcripción, se sospecha, eleva a la altura del guión. El telediario, en fin, imita al arte.
La historia es de la grandes por su capacidad para conectarse con otras y con su propensión al paso al límite. Consignemos dos aristas del poliedro al que nos referimos.
En primer lugar, observemos que el arte es resultado de una concurrencia de desajustes, apresuramientos y veniales incompetencias. Los estudios de televisión como escenario comprobado del vodevil y de La vida es sueño.
En segundo lugar, el paso al límite. Por ejemplo, con todos nosotros se confundieron, o la conspiración que es el universo se confundió. Somos irremediablemente otro, como la lucidez de la zozobra tiene a bien recordarnos gentilmente de cuando en cuando. O el teorema que confirma que los expertos son mortales sin mayor diferencia específica que resaltar. O el niño ante los doctores. O Juan Nadie. O el licenciado Vidriera que somos todos antes del desayuno o creemos serlo en la fila del paro. La fragilidad de todas las condiciones, lo califragilístico de los saberes que nos rodean, las enciclopedias que, como el emperador, se pasean desnudas.